Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Leer para saber escribir, escribir para saber pensar

Sherman Calvo / Publicista

Viernes 6, Enero 2017 - 12:00 am

Fue el filósofo alemán Edmund Husserl, en su Lógica formal y lógica transcendental, quien escribió que “el pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la palabra. Pensar, a diferencia de otras modalidades de la conciencia, es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje”. Esto es, que el órgano propio de la conciencia es, precisamente, el lenguaje. Desde luego, no fue Husserl el primero en señalarlo. Una larga tradición filosófica, que incluso podríamos rastrear, digamos que genealógicamente, hasta llegar a Aristóteles, apunta a una estrecha relación entre el pensamiento, el habla y la escritura, casi como si fuesen una y la misma cosa. Publicado originalmente en Aleteia.

Así, la necesidad de generar un hábito de lectura se hace bastante evidente -con miras a ensanchar nuestros propios horizontes vitales- pero, quizá, la de escribir aún no tanto. ¿Por qué necesitaría uno instalarse a escribir, además de a leer?

La verdad es que, como señala el filósofo e historiador jesuita Walter Ong, la escritura es una tecnología que ayuda a formar no sólo la conciencia sino los procesos de pensamiento, y el paso de la cultura oral a una cultura escrita causó un efecto tan profundo en la humanidad que la conciencia humana cambió para siempre.

publicidad

El  hecho es que escribir, de entrada, no es tampoco tan sencillo. Lo sabe cualquiera que lo haya intentado. Si bien leer y escribir son capacidades relativamente bastante extendidas en el mundo contemporáneo, leer bien y escribir con propiedad ya es otro asunto. Ser un buen lector no es un asunto de cantidad, y ser un buen escritor es bastante más complejo.

Sin embargo, eso no quiere decir que, por ejemplo, el ejercicio de llevar un diario no sea suficiente para comenzar a estructurar nuestra conciencia en formas más, digámoslo así, “sólidas”, ayudándonos a pensar mejor. No sólo es cuestión de orden, sino de formación de la propia conciencia.


Una conocida escritora plasmó esta idea sobre la escritura: “La escritura es un oficio solitario. Esto es un lugar común. Es tan sólo uno con sus ideas, uno con sus personajes, uno, sólo uno (solo uno) frente a la página pantalla en blanco.”

La escritura es un oficio solitario. Es uno sin las palabras que se le escapan, en la búsqueda del adjetivo correcto, de la forma de poner en negro sobre blanco esa sensación distinta, esa forma en que la luz atraviesa la ventana y dibuja las pestañas de alguien; es intentar fotografiar un momento sin tener una cámara, intentar que ese momento narre la historia que nos habita y que no logramos que nos deje en paz.

La escritura es un oficio solitario. Es apenas uno frente a sus propias imposibilidades, uno descubriendo sus límites, sus debilidades, sus miedos; sólo uno con todo esto que necesita decir y no lo logra. Saber que nunca podremos contar esa historia tal y como ha nacido dentro de nosotros, tal y como nos la imaginamos.

 

Saber que, hagamos lo que hagamos, la historia que logremos escribir siempre será una versión inferior de la historia que imaginamos; una copia fotostática; una fotografía tomada con la cámara del celular, mal iluminada, con baja resolución.

Escribir es un oficio solitario. Sin embargo, es una soledad que necesitamos, que buscamos, que anhelamos; una suerte de prisión interior con ventanas abiertas al abismo de lo desconocido. Vivir, por otra parte, es también un oficio solitario. Porque muchas veces estamos solos, a pesar incluso de nosotros mismos.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.