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Nacionales

Mujeres trans luchan contra el VIH y la discriminación social

viernes 27, febrero 2015 - 12:01 am

Con el apoyo de organizaciones de mujeres trans, Plan ha logrado acercarse para informar y atender a la población trans que se dedica al trabajo sexual. /WILSON URBINA

Con el apoyo de organizaciones de mujeres trans, Plan ha logrado acercarse para informar y atender a la población trans que se dedica al trabajo sexual. /WILSON URBINA

Rechazo, desdén, insultos, golpes, balazos y, muy de cerca la abrumadora sombra del VIH persiguen la vida de la mayoría de mujeres trans en El Salvador. Muchas han logrado encontrar respaldo al organizarse y  defender un lugar en la sociedad para ellas y su comunidad, mientras otras mantienen una lucha silenciosa desde una cuadra de la ciudad para sobrevivir y en la espera de una oportunidad.

La postura y serenidad de  Francesca al hablar la hacen lucir como la dueña de la cuadra que vigila, ubicada en una colonia de San Salvador. El talante con el que se maneja casi hace pensar que ha logrado sortear la realidad a la que se enfrenta la población trans en el país. Pero el duelo producido por el rechazo y la violencia también delinea a Francesca.

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Fue apenas a sus cinco años que Francesca se dio cuenta que había algo diferente en ella. Era un niño pero había algo que no estaba bien, algo que no cuadraba, que no le permitía ser feliz. Hasta cumplir los 17 años entendió qué quería ser. Ahora, a sus 33, asegura que fue en ese momento que descubrió su identidad de género. El momento más duro fue explicarle a su familia que ella se veía como mujer, el temor de la reacción de su padre que era militar le hizo decidir que prefería huir de su casa antes de enfrentar el rechazo de su familia. Desde entonces ha vivido sola.

Francesca es capaz de relatar su decisión con tranquilidad, ni siquiera el motociclista que la insulta desde la calle al pasar frente a su cuadra la hacen detener su relato. “Aquí en las calles hay mucho, los pandilleros, los clientes. Vas caminando en las calles sabiendo que sos vulnerable”, explica con calma. Entre risas cuenta que hace un mes pidió un aventón a un vehículo que pasaba por su cuadra y le tiraron un balazo. Por suerte no le cayó. En otras ocasiones le han tirado botellas de cerveza y de licores.


En sus 17 años como trabajadora sexual, Francesca ha sido víctima de la inseguridad, que no solo proviene del acecho de las pandillas que exigen un pago para trabajar en su cuadra, sino también de las  autoridades de seguridad. La última vez que sufrió una grave agresión física fue a manos de policías que la atacaron a ella y a otra compañera cuando iban a comprar unos cuadernos, desde entonces se avocó a una organización que lucha por los derechos de la comunidad trans y perdió el temor a denunciar. Recientemente dos hombres intentaron asaltarla y cuando los denunció descubrió que eran soldados.

La población trans sufre más discriminación y crímenes de violencia porque son más evidentes ante el resto. /W.URBINA

La población trans sufre más discriminación y crímenes de violencia porque son más evidentes ante el resto. /W.URBINA

Francesca ha intentado salir del trabajo sexual al buscar opciones en organizaciones que defienden los derechos de la comunidad trans, pero solo ha logrado trabajar por proyectos y cuando acaban debe volver a la cuadra.  “Estoy acá por una necesidad, porque mañana tengo que comer”.

En centros comerciales, en restaurantes, incluso en hospitales y unidades de salud Francesca ha sido discriminada. El rechazo social lo vivió por primera vez en la escuela y ya no pudo concluir su bachillerato. Lo mismo ha ocurrido para la mayoría de las mujeres trans, y es por ello que cuando pequeñas oportunidades surgen en organizaciones o instituciones que sí tienen espacio para la comunidad LGTBI son pocas las que pueden optar a un trabajo permanente. En otros lugares apenas pueden optar a empleos con salarios mínimos y les exigen abandonar su identidad al ordenarles que cambien su atuendo por ropas de hombre.

Las pocas instituciones con apertura para personas LGTBI requieren un nivel de estudios, al que las mujeres trans no han tenido acceso. /WILSON URBINA

Las pocas instituciones con apertura para personas LGTBI requieren un nivel de estudios, al que las mujeres trans no han tenido acceso. /WILSON URBINA

Más vehículos vuelven a pasar frente a Francesca, y algunos insultos se mezclan con el exagerado sonido del acelerador que hacen los mismos gritones. Gritan hombres, algunos adultos, otros jóvenes, en carros desvencijados y autos lujosos. “Hay que ser tolerante para que no te pase nada”, comenta Francesca con desenfado.

