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Editorial & Opinion

Nicaragua: despierta y echa a andar

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

martes 24, abril 2018 - 12:00 am

Nicaragua, el país centroamericano con aparente mayor estabilidad política y con una relativa dinámica positiva de crecimiento económico durante los últimos años, en un tris se ha deslizado hacia un escenario de estallido social y de convulsión política. ¡Porque una olla de presión se ha destapado!

Las jornadas de lucha campal, desde el miércoles 18, en las calles de Managua, capital del país, y en otras ciudades importantes como León, Masaya, Chinandega, Bluefields y Estelí, estarían sugiriendo que se han liberado energías sociales contenidas durante mucho tiempo. Y ha sido la juventud universitaria, sobre todo, la que se ha puesto al frente de las protestas.

El detonante ha sido la reforma a la seguridad social efectuada por el régimen encabezado por Daniel Ortega, que elevó de 6.25 a 7 por ciento la cotización a más de 900,000 trabajadores afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. Además, a las pensiones se les deducirá el 5 por ciento para pagar el servicio médico.

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Sin embargo, sería un grave error de interpretación reducir la potencia de la insubordinación de este momento al tema de la seguridad social. Lo que al parecer se ha producido es una convergencia espontánea del desencanto general de los nicaragüenses.

Porque no es que se hayan olvidado las diversas irregularidades con los procesos electorales de los últimos años. Es que el descontento no pudo ser canalizado de forma efectiva en aquel momento.


Tampoco quedó en el olvido del imaginario colectivo el desafío campesino de los años recientes a las pretensiones de la construcción de un canal interoceánico que atravesaría el lago Cocibolca (un cuerpo de agua dulce de 8264 kilómetros cuadrados, apenas un poco más pequeño que el lago Titicaca, ubicado entre Bolivia y Perú) que provocaría, de materializarse, daños irreparables a los ecosistemas de todo el entorno. Esta obra de infraestructura multimillonaria (con una inversión faraónica de cerca de 50,000 millones de dólares) que sería ejecutada por una empresa de origen chino, y que ya cuenta con un instrumento legal para su implementación, se ha encontrado con la férrea resistencia de un reciente tejido organizativo que ha logrado ganar prestigio social y vocería independiente. Con el despliegue de las protestas estudiantiles y populares que rechazan en primer lugar la reforma a la seguridad social y en estos días enfrenta la represión policial y militar y la censura a la libre expresión, es previsible que se desencadenen nuevas jornadas de lucha contra las pretensiones de construir el canal interoceánico. La convergencia de estos dos escenarios, el de la lucha contra las reformas negativas a la seguridad social y el de la lucha contra el proyecto canalero podrían configurar un cuadro político delicado y convulso, de impredecibles consecuencias.

La represión gubernamental, frente a las protestas, quiso en un par de horas sofocar el alzamiento social, pero la fogosidad y la creatividad estudiantil y popular impusieron un ritmo propio a los hechos. La sola circunstancia, aunque se trata de situaciones diferentes, de que haya una simultaneidad de movilizaciones y acciones combativas en distintas ciudades de Nicaragua recuerda el panorama insurreccional de 1978, después del asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro, en enero de ese año, que anunció el derrumbe, el 19 de julio de 1979, de la dictadura encabezada por Anastasio Somoza García.

El rechazo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y del grueso de las instancias gremiales del sector privado a la respuesta violenta que ha dado el gobierno nicaragüense indica la debilidad del régimen político. Porque la jerarquía católica y los más prominentes empresarios nicaragüenses, de facto, han sido durante todo este tiempo factores de estabilidad para una gestión gubernamental que quizá solo de nombre tiene algunos ecos de lo que hubo entre 1979 y 1990.

En Centroamérica, después del fin de las guerras en la primera mitad de la década de 1990, solo en El Salvador y en Nicaragua las fuerzas políticas de origen guerrillero, el salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el nicaragüense Frente Sandinista de Liberación Nacional lograron conformar relativas mayorías electorales y aún ostentan los gobiernos de sus respectivos países. Empero, las esperanzas ciudadanas que los auparon, a estas alturas, se han desinflado y tienden a desdibujarse.




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