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Editorial & Opinion

Necesitamos de buena voluntad

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

martes 27, diciembre 2016 - 12:00 am

Entre los mayores problemas que resaltan en este balance del año que finaliza ha sido la evidente falta de buena voluntad en querer arreglar los problemas que afligen a la sociedad entera. Sectores diversos, partidos políticos, tanques de pensamiento, catedráticos y ciudadanos comunes, se manifestaron por la necesidad de acordar arreglos que nos hicieran arribar a soluciones sinceras y transparentes de las condiciones apremiantes que, al paso de los meses, las encontramos sin vislumbrarse mínimos consensos y que no dudo nos apretarán mucho más cuando lleguen las elecciones próximas. Incluso personalidades diplomáticas acreditadas en el país, así como entidades respetables en el campo de la economía y la banca a nivel mundial, fueron claras en advertir esa ausencia de buena voluntad, misma que ha conducido a nuestra nación hacia una polarización que cada día se ha vuelto más enconada, más destructiva y dañina.

A diario advertimos la existencia de una pugna perenne entre el gobierno y los empresarios privados, como si éstos fueran los principales actores del drama de iliquidez financiera que cada vez es más notoria y amenazante para la ejecución de muchos planes gubernamentales, aparte de los casos judicializados sobre  delitos de malversación, enriquecimientos ilícitos, desvío de fondos hacia otros rubros y falta de austeridad.

Incluso, el presidente de la República que, por mandato constitucional, está obligado a mantener la armonía social, hizo algunos esfuerzos  para que los dirigentes de ARENA, principal partido opositor, llegaran a Casa Presidencial, pero tales reuniones tuvieron como única finalidad obtener su aval a un millonario recurso que aliviara al gobierno de las dificultades económicas que  aún penden, como espada de Damocles, sobre la calificación de riesgo-país que ya casi ronda en ser declarados como un Estado poco confiable para recibir créditos internacionales, o para colocar letras del tesoro en los mercados bursátiles. No hubo jamás una auténtica mesa de diálogo y el año transcurrió en declaraciones vacías e intentos que no pasaron de ser buenas intenciones. Y de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

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Precisamente, la grave situación financiera, aún pendiente de resolverse, se convirtió en  gigantesca  piedra de amolar donde las partes diversas afilaron más sus dardos y ataques, con manifestaciones de choque y arengas de diputados oficialistas, empecinados en culpar e irrespetar a la Sala de lo Constitucional hasta el punto de afirmar que sus magistrados han pronunciado “sentencias abusivas”, pero sin explicar el fundamento de esos criterios, impropios de  los llamados “representantes del pueblo”. Otro campo de esta confrontación sin tregua, sucede con la evidente injerencia del Órgano Ejecutivo en asuntos que competen exclusivamente al Órgano Judicial y al Ministerio Público, específicamente la Fiscalía General de la República, en ciertos casos de corrupción y enriquecimiento ilícito de varios funcionarios y exfuncionarios, que por ser de amplio conocimiento público nos abstendremos de alargarnos en dicho tema.

Para colmo, como cereza en el pastel del año 2016, hace pocas semanas, el gobierno, por medio del ramo de Trabajo y Previsión Social, dejó sin efecto a representantes de trabajadores y empleadores, legal y debidamente elegidos, sustituyéndolos arbitrariamente con representantes “sindicalistas” reconocidos por sus nexos con el partido de turno, por ende, incondicionales a los dictados que emanen de la esfera oficialista, quienes sin el aval de representantes de los empleadores, aprobaron inconsultamente un decreto de salario mínimo para los rubros productivos del país, mismo que no se adecua ni a la realidad de la masa trabajadora, ni a la realidad económica actual del país. Vista la ilegalidad con que actúa ese Consejo Nacional del Salario Mínimo “exprés” y analizados los efectos perjudiciales de ese incremento para las empresas medianas y pequeñas, arribaremos al 2017 con posibilidades de que cierren fuentes de trabajo, se reduzcan personales y otras calamidades para el país, con lo cual queda evidenciada, otra vez, la ausencia  de buena voluntad para encontrar soluciones armónicas. En cambio, el gobierno ha expresado amenazas que conllevan amedrentar la iniciativa privada, elaborar una burda propaganda antiempresarial, reiterar sus ataques desfasados a “la oligarquía reaccionaria” y preparar marchas de choque contra empresarios, medios de comunicación y partidos opositores. ¿Seguiremos con esa mala voluntad en 2017? ¡Dios guarde!





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