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Editorial & Opinion

Lo legalmente posible y lo éticamente aceptable

Aldo F. Álvarez / Abogado y catedrático

Jueves 14, Abril 2016 - 12:00 am

No es que los tales “Panamá Papers” nos hayan dicho cosas “absolutamente” nuevas o que de alguna forma no supiéramos o intuyéramos ya. Las llamadas empresas “offshore” y los “paraísos fiscales” no son nada de ayer. Todos sabíamos que existían países y jurisdicciones que por motivos muy particulares, han permitido por décadas que sus sistemas legales y financieros fuesen poco menos que “muy permisivos” en cuanto a la creación, inscripción, registro y operación de empresas, sin mayor tramitología, en tiempo “express” y con “jugosos” beneficios fiscales, claramente orientados a atraer “capitales extranjeros”, para utilizar dichas plazas para realizar negocios que pudieran ser considerados como “opacos”, por decirlo “suave”.

Históricamente en estas plazas han “desfilado” todo tipo de personajes y capitales, que pueden ir desde aquellos que por provenir de negocios oscuros o claramente ilícitos, buscan la manera de “blanquear” su dinero a través de empresas creadas para aparentar comercio lícito, hasta aquellos capitales que, sin provenir estrictamente de un origen ilícito, buscan evadir sus jurisdicciones tributarias de origen para poder pagar menos o ningún impuesto que les correspondería por ley en sus jurisdicciones originarias. Dicho en corto: “evadir impuestos”.

Que exista un esquema casi mundial y escandaloso de evasión fiscal utilizando las “bondades” legales de este tipo de “paraísos fiscales”, no es nada nuevo, es más generalizado y estandarizado de lo que uno se pone a imaginar. Ahí están involucrados buena parte de los “mega capitales” mundiales y grandes fortunas personales y/o corporativas. Que en El Salvador se haya utilizado esta práctica en el pasado por grandes empresarios para evadir impuestos en el país, tampoco es noticia reciente, de hecho ya lo intuíamos y algunos indicios se habían colado en el tiempo. La diferencia con el presente y en la actual coyuntura, es que ahora ya tenemos nombres, fechas y actividades específicas de estos grandes empresarios nacionales que han utilizado dicho “paraíso fiscal” –en ocasiones por décadas-, para claramente montar esquemas de negocios que les permitieron pagar mucho menos -hasta no pagar- impuestos que de otra forma hubiesen tenido que erogar bajo la legislación salvadoreña. Algunos trasnochados defensores a ultranza de estos personajes y de estas prácticas, han llegado al cinismo de decir que las mismas no son en sentido estricto “ilegales”, como queriendo significar con ello que por dicha razón lo realizado debe ser aplaudido y hasta alabado por la población. Casi que una especie de apología de que todo lo legalmente posible es legítimamente aceptable. O sea, que “evadir impuestos” por medios técnico-“legales” debe ser visto como un gran acto de amor por el país.

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Pero muchos de los nombres de grandes empresarios del país que han salido mencionados en los “Panamá papers”, son frecuentemente actores vinculados estrechamente a la derecha, a esa que incluso en su expresión partidista se hace llamar “nacionalista”. Pero es un tipo extraño de nacionalismo con un contenido sustancial más cercano al cinismo, pues no sólo tienen regionalizado mayoritariamente su capital, sino que ahora nos damos cuenta que también han hecho cualquier cantidad de maniobras para no pagar impuestos en el país. Con estas credenciales tienen poco menos que solvencia moral para exigir estándares de conducta ética a sus adversarios políticos.

Pero por el otro lado, inquieta que también nos hemos dado cuenta que la más grande empresa vinculada al principal partido de “izquierda” en el país, también utilizó este esquema para realizar actividades que, sin necesariamente tener que ver con fondos de origen ilícito –pues sus actividades comerciales son reconocidas y públicas en el país-, al menos en múltiples ocasiones les puede haber permitido pagar menos impuestos o no pagarlos –según el caso- en El Salvador. Dicho en corto: “evasión de impuestos”.


Lo anterior es lo que recoge la investigación periodística de un periódico digital salvadoreño, basado en los “Panamá Papers”, y darnos cuenta que lo hayan hecho grupos empresariales vinculados históricamente a la derecha no nos sorprende mayor cosa, pues al menos en mi caso siempre la he considerado una derecha altamente corrupta. Pero darnos cuenta que también se hayan realizado tales actividades por quienes están y estaban llamados a actuar con el más alto estándar ético, es simplemente inconmensurable. Y ello pone en aprietos hasta al propio ciudadano Presidente de la República, restándole toda credibilidad a sus múltiples pedidos a los grandes empresarios del país a que inviertan aquí su dinero y que con ello generen empleos y en consecuencia renta tributaria. Parece que hoy por hoy vivimos en un “mar de hipocresías”.




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