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Editorial & Opinion

Me pregunto ¿para qué sirve un diputado?

Roberto Meza / Colaborador

sábado 2, junio 2018 - 12:00 am

Reflexionando un poco, he percibido que la ciudadanía no sabe bien para qué sirve un diputado. Este problema de origen, agregado a que ellos prometen todo sin definir las funciones que asumirán en el cargo, es lo que provoca el desprestigio del representante popular.

Afirma un político: “Ser diputado es como intentar saciar la sed con el agua que brota de una manguera de bomberos”. En otras palabras, ni los políticos ni la ciudadanía, a pesar de la larga vigencia en un sistema de división de poderes, han tenido claro para qué sirve un diputado.

Sin embargo, la literatura es riquísima. Cicerón aportó muchas reflexiones sobre el tema, los ingleses perseveraron conformando el Parlamento, la institución más difícil de una democracia. Ante esta situación, asumo, no sin grandes esfuerzos, explicar a los ciudadanos las tareas que deben realizar los diputados.

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La gestoría ha sido distorsionada y se cree que el diputado dispone de amplio presupuesto que puede ejercer con discrecionalidad. Por otra parte, los candidatos se desbordan en promesas de hacer leyes para resolver todos los problemas, con una clara ignorancia del Derecho.

Por ello, hablo de la Asamblea Legislativa como una caja de resonancia de problemas nacionales. Acudo también a un gran parlamentario quien apuntó: “Pero en el siglo de los desengaños, nuestra humilde misión es descubrir la verdad y aplicar a nuestros males los más mundanos remedios”.


Insisto, en que la falla más importante de nuestro sistema político es la de carecer de equilibrios, de contrapesos y de rendición de cuentas en el ejercicio del poder. Y ahí es en donde está el principal trabajo de un diputado, en detectar las necesidades de sus representados para exigir al Poder Ejecutivo un buen desempeño. Eso es lo que los Lores y los Comunes ingleses y lo que las 13 colonias norteamericanas demandaron, lo cual les llevó a la proclamación de su independencia en 1776.

Eso es lo que procuramos explicar: la función más importante de un legislador es el equilibrio en el ejercicio del poder. Woodrow Wilson, gran teórico del parlamentarismo, insistía en que la tuberculosis y la política tienen el mismo remedio, la luz del sol y el aire del día. Hablaba también que en una ocasión vio a un irlandés escarbando a orillas de su casa y al preguntarle qué hacía éste contestó lacónicamente: “Estoy permitiendo que salga la oscuridad del sótano”.

Esa es misión primordial de un diputado: hacer más pública la vida pública. El representante popular es fundamentalmente un censor, su tarea permanentemente es la censura.

El Órgano Legislativo nuestro muy pocas veces ha reunido dos virtudes importantes: independencia y calidad. Efectivamente, a partir del abandono militar del Órgano Ejecutivo, se terminó un largo periodo de sometimiento, es decir, volvimos a la libertad.

Desafortunadamente, la segunda virtud siempre ha estado ausente. He ahí la tarea.

Para mi beneplácito, percibo que se entiende lo que intento explicar, lo cual creo que es un buen inicio.




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