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Editorial & Opinion

Más atrás del populismo

Dr. Rubén I. Zamora / Abogado, político y diplomático

jueves 12, julio 2018 - 12:00 am

En los últimos meses y a raíz del aparecimiento de una posible candidatura presidencial del Sr. Nayib Bukele, nuestros medios de comunicación, escritos, orales y visuales, así como las redes sociales, el tema del populismo se ha convertido en tema de conversación electoral en la que abundan condenas, señalamientos de defectos y sobre todo de advertencias sobre un catastrófico futuro si es que el populismo llega al poder y que indefectiblemente terminará con la democracia, la economía de mercado y la cultura; sin embargo, muy poco hacemos para entender y conocer de lo que estamos hablando.

Estos augurios de un futuro catastrófico si el populismo llegara al poder, no son despreciables ni faltos de posibilidad, pero, en la mayor parte de los casos, estos profetas de tan incierto futuro, son precisamente parte y causa de que el populismo esté apareciendo en nuestro suelo y los que los denuncian son activos generadores de sus gestación.

El populismo es siempre un subproducto de una situación social critica o del agotamiento de los modelos sociales y políticos y así como las democracias suelen surgir de las entrañas de las dictaduras, y el capitalismo del agotamiento del feudalismo, el populismo como instrumento electoral es un indeseado fruto de la crisis de los partidos políticos.

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Para entender el populismo, no solo debemos concentrarnos en la figura del líder populista, sino que hay que ir más allá y darse cuenta que el populismo no nace de la voluntad carismática de un líder, sino que tiene sus raíces en la realidad nacional. Estamos viviendo un país en el que la mayoría de nuestros compatriotas viven en pobreza desde su nacimiento hasta su muerte , en el que  una buena parte de nuestra juventud no tiene opción de empleo ni futuro, pero en la que se ha desarrollado un fuerte sentido de  la injusticia, de las desigualdades, de la corrupción y frente al cual los actores políticos y el gobierno en vez de enfrentar estos problemas tienden a protegerse ya sea ignorándolos o enfrascándose en respuestas ineficientes como es el  caso de la lucha contra las maras ; un país en el que las demandas de la población se estrellan contra un Estado que no tiene los recursos para encausarlas pero cuyos partidos y gobierno son incapaces de consensuar las respuestas necesarias e implementarlas. Todo esto ha generado en amplios sectores del país un sentimiento de injusticia, de cólera por la corrupción, de desconfianza y hasta rechazo de los partidos políticos y las instituciones públicas; este es el clima en el que el populismo nace y crece.

Si se quiere evitar el populismo no basta solo con denunciarlo, al contrario, la denuncia personalista se convierte en argumento de reafirmación entre sus adherentes: “nos tienen miedo”…es necesario ir a sus raíces y poner allí la vacuna, es necesario que la Asamblea Legislativa funcione como primer poder del Estado y no como isla de corrupción y refugio de mediocridad, que los partidos políticos operen como vinculo entre el Estado y la sociedad civil y no que le den la espalda al pueblo y ocupen el Estado como su botín.


Lo que está pasando en Estados Unidos con Trump,  el Brexit en Inglaterra,  los gobiernos que han surgido en Polonia, Austria, Hungría, Italia solo para mencionar algunos, nos lo está diciendo: es preferible prevenir que curar, por que en política, como en medicina, cuando el remedio llega tarde puede ser ineficiente y no salvar al paciente.

Nuestra mirada al pasado no será para considerarlo “como un tiempo mejor”, sino para entenderlo y verlo como presente y poner así el remedio a las causas que hoy son el campo de cultivo de los populismos.




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