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Editorial & Opinion

Menores delincuentes y leyes de seda

Jaime Ulises Marinero/Periodista

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Martes 5, Abril 2016 | 12:00 am

La mañana del domingo pasado fui testigo de un asalto. Dos jóvenes con apariencia de pandilleros menores de edad se acercaron a un taxista y le colocaron una pistola en la cabeza para que les entregara el  dinero, la cartera y su teléfono celular, luego le advirtieron que si los denunciaba lo iban a matar. El hecho ocurrió cerca de la iglesia del barrio San Jacinto de San Salvador.

Mi primera reacción fue llamar al Sistema de Emergencias 911 de la PNC y tras cinco o seis intentos la llamada nunca salió. Todos los operadores estaban ocupados. Unos cinco minutos después pasó una patrulla y los agentes, increíblemente, pese a indicarles hacia donde habían escapado los malhechores, tomaron el rumbo contrario y me pidieron que fuera a denunciar a la subdelegación porque ellos iban a otra misión. Ni siquiera alertaron por radio a otros policías.

El taxista todavía nervioso expresó su temor y no quiso ir a denunciar, pues ya conoce a los asaltantes y aunque ambos son menores, son capaces de matar si se dan cuenta que los delataba. “De todos modos no me mataron, esos pandilleros viven en esos condominios, lo mejor es que ya no trabaje por esta zona” me dijo, señalando los derruidos condominios Regis, donde supuestamente se refugiaron los asaltantes. Haciendo mis propias averiguaciones pude darme cuenta que en los alrededores del parque y el mercado de San Jacinto son comunes los asaltos cometidos por adolescentes, incluso por niños, que obedecen órdenes de adultos. Los asaltantes, que son pandilleros, tienen bien controlado el accionar policial y actúan cuando éstos brillan por su ausencia.

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La utilización de menores de edad en actos delictivos es algo cotidiano en el país. Hace un par de semanas, en Mejicanos, dos niños de entre 10 y 12 años, que no han podido ser localizados, mataron a un hombre, aparentemente como un rito de iniciación para ingresar a las pandillas.

En muchas comunidades y colonias son niños los que sirven de informantes a los pandilleros adultos sobre el movimiento o la presencia de las autoridades. Asimismo son, en muchos casos, los encargados de recoger el dinero producto de las extorsiones. Hay menores sicarios y gatilleros, es decir, responsables de disparar contra las víctimas.

Últimamente ha habido muchos enfrentamientos entre policías y soldados contra pandilleros que resultan ser menores, pero que han recibido adiestramiento en el uso de armas y mantienen atemorizadas a comunidades enteras. Sin embargo, pese a que muchos adolescentes, especialmente entre 15 y 18 años no cumplidos siguen delinquiendo con mucha alevosía, las leyes salvadoreñas siguen siendo muy benevolentes con estos “menores criminales”. Es cierto que hay que respetar los tratados y convenios internacionales, pero también es mucho más cierto que hay que proteger a los ciudadanos honrados. A un adulto que mata a una persona con dolo se le imponen hasta 40 años de prisión, pero a un adolescente de 16 o 17 años que mata con dolo solo se le impone un máximo de 15 años de internamiento. ¿Cuál es la diferencia si generan el mismo dolor? La diferencia está en las leyes que no son acordes a nuestra realidad. Estados Unidos, considerado el país “modelo de democracia mundial” procesa a los adolescentes como adultos cuando éstos cometen delitos con alevosía, y entonces porqué en países como el nuestro no es posible hacerlo. Creo que estamos en una coyuntura donde los diputados, como parte del régimen de medidas excepcionales, pueden modificar esas leyes garantistas. A veces da la sensación que los convenios o tratados  internacionales toman como modelo a países europeos del primer mundo y que como parte de una política de imposición o dependencia, obligan a países con una realidad diferente a aplicar leyes inadecuadas.

Al taxista los asaltaron dos menores de edad y la Policía no hizo nada. Ésta es una negligencia de las autoridades, pero también es una muestra que en el país, la ley debe ser pareja con los delincuentes, sin importar su edad.



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