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Editorial & Opinion

Manual para entender el populismo

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 12, julio 2018 - 12:00 am

Gente, mi gente salvadoreña, mi adorado pueblo sufrido, defraudado y vilipendiado. Yo no quiero que volvamos a caer en las garras de otro populista que de por sí han hecho tanto daño en Latinoamérica, en el mudo y ya tuvimos uno, acá, con el prófugo Mauricio Funes. Por eso tengo que tener la valentía de poder guiarlo, en esta delicada palestra que es una columna de opinión: ayudarles a reconocer a los populistas. Es como darles los síntomas del dengue hemorrágico, el chikungunya o el zika, para que se curen en salud, y cuando ya se sientan los principales síntomas, no se hundan en ellos sino que los combatan.

Líder carismático. Sin duda tienen un arrastre tremendo con la gente, encantan como un “rock star”. Sus palabras y hasta sus gestos tienen un atractivo salvaje que embelesa. Las mujeres hasta lo ven guapo y los hombres hasta lo ven inteligente, y ambos lo ven simpático y se ríen de sus malos chistes.

Reformas políticas. Promueven siempre una reforma radical a todo el establishment, como si eso fuera tan fácil. Hay prácticas tan arraigadas que cuesta generaciones (o una dictadura total), cambiarlas. Le dan duro a todo lo que es para ellos un sistema podrido, corrupto, lleno de clientelismo y de amiguismo. Eso le encanta a la gente que sienten que se han visto marginados por los grupos de poder que solo favorecen a los suyos

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Movimientos de masas. El éxito es que su discurso está pensado a aquellas grandes masas que han estado históricamente marginadas, en el punto ciego de la nación olvidado.

Protección social. Ante lo anterior, ante explotar el resentimiento de la gente menos protegida, los populistas ofrecen todo tipo de protección, llamado asistencialismo. Como el papel aguanta con lo que sea, la boca todavía más, y la gente lo consume sin miramientos. Prometen de todo y no tienen idea de cómo van a cumplir.


Oposición a la oligarquía. Uno de los “tiro al blanco” predilectos, relacionado a todo lo anterior, es atacar a los ricos, con cualquier tipo de improperios, insultos velados y menosprecio total, ignorando la importancia de la clase productiva amplificando sus defectos a conveniencia, que por cierto, no son nada nuevas.

Antimperialismo. Y siguen encontrando objetivos a los cuales tirarles piedra, y en su falta total de originalidad le vuelan maceta a los Estados Unidos de América, señalando defectos que no existen como si el país del Norte gobernara en casa presidencial y que toda la clase política y empresarial fueran siervos inútiles descerebrados.

Odio a los partidos tradicionales. En esto tienen toda la razón y si no fuera por la ineptitud y corrupción inveterada de los partidos de siempre, ellos no tuvieran razón de ser. Acá es el único lugar donde apoyo a estos sujetos nefastos: la partidocracia ha sido una clase animal depredadora e inservible.

Nacionalismo. Explotan el espíritu nacionalista de forma absurda, como si estuvieran hablando a un país autosuficiente, que no dependiera de las otras naciones en un mundo globalizado, y para variar agarran a un país vecino, hermano, de piñata, lo cual enardece los ánimos de un pueblo que quiere sentirse importante.

Emotivos. Lloran, gritan, se revuelcan en el escenario, sudan sangre, lloran ajo, escupen flores, de lo sentimentaloides que son. La gente llora con ellos, grita, se emociona, se dejan escarbar en lo más profundo de su corazones para saciar sus necesidades de sentirse arropados por el líder, como el gran hermano, como un semidios que los va a cuidar y liberar de todo el mal.

Es el origen de la creación de los dioses lo que vemos en el ascenso de un populista, y no hay remedio para ello si el pueblo está necesitado y es un pueblo con escasa educación.

Solo dejo esto para que reflexionen, aunque lo inevitable, es inevitable, lo vendan como nuevas ideas que de nuevas no tienen nada.




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