Cerrar [X]

Editorial & Opinion

México en elecciones

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 15, mayo 2018 - 12:00 am

Vivimos en un mundo globalizado con una suerte de interdependencia entre las naciones, nos influimos de manera recíproca, no podemos esconder la cabeza y aislarnos ignorando el entorno; lo que ocurra a nuestros vecinos es determinante para nosotros. Así México enfrentará a la elección más compleja de su historia, en un mismo evento el 1 de julio se realizarán tres elecciones federales que incluyen Presidencia, Congreso y Senado, eligiendo 629 cargos federales; celebrará además treinta elecciones concurrentes para nueve gobernaciones, diputados de los congresos locales por cada Estado -a excepción de Baja California y Nayarit que elegirán en fecha diferente-, 1612 Concejos Municipales, y en sufragio diferente se definen regidores y síndicos, para una suma de 18,299 procesos electivos.

México es un país de proporciones colosales, noble pueblo de 124 millones de habitantes en un territorio hoy cercano a los dos millones de kilómetros cuadrados, al que nos unen lazos históricos de profunda amistad, ruta de tránsito obligado de nuestros sufridos migrantes. Su región norte tiene un fuerte desarrollo industrial y comercial, acompasado a una compleja relación histórica de trascendencia política, económica y social con su gran vecino del norte al que dirige más del 81 % de sus exportaciones, y con el que comparte 3150 km de frontera y un tratado comercial de 24 años de vigencia actualmente en proceso de renegociación por la disconformidad mostrada por la administración Trump.

La  región central de México se ha destacado como el principal destino turístico de América Latina, combinado con un poderoso desarrollo inmobiliario comercial y financiero. En tanto el sur de la nación, especialmente la región que linda con Centroamérica, sobreviven y luchan cerca de 30 millones de mexicanos en una zona en la que se aprecia mayor pobreza, marginalidad y subdesarrollo.

publicidad

El sistema electoral mexicano tiene arraigo, nace con la misma revolución para organizar y calificar sus procesos; por supuesto, de acuerdo a las particularidades democráticas y competitivas de su época. A partir de la controvertida elección de 1988, es cuando avanza su transición democrática, se crea el Instituto Federal Electoral (IFE), superando al viejo Consejo Federal Electoral configurado en la reforma de 1951 bajo la sombra del Poder Ejecutivo y por muchos años adscrito a la Secretaria de Gobernación.

El surgimiento del IFE en el año 90 fue un gran avance institucional, significó la transformación de las instancias de las 32 entidades federativas, aunque su autonomía llegaría realmente hasta seis años después en la medida en que nuevas reformas forzaron su independencia del Ejecutivo; con él también nació la apertura a los procesos de observación electoral nacional e internacional que hoy tengo el gusto de integrar.


Distintos analistas consideran que los cambios más profundos que se generaron posteriormente fueron producto, ademas del empuje y efervescencia social, de fuertes acontecimientos ocurridos al inicio de 1994, conmocionando la vida económica, política y social, y empujando a una mayor apertura política y democrática; entre éstos señalan: el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, y la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá; este último hecho es considerado, junto a los cambios de timón político, los que terminaron distanciando la política exterior de México del resto de América Latina.

Veinte años después, en 2014, surge el Instituto Nacional Electoral (INE) bajo una nueva reforma constitucional que aceleró nuevos cambios con la finalidad de homologar los estándares de los procesos federales y locales; con esto, el Estado mexicano pretende dar respuesta a los retos y cuestionamientos surgidos de complejos procesos electorales presidenciales de 2006 y 2012, buscando además unificar los procesos y mejorar los niveles de coordinación con las entidades electorales de los 32 Estados de la unión, adicionando la meta de aplicar mayor efectividad de los mecanismos de auditoría y control sobre los topes de financiamiento de los partidos y las campañas electorales.

El reto del INE es grande, pero la capacidad y experiencia acumulada también; implica la organización de un proceso eleccionario de grandes proporciones en el que se imprimen 282 millones de papeletas con extremas medidas de seguridad para 88 millones de ciudadanos habilitados para votar en 157 mil casillas o mesas electorales, administradas por un millón 400 mil ciudadanos que han sido rigurosamente sorteados y capacitados con ese propósito; los electores forman parte de un registro electoral debidamente auditado, que identifica a cada elector mediante una credencial electoral que cuenta con altos estándares y precisas normas de seguridad.

Hasta la semana anterior habían sido asesinados 90 candidatos, la mayoría locales. México, una nación con graves problemas de inseguridad y en esta elección decide parte de su futuro. Electoralmente enfrenta el reto de avanzar en el control del financiamiento público y privado de los partidos y campañas y elevar la confianza sobre el proceso democrático; organizativamente es ejemplar y tiene un alto grado de competencia demostrado en la alternancia a distintos niveles. Hoy la incertidumbre del resultado es parte de su fortaleza, es producto de una mesa de competencia mejor equilibrada.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.