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Editorial & Opinion

Nicaragua

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 29, mayo 2018 - 12:00 am

En ocasión que se celebran los 200 años de nacimiento del genio de Carl Marx, Daniel Ortega Saavedra nos muestra que lo dicho por aquél fue una patraña. Sesuda, sin duda y también muy humanista, pero irrealizable.

Si le parezco grosero mire el desarrollo económico impresionante de la China comunista, Vietnam e incluso la apertura a la empresa privada por parte de Cuba, y en contraparte, Corea del Norte y Angola, colgadas en la historia.

Quizá eso de patraña no sea para nada una valoración académica, pero ya nadie quiere ser comunista solo aquellos a los que les llegó tarde El Capital, los que nunca sufrieron bajo el comunismo o los que tienen alguna dolencia cerebral.

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El comandante Daniel Ortega, sí que supo que en el comunismo nadie progresa, no se crea riqueza, se generan grandes masas de pobres, el país cae en quiebra, la inflación se dispara, etc. Por eso amo a Daniel Ortega, porque es la muestra viviente de que el capitalismo ganó la partida. Pero solo por eso. Por lo demás me parece reprochable: destruyó la incipiente democracia de un pueblo ansioso de ella.

Al comandante no se le olvidó su pasado dictatorial y eso ha sido el gran clavo que ha hecho que ahora, aprovechando el pueblo la indignación que causó el aumento en los porcentajes de cotización al seguro social y las pensiones, se lancen ya no para pedir la reversión de esa medida, sino la salida del dictador millonario y su extraña esposa.


Es hermoso ver al pueblo, sin dirigentes aprovechados, lanzarse a las calles en esta nueva especie de revolución democrática, muy a tono con las llamadas revoluciones de colores: la Revolución de Terciopelo de la extinta Checoslovaquia (1989), la Revolución de las Rosas en Georgia (2003), la Revolución Naranja en Ucrania (2004 – 2005), la Revolución de los Tulipanes de Kirguistán (2005). Una de esas quiso llevar a cabo Andrés Manuel López Obrador en México, pero no le salió del color que quería, es decir, no contaba con los poderes enquistados en el país azteca.

Lo que sucede en Nicaragua me motivó a escribir este borrador de poema que encierra mi forma de pensar ante la situación actual:

Bella, frondosa y rica,

tienes una fascinación por los problemas.

Tu gente de hablar duro y raspado,

guarda en su corazón tanta ternura

como deseo de venganza,

sí, revancha por una historia harto ingrata,

muy latinoamericana,

¡pero es que cavas tu propia tumba!

Sales de una, te metes en otra,

y no hay imperios que culpar,

ni guerra fría, ni sucia;

eres tú la que labras tu senda,

nadie más.

Ahora tu pueblo, nuevamente,

en otra lucha por la libertad,

por quitarse la bota de un excomandante,

ahora descarado multimillonario.

Antes con un presidente gordo y ladrón,

en los 80 contra la locura heredada de Marx,

más antes con la guerra fría

bajo la égida de Washington y

los bigotes lascivos de los Somoza.

¿Cuándo pararás de sufrir?

¡Hoy es cuándo!

No le eches la culpa a nadie,

la culpa ha sido tuya.

¡Ahora sí!, bebe de la democracia,

aliméntate de la república.

No hay otras opciones.

No hay otras vías.

No desfallezcas.

Sigue adelante.

Esta revolución pacífica que está siendo masacrada en Nicaragua (espero que a Daniel Ortega no se le resucite el peor de los demonios comunistas que aún habitan su tormentosa mente, y ordene una versión centroamericana de la masacre de la plaza de Tianamen), no va a tener futuro si no hacen lo que corresponde. Ya lo vi fracasar en México con AMLO y ya lo vi acá en Honduras, con las antorchas y con los movimientos después de las elecciones de noviembre del año pasado.

Si quieren sacar a Daniel Ortega, tendrán que sentarse todos y paralizar el país y para eso se necesita una mega organización, no solo la espontaneidad y el buen deseo.

Lindos son los discursos contra Ortega, pero éste bien sabe que solo es cuestión de paciencia y de compra de voluntades, más las comisiones de diálogo que no llegan a nada.

Así, sin darse cuenta, todo se diluye y vuelve a la normalidad y tendremos de presidenta a Rosario y sus chayopalos.




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