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Editorial & Opinion

Lula es Brasil

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 10, abril 2018 - 12:00 am

El reciente encarcelamiento en Brasil del expresidente y actual candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva, quien con mucha ventaja encabeza las preferencias para las elecciones de octubre próximo, evidencia el uso abusivo y conservador del poder judicial con prácticas de ropaje legalista que mañosamente alteran un proceso electoral, descalificando a unos y dando indebidas ventajas a otros, por sobre el legítimo derecho del soberano de decidir el futuro de su nación.

Brasil es un hermoso país de muchos contrastes, con inmensos recursos naturales en un territorio de más de 8,500 millones de km2 que ocupan casi la mitad de la parte sur de nuestro continente. Su población ronda los 210 millones de habitantes, en una mezcla de la descendencia colonial europea-portuguesa, de la negritud forzada traída de África y de una gran diversidad de grupos originarios de América.

Durante centurias fueron sometidos a la más cruel esclavitud, heredando de esa dura etapa una pesada carga acumulada de mucha desigualdad social, miseria, violencia y conflictividad política, producto de gobiernos dictatoriales al servicio de élites económicas y mediáticas, que terminaron cediendo a una apertura democrática ante el fuerte empuje de la lucha obrera y social, especialmente del Movimiento de los Sin Tierra, de las bases cristianas alentadas por la Teología de la Liberación, sensibilizados por los graves abusos a que era sometida la población más humilde, provocando una compleja transición política en la que se forja el espíritu y organización del Partido de los Trabajadores (PT).

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Lula, un líder nacido en un hogar muy humilde, recio obrero metalúrgico, curtido dirigente sindical, forjador del movimiento social y político, puso fin a la dictadura militar de su tiempo y luego en el 2002 surgido de las entrañas del dolor de un pueblo que perseveró hasta encontrar su camino, tras cuatro intentos como candidato presidencial junto al PT se convirtió en presidente de Brasil.

Durante los gobiernos de Lula Da Silva y del Partido de los Trabajadores (PT), en apenas ocho años transformó el país: se promovieron las más importantes reformas sociales que sacaron de la extrema pobreza a más de 30 millones de personas, generó uno de los programas más exitosos de lucha contra la pobreza “Hambre Cero” y llevó a Brasil al umbral de convertirse en toda una potencia mundial, alcanzando dicho país a su salida del gobierno en 2010 un crecimiento económico de 7,5 %.


Hoy la posible descalificación de Lula como candidato con mayores posibilidades de victoria electoral en primera vuelta, debido a un proceso judicial intencionado, puede dejar libre el camino para que resulte electo el ultraderechista Jair Bolsonaro quien actualmente ostenta un distante segundo lugar y que podría echar al traste muchos de los progresos obtenidos años atrás para la población más vulnerable. De hecho, a partir de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, el país ya enfrenta un severo retroceso de los privilegiados resultados de la gestión del PT.

En muy pocos años, la administración de un gobierno progresista de orientación correcta, fundamentada en los intereses de los más pobres ha sido reconocida y avalada por todo el mundo; la gestión y el liderazgo de Lula y el PT dio a Brasil una nueva proyección de incidencia en el escenario internacional, situándolo como una incómoda, molesta y potencial amenaza para “el imperio de todas las cosas”. Recordemos que su diplomacia tuvo un rol activo en temas sensibles como el complejo Oriente Medio y ha sido líder en el fuerte empuje internacional por alcanzar un acuerdo sobre el cambio climático debido sus graves efectos para la humanidad. Lo que hoy sufren Lula y el PT es la respuesta por el férreo control y protección que mantuvo su administración ante los voraces intereses de empresas transnacionales de filial reconocida sobre la Amazonía y su petróleo; asimismo es la factura por su cercanía y compromiso con gobiernos de izquierda y progresistas de nuestra América.

También es consecuencia de su papel activo como único país latinoamericano en la constitución del agrupamiento de países emergentes conocido como BRIC (Brasil, Rusia, India, China) integrado en el 2006 durante el gobierno de Lula -después se incorporaría Sudáfrica ampliándose el nombre a BRICS-. Este agrupamiento con su enorme aporte poblacional, tecnológico, de recursos naturales, económico y político, trabaja por incidir en la gobernanza de la economía mundial y en la promoción de reglas más justas en el trato y relación de los países desarrollados con las naciones más empobrecidas.

Estas y muchas cosas más, como la esperanza de millones de personas en nuestra América y el mundo que ven en el ejemplo y resultados de Lula y el PT la vigente realidad del sueño del cambio, son las verdaderas razones de quienes tratarán de impedir a toda costa que Lula sea parte de las alternativas que tengan los electores para decidir; pretendiendo evitar que se presente ante el voto popular, que no me cabe duda le concedería nuevamente el honor de ser el próximo presidente de Brasil.




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