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Editorial & Opinion

Más pobreza

Miércoles 4, Noviembre 2015 - 12:00 am

Los más recientes informes sobre la pobreza en el país nos vuelven a revelar que ésta, en lugar de bajar continúa creciendo, que por lo menos la tercera parte de la población vive en pobreza (al menos cuando se cuenta por familia) tanto por sus ingresos como por la multidimensionalidad de su condición. El Salvador en ambas mediciones, que no son comparables entre sí, pero sí complementarias, muestra que por más adornos que le busquemos o por más teorías que apliquemos, lo sencillo nos marca el paso y es sencillo pensar que si no hay trabajo también habrá pobreza.

El Salvador no ofrece a los 60 mil jóvenes que entran cada año a la categoría de sujetos económicamente activos la cantidad de empleo necesario; según el mismo PNUD, en sus estudios de desarrollo humano ha dicho que se necesitan unos 50 a 60 mil empleos anuales, empleos formales con prestaciones y permanentes, para hacer arrancar un ciclo de desarrollo positivo en el país y no hemos logrado pasar de quizá unos 10 mil empleos (en los mejores momentos) en el sector privado cada año, lo que a simples luces termina siendo un aumento de la pobreza; Al mismo tiempo hay que considerar que para muchos otros salvadoreños la única forma de ganarse el sustento está en actividades de subempleo e informalidad, agravando las estadísticas.

El Salvador no podrá avanzar sin mejorar la estadística de pobreza, la que a su vez necesita de un ingreso permanente, educación de calidad  y buena atención médica, factores en los que seguimos aplazados. Repartir dinero de los que tienen entre quienes no lo tienen, como hasta ahora la política pública del populismo nos ha vendido tampoco essolución, porque más temprano que tarde las fuentes de la repartición se agotan y terminan los países endeudados, insolventes y con más pobres que antes.

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La manera de mejorar la pobreza es generando más clase media, apoyando un consumo inteligente, empujando la creatividad y la empresarialidad de los ciudadanos, debe centrarse el esfuerzo en mejorar la producción tradicional, buscar la creación de nuevos rubros de producción y eso significa mucho liderazgo, inversión pública estratégica y un fuerte y determinado método de motivación social a resolver las crisis con esfuerzo propio y no con ayuda estatal indefinida, más bien con certeros y efectivos subsidios, reducción de impuestos que detengan la inversión y el fomento de nuevas inversiones con estímulos de calidad.

Dejar de ser pobre si bien es un deseo universal no sucede por arte de magia ni por caridad, sucede como producto del esfuerzo diario, de las oportunidades del entorno y de la educación de la sociedad para tomar cada día nuevas y mejores decisiones, si seguimos solo apostando a la repartición pero no hacemos nada por la multiplicación, lo único que se multiplicará es la pobreza, los indicadores nos lo están diciendo, por mucha publicidad que hagamos de los proyectos sociales o de las buenas intenciones, en la práctica la pregunta es si ¿hay menos pobres? La respuesta es NO  y eso debe ocupar nuestra preocupación.


Un país empobrecido, endeudado y con odio entre sus elementos muy difícilmente alcanzará la salida al desarrollo; por eso, el reto es reconocer lo que no ha salido bien y enderezar la ruta, cambiar de rumbo, renovar la mente y visualizar nuevos esfuerzos por conseguir el resultado que todo gobierno debe pretender y es que su población cada vez viva mejor.

Lo he dicho antes en otra columna de opinión, que estamos enfrascados en pensar cómo hacer para que el gobierno tenga recursos y ejecute sus planes, pero lo correcto debería ser enfocar el pensamiento y toda la energía en lograr que el pueblo tenga más recursos, que crezca económicamente, que cree nuevos empleos y que comience a multiplicar la riqueza, esto aún y cuando el gobierno tenga que tener menos lujo, menos viáticos, menos publicidad y menos atenciones para sus funcionarios.

 




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