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Editorial & Opinion

Liderazgo de agendas particulares

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 8, julio 2017 - 12:00 am

En cada proceso electoral que vive en El Salvador, siempre queda de manifiesto los intereses que impulsan a los partidos políticos, como agentes económicos y a las personas que conforman las cúpulas de poder, dado que de ahí deviene los candidatos que gobernaran nuestro país, es decir que, si bien es cierto un candidato puede tener cierto grado de independencia, incluso votar separado de su grupo parlamentario, con voto razonado, no supone que sea absoluto en sus decisiones, ya siempre estará ligado a los principios del instituto político que lo eligió.

Esto significa que el liderazgo que se tiene tanto de izquierda como derecha por mucho está contaminado de la vieja manera de hacer política, basada en la conquista de poder económico que emana de licitaciones y contratos públicos para acumular riquezas que luego se convierten en el oxígeno que retorna a los partidos políticos y fortalece la clase social dominante.

Asimismo emergen de ese dinámica política-económica, aquellas familias de políticos que nunca tuvieron comodidades, pero siempre anhelaron tener una gran vida, cubierta de lujos y ostentosidades, pero lo ocultaron para ser atractivos a los votantes.

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Ahora bien, el anhelo de ser alguien en la vida y adquirir riquezas producto del esfuerzo y trabajo honesto, no es malo, lo que sí es antiético y deshonesto, es cometer fraude electoral, y no me refiero a contar mal los votos en las urnas o que, por medio del TSE, se le asigne la victoria a un candidato que perdió, aunque puede ocurrir en la práctica. A lo que me refiero es que si un candidato   independientemente del partido que sea, ofrece a los votantes una propuesta clara de lo que hará de conformidad con los principios que rigen su partido político, y luego en el poder, desarrolla una agenda distinta o personal, eso se llama fraude.

Lo mismo ocurre cuando el partido político que lo llevó a la victoria, obliga como borregos a los funcionarios públicos a seguir la agenda del partido, distante de la oferta electoral, otorgando por medio de procedimientos y leyes contratos y licitaciones, para las familias y amigos que financiaron la campaña.


Del mismo modo obligan a sus funcionarios que se alineen con las directrices de aquellos gobiernos autoritarios como el de Nicolás Maduro, para apoyar su agenda internacional, sin importar que lleven a toda la nación por el rumbo equivocado.

También esto es fraude electoral, ya que no creo que los salvadoreños hayan votado para que el gobierno esté utilizando los recursos del Estado para dar inmunidad y un salario   a ciertas personas que son señaladas por funcionarios de los Estados Unidos por presunta vinculación con el narcotráfico y lavado de dinero. Tampoco se votó para que un funcionario esté extorsionando a un medio de comunicación como Ágape  para cerrar un programa que por mucho está haciendo patria.

Me resisto a creer que los salvadoreños hayan votado para que el gobierno actual, no investigue a sus corruptos, pero sí persiga únicamente a los otros corruptos (lo cual no es malo), pero la corrupción se debe de combatir independientemente del partido que sea, es decir que la democracia solo es el medio que utilizan para llegar al poder, pero una vez en el poder, se olvidan de la agenda de país, y desarrollan la agenda ideológica y los intereses de sus amigos y familiares.

Así que es inconcebible que se haya votado, por un gobierno que les dé prioridad a los intereses dictatoriales de Nicolás Maduro, donde El Salvador, le endosó en la ONU y en la OEA, el apoyo incondicional a favor de que se mantenga un régimen, que ha violado derechos humanos y ya lleva en la cuenta a más 108 muertes violentas, solo por protestar, sin contar los hechos de terrorismo que hicieron grupos chavistas esta semana  al  irrumpir el parlamento venezolano en el que atacaron a los diputados.

En consecuencia, este apoyo al régimen dictatorial de Maduro, ha ido en detrimento de los dos millones de salvadoreños que están en los Estados Unidos, lo cual implicará la no renovación del TPS y corte de la ayuda directa hacia El Salvador, por las malas decisiones del gobierno.  Es decir que también ello es fraude electoral.

Por lo tanto, está más que claro que los salvadoreños debemos de dirigir la mirada hacia el liderazgo que provenga del seno del pueblo, y que se exprese por medio de candidaturas independientes, dado que los partidos políticos han agotado su vida útil, por los múltiples actos de corrupción.




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