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Editorial & Opinion

Llegó la hora de acabar con el abstencionismo

Sherman Calvo / Publicista

viernes 9, febrero 2018 - 12:00 am

Se acerca el día de defender a El Salvador, de darle el voto a la patria; hagámoslo con fervor cívico, porque abstenernos o anular el voto, es negarle un país libre y democrático a las  futuras generaciones. Debemos ir a votar, porque pese al difícil momento por el cual atravesamos, no hay alternativa más allá de la política.

Debemos ir a votar  porque tenemos la esperanza de que podemos contar con mejores dirigentes y representantes, que comprendan el profundo sentido que tiene para la población, las ideas y plataformas de gobierno que nos proponen, y cuyo propósito es transformar la vida de las personas que padecen de una situación objetivamente injusta y pobre. Por eso, tenemos que ser muy cuidadosos y analizar bien nuestro voto, porque solo así es posible una buena política que promueve el desarrollo, el progreso individual y colectivo, en un marco donde se hace compatible la libertad con el bien común.

El voto es el medio para manifestar la aprobación o desaprobación de los gobernantes, los partidos políticos y las políticas públicas. Cuando no hay una completa satisfacción se puede castigar dando el voto a otro partido. Votar es una de las formas de participación democrática básica. Votando se eligen los representantes que dirigen el futuro de nuestro territorio y en cierto sentido, de nuestra vida en esos territorios. En muchos países ni siquiera existe la posibilidad de votar para elegir gobernantes.

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La vida democrática nos permite elegir nuestros representantes y delegar las funciones públicas, que son un servicio para la sociedad, en personas destacadas por sus capacidades y esfuerzos por construir un mejor entorno común.

Ser simple espectador es fácil. Pero hay que tener la voluntad y la valentía ciudadana para tomar las riendas del futuro, votando, ya que es un acto de reafirmación de nuestra natural capacidad de socializar con otros, defendiendo nuestras propias convicciones y valores, pero también reconociendo la necesidad de administrar nuestras diferencias, intentando convencernos mutuamente, promoviendo acuerdos, y finalmente dejando la decisión en manos de la mayoría.


Votamos como una expresión de lealtad y compromiso con la sociedad de la cual somos parte, donde no resulta justo que nos beneficiemos de los frutos del esfuerzo colectivo y, al mismo tiempo, nos neguemos a cumplir las mínimas responsabilidades que tenemos para con nuestra comunidad. No concurrir a votar, votar en  blanco o anular el voto, es desinteresarse por las personas  que accederán  a los cargos públicos y no da derecho a quejarse si las cosas andan mal en el país o en un municipio; debemos ir a votar  porque queremos cambios, pero también porque sabemos que no basta con sólo levantar la voz o “chatear” desde nuestros celulares la inconformidad, la frustración o el desencanto que nos embarga.

Debemos salir a votar, porque tenemos que transitar de la protesta a la propuesta, delegando temporalmente nuestra capacidad de decisión en personas, partidos e instituciones que contribuyan a viabilizar las transformaciones que El Salvador requiere; y lo hacemos también sabiendo que debemos compatibilizar las legítimas aspiraciones personales en el marco de un interés colectivo, donde los frutos alcancen a todos y no sólo a unos pocos.

Es  importante que usted concurra a votar. Hágalo por el candidato de su preferencia, cualquiera que éste sea, no deje en manos de pocos las decisiones que nos conciernen a todos. Vote con la convicción de que es posible construir un país mejor para todos.

Para finalizar, les hago una invitación a ser ciudadanos activos y que cumplamos con el ahora y el futuro de nuestro país, motivando también a familiares y amigos, votando el próximo domingo 4 de marzo. Por El Salvador, para que viva siempre esta nación como república, ¡porque ser salvadoreño y democrático, es una bendición!




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