Varias calles y avenidas hacia el oriente de San Salvador, Keiri está en su propia cuadra. A diferencia de Francesca, que viste una chaqueta negra y una bufanda para protegerse del frío, Keiri luce un corto vestido rosa que brilla tanto como su cabello rubio. Ella solo tiene cuatro años de dedicarse al trabajo sexual. Las burlas e insultos aún le provocan ira, la misma que le hizo pelearse con un compañero del bachillerato que intentó humillarla en varias ocasiones, al final no pudo contenerse y le propinó un puñetazo. Por esa pelea solo ella fue expulsada y ya no terminó sus estudios.

“Es feo ver que usted llegue a comprar y empiecen a reírse, a burlarse, a cuchichear”, señala Keiri. Para ella lo peor es recibir maltratos en hospitales y unidades de salud, lugares a los que acuden en sus momentos más vulnerables. Cuando llegan con heridas los médicos no quieren tocarlas y lo primero que hacen es clasificarlas como portadoras del VIH, ordenan que se hagan la prueba aunque hayan llegado por otro malestar.

Plan busca que las poblaciones vulnerables conozcan sus derechos y desarrollen sus capacidades /WILSON URBINA

Plan busca que las poblaciones vulnerables conozcan sus derechos y desarrollen sus capacidades /WILSON URBINA

Actualmente Plan El Salvador ejecuta el proyecto “Innovando servicios, reduciendo riesgos, renovando vidas en El Salvador”, financiado por el Fondo Mundial (FM) con el objetivo de reducir la prevalencia del VIH y de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), así como mejorar la calidad de vida de las poblaciones en las que la epidemia ha estado más concentrada.

Alternativas a la discriminación

Clínicas y laboratorios móviles comenzaron a acercarse a las cuadras donde trabajan mujeres como Keiri y Francesca para realizar pruebas rápidas de VIH. William Ramírez, gerente de proyecto de Fondo Mundial para Plan, explica que a través de pruebas orales rápidas hacen un screening para saber si la persona es reactiva o no al VIH. Si la prueba es positiva les realizan otra  de laboratorio para confirmar.

El acercamiento inicia con una preconsejería personalizada para asegurar que harán la prueba voluntariamente. Si el resultado es positivo acompañan a la persona a una clínica del Ministerio de Salud para que reciban el tratamiento y le dan seguimiento.

“La prevención combinada consiste en una serie de actividades que se realizan con las personas que incluyen un componente educativo, biomédico y luego la salud mental, vemos temas como defensa de los derechos, reducción de sustancias adictivas”, añade Ramírez.

Camila Portillo, de la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano (ASPIDH) Arcoiris, señala que las clínicas móviles junto con la apertura de ocho clínicas de Vigilancia Centinela de las Infecciones de Transmisión Sexual (VICITS) del Minsal, han beneficiado a la comunidad.

Francesca ha recuperado el apoyo de su familia, gracias a su madrastra volvió a comunicarse con su padre. El soporte de sus seres queridos le ayudó a comenzar  terminar el bachillerato virtual este año y luego, si puede, estudiar una licenciatura en comunicaciones. “Me gusta expresarme y quiero ayudar a defender los derechos del resto”.

Renovación al sistema de salud

  • Las clínicas móviles del proyecto “Innovando servicios, reduciendo riesgos, renovando vidas en El Salvador”, ejecutado por Plan, busca cambiar la visión de atención a las poblaciones más vulnerables a la epidemia del VIH.
  • El nivel de prevalencia del VIH en la población en general es de 0.8%, mientras que en la población de mujeres trans está arriba del 16%. La falta de educación y de acceso una atención integral de Salud generó más vulnerabilidad en la comunidad.
  • El Ministerio de Salud también trabaja para cambiar la situación con la instalación de ocho clínicas de Vigilancia Centinela de las Infecciones de Transmisión Sexual (VICITS). Dos están en San Salvador, en las UCSF Concepción y UCSF San Miguelito.
  • Las clínicas tienen la visión de brindar servicio a las poblaciones más afectadas para que no sean víctimas de discriminación. La proyección es instalar 14 clínicas a escala nacional durante 2015.

 




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