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Editorial & Opinion

¡Maldita tregua!

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 15, agosto 2017 - 12:00 am

¿Por qué no llamarla así si fue un decepcionante engaño? ¿Por qué buscarle otro calificativo si solo sirvió para fortalecer al enemigo interno? Además, con ella, los del Fmln nos timaron haciéndonos creer que habían encontrado la solución al problema que nos agobia a todos. No hay que suavizar el título: fue una tregua maldita.

En mi anterior entrega hablé sobre la hipocresía de los rojos en cuanto a la represión que hay en Venezuela. Este tema de la tregua también les ha hecho merecedores de otro calificativo: mentirosos.

La tregua fue una cruel mentira que sirvió de instrumento para jugar con la esperanza de un pueblo de iniciar un nuevo camino a la paz y tranquilidad. Pensándolo bien, fue un abanico de crueles mentiras.

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No había tal acuerdo entre las maras, todo fue una farsa iniciada con un escrito hecho a mano, mal redactado, en una hoja arrancada de un cuaderno, que por cierto no lo he vuelto a ver, en el cual ambas pandillas hacían un pacto de no agresión. ¡Qué bien! Y luego la descarada intervención del gobierno por medio de algunos ingenuos testaferros y otros bien claros de su misión, adjudicándose como suya la estrategia. Pero la mentira es coja…y tonta.

Las bondades del Estado a favor de los cabecillas fueron inexplicables, allí empezó todo a desmoronarse, ¿por qué, si los de la tregua eran aquellos, el gobierno empezó a tratarlos con guante de seda? ¿Qué tenían que ver Casa Presidencial y otras instituciones del Estado con ese acuerdo? ¿Por qué de forma tan dócil e incomprensible empezaron a cumplirle caprichos?


Sin duda fue alucinante la disminución de homicidios, pero también era falso: se seguían matando, pero enterraban los cuerpos o los metían a algún pozo, en fin, los ocultaban para que no se sumaran a las estadísticas de homicidios, sino que se pasaran a las de desaparecidos, estadísticas que por cierto, hasta ese entonces, a nadie le importaban.

Gracias al Cielo que periodistas investigadores de verdad, infatigables y valientes, observaron movimientos extraños en las cárceles, encontraron los números, entrevistaron a las personas indicadas, se dieron cuenta de lo que en verdad pasaba y lo sacaron a la luz. Eso es hacer patria, pero el mal ya estaba hecho: los pandilleros dieron el salto al crimen organizado. Bueno, si hasta con el Cártel de Sinaloa sostuvieron negociaciones. Esos sí que le saben al trámite.

El poder que alcanzaron convirtiéndose en narcopandillas bien armadas, en empresarios, tomando el poder en negocios de transporte público a punta de amenazas, arreciando las extorsiones, mientras el gobierno central ordenaba que no se les capturara, que se les dejara tranquilos, fue lo más grave de esta puesta en escena, de este montaje de historias falsas y pésimos actores.

Los gobiernos mienten por un sinfín de razones, desde ocultar un delito hasta para mantener la calma, pasando por el hecho que también mienten sobre sus verdaderas intenciones en el tema de la delincuencia: no les interesa combatirla. ¿Por qué? Porque existiendo niveles intolerables de actividad criminal ellos pueden vender miedo, prometer que van a acabar con el mal y ganar votos, muchos votos.

Desde la contienda electoral de Alfredo Cristiani contra Fidel Chávez Mena, para las elecciones de 1989, hasta la fecha, casi 30 años después, ninguno de los presidentes, y tampoco los candidatos perdedores -desde la trinchera de la oposición-, han tenido un plan sesudo para acabar con el flagelo de las maras. Esos datos son suficientes para decirnos que en El Salvador todos los políticos nos han mentido.

Eso es un paliativo para Mauricio Funes y sus entonces funcionarios en el sentido que fueron unos “pajeros” más, pero el problema es que éstos se saltaron la barda, cruzaron una línea que no debían jamás haber traspasado: el sentarse a negociar con un grupo criminal. Con ello arrodillaron a todo el Estado, es decir, sus leyes, la soberanía, su población, todo el sistema legal, ¡todo! Además les dieron el peor de los mensajes: ustedes son poderosos, no podemos contra ustedes, están a nuestro mismo nivel y por lo tanto tenemos que sentarnos para llegar a algún acuerdo.

De ser cierto todo lo que se le acusa al otrora íntegro y agudo periodista, hoy autoexiliado en Nicaragua, es decir, que se enriqueció ilícitamente y tantas cosas más, podría asegurarse que ha sido el peor presidente de la historia de El Salvador.




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