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Editorial & Opinion

Manuales de sexo

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 18, julio 2018 - 12:00 am

La discusión sobre educación sexual, reproductiva y afectividad sigue siendo un punto importante en nuestra sociedad, puesto que muchos creen que el problema se resolverá con más y muy clara información sobre el sexo; creen que exponer a nuestros niños a la más temprana edad a todo lo que implica el sexo los hará mejores personas y se pondera tanto eso que debe ser una materia transversal en nuestro sistema educativo; es decir, que todas las demás áreas de la educación deben ser impregnadas con temática sexual relacionada. Bajo lo anterior, el Ministerio de Educación (Mined), con ayuda de la ONU y el fondo de población UNFPA y otras instancias interesadas en la promoción de estos “valores”, han creado sus manuales de sexualidad integral que, entre otras cosas, ya contienen ideología de género y la carga de sexo que cualquiera, aun siendo adulto, no tiene.

Me di a la tarea de escudriñar dichos manuales y son complejos, tienen temáticas sobre sexo avanzadas y actividades en grupo que podrían indignar a cualquiera, máxime si son conceptos que niños de tercero a sexto grado, en apreciación de los propios padres, no deberían ser temas para esas edades, por ejemplo: en la página 43 del manual de segundo ciclo de educación básica se les propone a los niños de seis a nueve años reflexionar sobre el VIH bajo el tema de vulnerabilidad, preguntándoles ¿qué es lo que los hace vulnerables a la enfermedad? dándose actividad en grupo para reflexionar y posibles respuestas como usar drogas inyectables, tener relaciones sexuales sin condón, salir a una discoteca con desconocidos, tener sexo oral, tener sexo anal, masturbarse mutuamente sin introducir dedos en vagina o ano, por mencionar algunos de los muchos que el maestro tiene en la guía para “orientar a estos niños” ¡niños de sexto grado!

Más preocupante es cuando se trata de educar sobre aspectos importantes como el amor, en la misma guía en la página 62 trata el amor bajo diferentes tipos: amor erótico, amor filial, amor universal, amor a un ser superior y amor a uno mismo, como si existieran realmente varios tipos de amor, y avanza a proponer que ese niño de sexto grado puede y debe tener derecho a decidir sobre la vida, sin presiones y sin violencia, en clara predisposición ideológica y política sobre temas que no son para su edad y discernimiento.

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El tema de educar a nuestros hijos debe ser del máximo interés de los ciudadanos, porque si cedemos a la pretensión del Estado y de quienes creen en estas soluciones, deberá ser el Estado por medio del sistema educativo el que les dirá cómo vivir, qué principios asimilar y qué valores practicar; no serán los valores familiares, tampoco las normas de la familia y los valores que nuestros antepasados practicaron, será el Estado y la red de maestros que sepa uno cómo se han educado los que romperán sus mentes; no quisiera imaginar niños obligados a pensar en masturbarse o en tocarse entre compañeros guiados por pedófilos o mentes enfermas de las que el Mined no puede darnos garantía que no existen en el sistema.

No estoy en contra de la educación sexual y tampoco desconozco el reto de educar en un mundo post moderno, donde el acceso a la pornografía está a un ‘click’ y donde la ideología de género está en las caricaturas y en los cereales; es un mundo duro y complicado, pero debemos hacer frente a comprender que por mal que estén las cosas, la culpa es de los adultos y los niños no tienen por qué prescindir de su niñez y de su inocencia solo por lo que nosotros hemos destruido.


Ser niño debe ser una época inolvidable, una época de apreciación de lo bueno que también existe, porque no es cierto que todo tenga que ver con el sexo ni con la pornografía, también existen la creatividad, el deporte, las artes y muchas otras formas de estimular y proteger la mente de nuestros infantes; es cierto que una dosis de realidad es importante pero tampoco podemos sucumbir a ella presentando un mundo imposible.

De estos manuales lo que menos me gusta no es solo lo directo, sino lo poco pensado en ofrecer alternativas; no habla de la abstinencia, de alejarnos de lo malo, no le da al niño un escudo, al contrario, es como tirarlo a la piscina con todo lo que necesita para nadar, pero sin más armas que el saber del mar, el mundo y la vida; es mucho más que eso y se necesita educar con la verdad, pero con propuestas de transformación, para que los niños de mañana no repitan lo que nosotros, los adultos de hoy, les estamos heredando; es importante educarles con muchos otros valores que no se refieren a la sexualidad o a la aceptación obligada de la homosexualidad; debemos procurar un verdadero carácter basado en la honestidad, la fidelidad, la honorabilidad, etc., porque lo que de verdad protege en la vida es saber diferenciar el bien del mal.




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