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Editorial & Opinion

Lo que empieza mal… debe de terminar bien

Ing. Jorge Villacorta / Exdiputado del CD

sábado 9, diciembre 2017 - 12:00 am

El pasado domingo 26 de noviembre se realizaron las elecciones generales en la república de Honduras. Si bien se eligen el mismo día diputados, alcaldes, diputados al PARLACEN y presidente de la República, la crisis se ha presentado por la apretada elección de la presidencia. Sin ninguna duda, el que se haya permitido la reelección del actual presidente Juan Orlando Hernández, violando la constitución de Honduras, que explícitamente prohíbe la continuidad en el cargo, es lo que ha provocado la crisis política que hoy padece el pueblo hondureño.

Por primera vez ha surgido una tercera opción electoral competitiva conformada por una alianza del partido Libre, que encabeza Mel Zelaya, y que integra una variopinta cantidad de organizaciones sociales que se han fortalecido después del golpe de Estado, que derrocó al que hoy es su principal líder. Al inicio de la dinámica electoral, se suponía que la esposa del expresidente Zelaya sería la candidata de Libre. Pero al conformarse la coalición con el candidato Salvador Nasralla, que participó con su partido en la pasada elección, obteniendo 13 % de los votos, ahora con caudal propio, le quitaron su partido. A través de maniobras, e incorporar a un pequeño partido de corriente social demócrata denominado PINU, ha logrado desalojar al histórico partido Liberal, rompiendo así el bipartidismo de más de 100 años que ha caracterizado a la política electoral hondureña.

Pero es evidente que la población dio un voto de castigo a las pretensiones del presidente Juan Orlando Hernández (JOH) en sus pretensiones de reelección, puesto que el partido Nacional, histórico y de derecha, obtuvo a nivel de diputados 47.66 %, que significan 61 diputados de los 128 que componen el parlamento hondureño. Libre obtuvo apenas el 23.4 %, que equivale a 30 parlamentarios, y el también histórico partido Liberal obtuvo el 20.3 %, dándole entonces 26 curules. PINU obtuvo apenas cuatro parlamentarios, y la Alianza Patriótica,es decir, la coalición de oposición, apenas otros cuatro diputados; y el pequeño partido DC, 1 diputado. Estos resultados todavía se reconfirman con que el partido Nacional obtuvo 57.1 % de las alcaldías, lo cual demuestra de manera contundente que la derecha no ha sido dañada, por lo contrario: ha consolidado su poder legislativo y local, y el verdaderamente derrotado en las urnas, considerando sus pretensiones de victoria, es el presidente Hernández.

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Pero la crisis la ha profundizado más la incapacidad del TSE hondureño y el evidente control que sobre esta institución, así como el máximo tribunal constitucional, manipulados al gusto de JOH.

El haber atrasado en dar la información de los resultados parciales de la votación presidencial, cuando ya habían sido procesadas el 57 % de las actas en la madrugada del lunes, y por presiones de la OEA, dieron datos en el que candidato de la oposición superaba a JOH por 5 %. Luego, el día miércoles, se cae el sistema de computo central durante cinco horas, reiniciándose de manera intermitente. Al día siguiente se vuelve a caer y es, precisamente en esos plazos, que cambia la tendencia en los resultados y comienzan a favorecer a JOH.


La reacción de Mel Zelaya y del candidato Salvador Nasralla fue llamar a la población a salir a las calles a defender el triunfo, pero sin mayor control y planes previos frente a esta circunstancia, generándose un saqueo y caos en la capital, Tegucigalpa, y San Pedro Sula, principales ciudades de Honduras. Estos hechos dañan la imagen del candidato opositor, principalmente cuando se le atribuyen a que si no se toman en cuenta los resultados se “incendiaría” Honduras; igualmente, es poco responsable la decisión del presidente de decretar un toque de queda y estimular las acciones represivas de la Policía, contando en la primera media hora con una joven, víctima de una bala de fusil de un agente.

Las actas especiales, es decir, las que no se incorporaron al conteo por tener anomalías, por fin fueron procesadas hasta este domingo 3 de diciembre con los resultados, prácticamente los mismos, que favorecen por 52,388 votos a JOH, de un total de más de 3 millones de votos válidos.

Las demandas de la Alianza de oposición, de revisar y contar las más de 5,000 actas que se contabilizaron en las 10 horas, sin sistema, así como contar los votos en algunas juntas receptoras, donde han aparecido más votantes. Las papeletas de la mesa han sido también consideras, junto a otras anomalías, en el informe de los representantes de la OEA.Por consiguiente, deben ser implementadas por el TSE, si quiere dar alguna legitimidad a esta elección. De todos modos, quien se declare ganador tendrá dificultades para gobernar y deberá legitimarse en el ejercicio del gobierno. Por el bien del pueblo hondureño, este proceso electoral debe de terminar bien.




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