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Editorial & Opinion

Marketing político / Outsiders

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 26, julio 2017 - 12:00 am

Los partidos ya están metidos de lleno en el tema electoral. Un aspecto que domina la vida de los institutos políticos es la selección de candidatos. No se trata de optar por los más capaces, los que tengan más conocimientos y experiencia. Hoy lo que domina el comportamiento de las cúpulas partidarias en los procesos de nombramiento de candidatos es el marketing político. Esta técnica permite utilizar la investigación, planificación y comunicación en el diseño y ejecución de una campaña política.

Publicistas, gente de medios y diseñadores gráficos, en estos días tienen mucho trabajo y ganan mucho dinero, los dirigentes partidarios les encomiendan la difícil tarea de seleccionar y preparar candidatos ganadores y ante el desgaste de los políticos tradicionales los especialistas se inclinan por aconsejar a los partidos que busquen como candidatos a figuras fuera de los partidos: los outsiders.

Los partidos políticos recurren a la figura de los outsiders con miembros de la farándula incluidos para ganar votos y posicionar su proyecto ante el escepticismo que la ciudadanía tiene de los políticos tradicionales.

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Los especialistas en marketing político recomiendan a los precandidatos que hagan campaña adelantada y recorran el país, centrando su esfuerzo proselitista, en trabajo en “microsegmentos”, enfocándose en reuniones con grupos pequeños de posibles votantes: “gente de verdad”, en lugar de buscar un enfoque masivo.

En la temporada electoral, se trata de apostarle a la figura de empresarios exitosos, periodistas, reinas de belleza, deportistas, la política se personifica. La apuesta es: la gente vota por un candidato porque es una persona exitosa, guapa o porque es popular, le cae bien o es millonaria. Más allá de la oferta electoral o la capacidad política del candidato. Esto es un hecho de la realidad que debilita el proceso democrático.


Otra expresión que ilustra que en la coyuntura actual la política se personifica es la existencia de los candidatos no-partidarios. Nuevamente se abre la posibilidad de llegar a ser diputado sin ser parte de un partido político. En principio la idea es buena. La pregunta del millón es: ¿Se puede ganar una elección como candidato independiente?

La política salvadoreña es cara y se necesita contar con  recursos económicos para financiar la campaña. Un candidato independiente que no tiene dinero para hacer proselitismo, que además no cuenta con una maquinaria electoral que le promueva el voto en los barrios y colonias y que no posea una estructura preparada para la defensa del voto el día de la elección y en el momento posterior del conteo de votos simplemente está empeñado en una aventura electoral que es buena, necesaria, pero dadas las actuales condiciones cuesta arriba.

No hay que comer ansiedades, todavía falta mucho tiempo para el día de la votación y hay dos cosas claras: Esta es hora que más del 35 % de la población contesta en las encuestas que no sabe por qué partido va a votar y número dos, es una realidad, que un aproximado del 15 % o más de los votantes decide en el último momento, eligiendo en base al impacto de la imagen del candidato, si le resultó simpático o no.

Muchas personas al estar frente a la papeleta dan voto de castigo, si una semana antes de la elección, todo está caro, no hay empleo y sí aumenta la percepción de inseguridad.

Los dirigentes de los partidos saben que la población salvadoreña padece del síndrome de pérdida de memoria de corto plazo, para no ir más lejos, saben que la población no se va acordar de nada de lo que pasó en la Asamblea Legislativa después de las fiestas de agosto, entonces no hay problema.

Hay que trabajar por elevar la calidad de la democracia, la política es mejor si se hace creando condiciones para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas y participen en procesos electorales exigiendo a los candidatos ofertas electorales con soluciones a los problemas nacionales.

Es necesario abrir espacios donde los ciudadanos puedan presenciar debates entre los aspirantes a cargos públicos y así evaluar el desempeño de estas personas cuando están solos, sin el asesor que le dice al oído todo lo que tiene que decir.

Por último es necesario hacer referencia rápidamente al uso de las redes sociales, éstas le pueden dar fuerza a una campaña. Por medio de Facebook o Twiter se puede informar y crear opinión publica más rápido que en los medios de comunicación tradicionales. Los ciudadanos deben seguir las cuentas de los candidatos y también crear cuentas en redes sociales que promuevan la reflexión y contribuyan a elevar la calidad de la democracia.




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