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Editorial & Opinion

Nicaragua despierta a un paradigma de libertad

Haroldo Montealegre / Economista nicaragüense

miércoles 20, junio 2018 - 12:00 am

Nicaragua despertó este 18 de abril, fue de manera repentina. El catalizador fue el anuncio del plan del Gobierno para cubrir el saqueo del Instituto de Seguridad Social. Las universidades protestaron, y el Gobierno reprimió, y espontáneamente se unieron millones de nicaragüenses. Ortega decidió aplastar las protestas, las marchas, y los tranques usando a la policía y a la Juventud Sandinista para disparar a mansalva contra la población civil. La población tuvo una epifanía, sus ideas y creencias cambiaron y ya no eran compatibles con la presencia de Ortega en el poder. Cada vez que Ortega recrudece la represión aumentan los tranques y más policías abandonan sus puestos.

A esta fecha hay más de 160 muertos por la represión y más de 1,000 heridos. Ortega ya perdió la calle, lo abandonaron sus aliados internos, y el ejército anunció que se quedará en sus cuarteles. Daniel Ortega ha gobernado Nicaragua desde 2007, pero no ganó las elecciones, llegó a la presidencia con una pequeña pluralidad porque Roberto Rivas, hoy gran propietario inmobiliario en España, entonces presidente del Consejo Supremo Electoral, no contó los votos en dos zonas liberales, y declaró a Ortega ganador. El Partido Liberal, que representa el 60 % de los votos, se dividió en dos en estas elecciones por rencillas personales y acusaciones mutuas de corrupción entre dos caudillos liberales; pero, aún así, estos votos no contados equivalían al 8 % del total y le habrían dado la victoria a uno de los dos candidatos liberales. El periodo de Ortega terminó en 2012 y la Constitución no permite la reelección, pero Ortega sigue en la presidencia con un simulacro de legalidad.

Ortega y Murillo son fieles creyentes y principales exponentes e impulsores a nivel mundial de una ideología totalitaria que es un sincretismo marxista-absolutista-patrimonialista-esotérico-supersticioso-corporativista que no admite desviaciones. Tal como exige esta ideología, los otros poderes del Estado, al igual que las dependencias autónomas, los órganos de investigación y las alcaldías están subordinados en todas sus decisiones a Ortega y Murillo. Hasta hace unas semanas, y desde 2007, varios líderes empresariales consideraban esta ideología como una utopía exportable. Algunos de estos empresarios se deslumbraron con el contenido corporativista de esta ideología, y dos bancos comerciales fueron copartícipes y cómplices en la implementación del patrimonialismo.

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Esta ideología totalitaria produjo resultados previsibles que se reflejan en los indicadores internacionales. En 2017 Nicaragua estaba en la cola, número 151 en transparencia, número 100 en libertad económica, y apenas un 47 % de cumplimiento con los derechos civiles y políticos.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), por petición del Gobierno, y en calidad de mediador y testigo, organizó un diálogo entre Ortega y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia que comprende a toda la sociedad civil; la agenda de este diálogo contiene la inmediata suspensión de la represión de la población, la salida constitucional de Ortega y Murillo mediante renuncia, elecciones generales supervigiladas en los próximos meses y un nuevo Consejo Supremo Electoral. El CEN anunció la próxima reunión para este 15 de junio. Un acuerdo en el diálogo sería el mejor escenario para todos.


La decisión de la población de rechazar de manera absoluta la ideología totalitaria, la administración de Ortega y Murillo, la corrupción y a los caudillos en general, y de exigir la vigencia inmediata de un paradigma de libertad con Estado de Derecho, justicia, igualdad ante la ley, e igual dignidad para todos es un hito en la historia de Nicaragua. Para los gobiernos democráticos anteriores a Ortega estos conceptos eran meras palabras, no implicaban compromiso, y se podían torcer al gusto del caudillo en el poder, o del caudillo del partido. Con estas nuevas actitudes, con estas nuevas normas de conducta que la gran mayoría de Nicaragua exige, y sin duda harán una realidad, se le terminó la fiesta a Ortega – Murillo, y también a los caudillos de partidos que tendrán que aceptar la democratización, a los corruptos, y a los que quieren vivir de privilegios y ventajas legales o judiciales.

Con este nuevo paradigma Nicaragua puede en poco tiempo estar al nivel de Costa Rica en los indicadores internacionales, respectivamente: 38, 57, y 91%.




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