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Editorial & Opinion

Madres, un cúmulo de amor y amalgama de bondad

Jaime Ulises Marinero / Periodista

jueves 10, mayo 2018 - 12:00 am

Mi mamá, Elena Sánchez de Marinero, partió al cielo en 1994. Era una mujer  linda, hermosa y bondadosa de apenas 49 años de edad. Desde entonces le extraño todos los días. Hoy daría mucho por tenerla conmigo, aunque sea un instante para darle muchos abrazos, besos y volver a decirle cuanto le amo.

Una madre es un cúmulo de amor. Ellas se sacrifican por sus hijos, son capaces de darlo todo por ver a sus hijos sanos y felices. Un regaño de una madre no es más que una muestra de la intensidad de su amor. Tan protectoras como suelen ser, a veces sacan fuerzas de flaquezas para convertirse en heroínas de la vida.

Muchas madres hacen lo que parece imposible para llevar el sustento a sus hijos. Conozco mujeres que luchan contra todo para sacar adelante a sus hijos, a quienes no abandonan ni en sus peores momentos. Mujeres que recorren largas distancias cargando a sus hijos camino al hospital. Que dejan de dormir para proteger el sueño de los suyos. Que se resisten a comer para que sus descendientes puedan alimentarse. Que soportan humillaciones de todo tipo cuando visitan a sus hijos en los penales. Mujeres que angustiadas por la desaparición de sus hijos aún albergan la esperanza de encontrarlos vivos. Los llantos más tristes lo he visto cuando las madres lloran la muerte de sus hijos a manos de la violencia.

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En las audiencias judiciales  he visto a mujeres llorar cuando sus ingratos hijos son condenados. Aunque las pruebas sean evidentes y delaten la culpabilidad de sus hijos, ellas siempre los consideran inocentes. Si tan solo los hijos (as) supieran cuanto sufren sus madres por los delitos que ellos (as) cometen, seguramente pensarían más de dos veces antes de hacerse pandilleros o delincuentes consumados.

“Mi hijo no es malo. Él extorsionaba para ayudarme con dinero porque estoy enferma”, me dijo una madre, luego que a su ingrato hijo de 23 años de edad se le condenara a 20 años de prisión tras ser hallado culpable de extorsión agravada. Ni ella está enferma ni su hijo le ayudaba, pues se comprobó que el dinero lo entregaba íntegro a los jefes de las pandillas para la compra de armas. Pero así son las madres, capaces de mentir u ocultar la maldad de sus hijos. Otras se echan ellas las culpas por lo errores de sus vástagos.


Las madres son una amalgama de buena voluntad. Muchos adultos extrañamos sus regaños y agradecemos por todo el amor y los castigos que nos dieron en nuestra niñez y adolescencia. Con sus sabios consejos cargados de amor supieron inculcarnos valores y guiarnos para tratar de hacer el bien común.

Los hijos (as) que tienen viva a su madre, deben procurar no hacerlas sufrir de ninguna forma. Quienes la tenemos en el cielo debemos siempre recordarla con mucho cariño e inspirarnos en ella para ser cada día más humanos. Acaso lo más desafecto que puede haber en la vida es hacer sufrir a  la madre. Benditas mujeres que en muchas ocasiones hacen las veces de madre y padre a la vez. Mujeres que en nuestro país son fuerza motriz del desarrollo.

A las mujeres, especialmente a las madres hay que protegerlas y brindarles toda forma de cariño y comprensión. Ellas sienten y ven con el alma. Son incapaces de contemplar lo imposible cuando se trata de defender a sus hijos. Durante los nueve meses de gestación son nuestra garantía de vida. Ojalá que todas las madres llegaran a lindas ancianitas.

Y digo ojalá porque algunas como la mía fallecen por una enfermedad natural, pero muchas mueren producto de la violencia irracional. En los últimos días ha habido una racha de feminicidios que, al igual que cualquier homicidio, es objeto de tristeza, dolor y condena social.

Mujeres asesinadas equivalen a hijos huérfanos, a niños y niñas que crecerán sin su fuente de inspiración, sin su cúmulo de amor, sin  la protección de una madre. Sin su guía espiritual.  A las mujeres hay que protegerlas. Ningún homicidio debe quedar impune, mucho menos si se trata de un feminicidio.

Quien tenga viva a su madre que la ame y que en su honor intente ser un buen ciudadano. Quienes la tenemos en el cielo, rindámosle homenaje haciendo el bien… ¡Feliz Día de las Madres!




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