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Editorial & Opinion

Las trabas a la pública profesión de las verdades religiosas

Sherman Calvo / Publicista

viernes 14, julio 2017 - 12:00 am

Si algo necesita nuestra Patria es: oración, oración y oración, para lograr la tan anhelada paz social, como producto del perdón y la reconciliación, algo a lo que se debe dedicar mucho tiempo y energía en medio de una sociedad polarizada, que busca con afán un mejor futuro.

Una Iglesia que habla la lengua de su pueblo, que se hace entender por los diferentes actores de nuestra sociedad, que habla de las cosas de Dios de tal forma que el pueblo ama las cosas de Dios, es lo que necesitamos y debemos orar por más buenos y santos sacerdotes que nos guíen en el camino de Jesucristo.

Gracias a Dios, nuestra Iglesia Católica cuenta con muchos santos sacerdotes y laicos, comprometidos con Dios en todas las latitudes del mundo, recibiendo del enemigo ataques constantes. Por otro lado, estos mismos enemigos confabulan rabiosamente para infiltrar diferentes esferas de gobiernos y partidos políticos.

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El Papa León XIII dijo: “Ambicionan y por todos los medios posibles procuran apoderarse de los cargos públicos y tomar las riendas en el gobierno de los Estados, para poder así más fácilmente, según tales principios, arreglar las leyes y educar los pueblos. Y así vemos la gran frecuencia con que claramente se declara la guerra a la religión católica, o se la combate con astucia; mientras conceden amplias facultades para propagar toda clase de errores y se ponen fortísimas trabas a la pública profesión de las verdades religiosas”.

Uno de los principales argumentos que utilizan en sus ataques a la Iglesia es la difamación, que si bien son ciertos algunos casos, la Iglesia los ha condenado, actuando sin miedo y sin parálisis como, Su Santidad, el Papa Francisco lo ha ordenado. Sin embargo, las calumnias son de muy mal gusto, para desprestigiarlos y manchar públicamente su buena fama y reputación con mentiras deshonestas tanto a buenos sacerdotes como a laicos comprometidos con la doctrina católica.


Y, lo que es peor, algunos católicos inconscientes, y otros funcionarios de gobierno, que dicen ser católicos, se han prestado como falsos redentores, para hacerles eco y seguir su juego tan poco leal,  incorporando a su agenda política este delicado tema, para su propio beneficio;  pero, en fin, si Cristo mismo fue perseguido y calumniado, no podemos esperar una suerte diversa para sus sacerdotes.

En estos momentos que vive nuestra Iglesia en El Salvador, se necesitan voceros eclesiásticos enérgicos y laicos con el carácter necesario para defender nuestra fe. Todos nosotros, en las más diversas circunstancias de la vida, hemos tenido a nuestro lado a santos sacerdotes que nos han ayudado a mantenernos en pie, a pesar de las dificultades. Y a ellos les debemos la perseverancia en nuestra fe y en nuestra vocación cristiana.

Los todos laicos comprometidos con la Iglesia, reconocemos con grandísimo cariño las figuras sacerdotales, que están dejando una huella indeleble en nuestra existencia, porque han sabido ser, “buenos pastores”. Gracias a Dios, crece el número de laicos que salen al paso de estos ataques a nuestra Iglesia, misma en la que hay muchos sacerdotes santos, llenos de amor a Dios y a los demás, desgastan su vida en silencio como la vela roja del Santísimo Sacramento que se consume de día y de noche en un continuo acto de amor y de adoración a Jesús Eucaristía. Pero los sacerdotes, también ese ejército de laicos, necesitan de nuestra oración y de nuestro apoyo, para que el Señor les dé a todos el don de la santidad y de la perseverancia en su vocación.




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