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Editorial & Opinion

Mauricio Funes y la fotografía del populismo

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 14, junio 2018 - 12:00 am

¡Así es! De esta reciente situación (recientes órdenes de captura) se pueden sacar tantas moralejas sobre la política latinoamericana que no podría dejar jamás de escribir sobre tal. No solo es la alegría de ver que se hace justicia, ya que todos sabíamos para lo que había ocupado el poder el señor Funes, sino porque esto es una llamada de atención extremadamente poderosa para los votantes del próximo año: no se dejen llevar por los que dicen lo que ustedes quieren oír, por los que se pelean con el odioso establishment que ustedes tanto odian ni por los que prometen lo imposible.

Mauricio Funes fue un populista más de los que han germinado en nuestra región, pero esos parásitos no surgen de la nada, por generación espontánea, por arte de magia, por la conflagración de diferentes males, por la alineación de los círculos del infierno.

Esos populistas se deben a la espantosa administración pública que hacen los partidos tradicionales y al olvido casi absoluto al deber de cumplir con necesidades reales de los pueblos a los que gobiernan, puesto que se dedican, como vemos a ARENA y al FMLN, a proporcionar a las gentes una constante lucha de poder, de dimes y diretes, de discursos huecos, chistosos, viendo quién dice el chiste más ocurrente, pero de hacer desarrollar los pueblos nada, absolutamente nada, y eso es lo más detestable. Porque para algo existen los políticos, no solo para reunirse, tomar, viajar, tener amantes, pelearse, etc., sino para hacer desarrollar los pueblos.

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Acá nuestros políticos son incompetentes. Si el Estado fuera administrado por manos privadas serían despedidos a cada rato.

Harto conocidos son los casos de los países que se han convertido en potencias económicas mundiales, y me encantan los casos de Corea del Sur y Taiwán, pero últimamente el que me deja con la boca abierta es Vietnam, sin dejar de mencionar a la gigante China. Mientras estos países han crecido exponencialmente, El Salvador ahora está en una constante lucha por no caer al abismo.


Ante tanta ineptitud surgen los populistas.

Mauricio Funes fue un excelente profesor, tuve el gusto de ser su alumno en la materia de Letras. Realmente el tipo era brillante.

Cuando después surgió como comunicador, fue haciéndose su camino con esfuerzo propio, a base de agudeza mental. Su programa de reportajes, A fondo, era una luz en medio de tanta oscuridad; de un periodismo acomodado y haragán. En sus reportajes encontrábamos una aguda crítica a la realidad.

Luego pasó a su entrevista, Al día, y esa fue la plataforma sobre la cual construyó su fama bien merecida, de inmisericorde entrevistador, al cual daba gusto ver cómo acorralaba a los entrevistados, políticos que se creían astutos pero caían como mansas palomitas en sus despiadados interrogatorios. Solo se zafaban los que se quedaban mudos.

Tremenda inteligencia y contacto con la realidad del país, en contraste con su opositor en la campaña política de 2008 – 2009, con una inteligencia por decirlo de una forma amable, promedio, facilitó la masacre electoral. Hasta allí llegó la admiración por este hombre, lo demás ha sido una historia de terror.

Si pudiera graficar con un rostro la decepción que ese tipo iba ocasionando en el ánimo de los que votaron por el FMLN, sería la de un joven lozano, alegre, lleno de esperanzas por la victoria, que fue en menos de cuatro años deteriorándose, arrugándose, con las marcas en la cara de la decepción, surcos en la frente, las marcas laterales de la boca cada vez más marcadas, las patitas de gallo, canas, mejillas caídas, desdentado. Cada vez que viajaba de regreso a El Salvador la decepción de los efemelenistas había dado un salto más largo al abismo. Se arrepentían de haber votado por un sinvergüenza que llegó a desatar su apetito sexual como degenerado, a darse una vida de lujos y comodidades, a pasar en un constante e infructuoso pleito con la empresa privada; pero una cosa es cierta, hay una gran diferencia entre pelearse con la empresa privada por los abusos y excesos que realizan en el desenfrenado afán de lucro, y otra muy diferente es estarla atacando solo para aparentar estar del lado de los trabajadores.

Pero de los desmanes del otrora gran comunicador, ya como presidente, hablaré en el próximo artículo.




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