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Editorial & Opinion

Lo que se juega este 1 de marzo 2015

viernes 27, febrero 2015 - 12:00 am

Este domingo 1 de marzo, es una fecha que marcará un antes y un después en la historia de nuestro país.  Hasta el 2004, aunque se había avanzado mucho en infraestructura, con reconstrucción de los estragos de la guerra y terremotos; construcción de carreteras, pasos a desnivel y otros; dos graves falencias aún estaban latentes en el seno del país. Un sistema educativo mediocre, y una cultura de irrespeto a la institucionalidad republicana de división, independencia y equilibrio de poderes. Caldo de cultivo para el surgimiento de personajes millonarios de ego inflado, con una eficiente maquinaria de propaganda a su servicio, con la que le dan rienda suelta a todas las fantasías mesiánicas de sus sueños húmedos.

La población en general, está vulnerable a este fenómeno, y fácilmente es absorbida por la dinámica religiosa/política de los “ungidos”. La falta de identidad, producto del proceso domesticador al que le llaman “educación”, es la causa principal para que sigan ciegamente a estos tótems mediáticos, vacíos de contenido, pero repletos de coloridos adornos visuales y sonoros; de flores y violines; de promesas atornilladas a un futuro arisco, que se expone, pero se aleja. Les da la ilusión de tener identidad, aunque ni ellos mismos puedan definirla.

Después de estas elecciones, no habrá otras hasta en marzo del 2018; esto implica que por largos 1,095 días, y al no tener mecanismos revocatorios, los diputados tendrán cheque en blanco; amparados en la memoria corta de los salvadoreños, para hacer lo que quieran, con tiempo suficiente para meterlo bajo la alfombra del olvido; sin el peligro ni la motivación, que en elecciones próximas, la población les cobre la factura o los premie. De ahí, la urgencia de elegir con calidad, de escoger con inteligencia: de votar guiados por la razón.

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Suena bien, que por tanto tiempo no tengamos esa fastidiosa verborrea partidaria electoral; pero suena mal, que una coalición partidaria (conocida por todos), pueda contar con tres años para seguir endeudando al país; y con su obsesión por decretar más y más impuestos.

La población debe caer en cuenta que el país no puede seguir adquiriendo más deuda; porque es una injusticia que dejemos deuda impagable a nuestros hijos, nietos y bisnietos; y porque la deuda es una bola de nieve, que al correr se acrecienta y arrasa con todo. La deuda se paga, y para pagarla se necesitan impuestos. En la medida que crece la deuda, la recaudación no alcanza. Se necesitan más impuestos y más deuda y así sucesiva y simultáneamente crece deuda e impuestos. Para justificar más tributos, el gobierno populista de turno, necesitará atizar el odio de clases e instaurar control de precios. Esto nos llevará a una depresión económica y baja tributación. Y vamos de nuevo con más préstamos y más impuestos. El ciclo de la bola de nieve sigue, con una más grande y pesada. El Estado engorda y el ciudadano promedio debe sacrificar lo más valioso que tiene, su tiempo/vida, para ofrendarlo al  todopoderoso y obeso, Estado.


Ante estos argumentos no cabe el estribillo “campaña sucia”. Es una realidad que está a la vista de cualquiera. Tan grande como el volcán de San Salvador. El gobierno anterior endeudó al país por más de $ 5,600,000,000. Y decretó siete impuestos más. Este gobierno no perdió tiempo y de entrada adquirió más deuda y otros préstamos que hacen cola para después de las elecciones, contando que tendrán los votos necesarios. Ahí están los números, ahí están las realidades, ahí está la tendencia de estos partidos. El que tenga ojos para ver, que vea; y entendimiento, que entienda.




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