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Editorial & Opinion

Nicaragua y el socialismo agonizan

Jaime Ramírez Ortega / Consejero legal y de negocios

sábado 28, abril 2018 - 12:00 am

El descontento de los jóvenes universitarios y el resto de la población nicaragüense que enérgicamente están protestando por las calles de Managua, es la evidencia del mal rumbo que Daniel Ortega y su vicepresidenta han estado desarrollando desde que llegaron al poder en el año 2007 que, por cierto, se han embriagado tanto del ejecutivo que no tienen en sus planes inmediatos abdicar a la monarquía que a fuerza de doblegar la Constitución adquirieron, fisurando la cláusula pétrea de la alternabilidad en el poder, al reformar la carta magna a su favor.

Es así como debilitaron el sistema de gobierno que es Republicano, Democrático, Participativo y Representativo, dado que la soberanía nacional reside en el pueblo y la ejerce a través de instrumentos democráticos, decidiendo y participando libremente en la construcción y perfeccionamiento del sistema económico y político. De modo que Daniel Ortega con su compañera, Rosario Murillo, no solo se han perpetuado en el poder, sino que socavaron el sistema democrático, al tomar el control del Poder Legislativo, Poder Judicial y el Poder Electoral.

Con ello lograron crear leyes, reformar la Constitución, remover ministros, nombrar magistrados a la Suprema Corte, y designar magistrados al Poder Electoral, para allanar el camino al Socialismo del Siglo XXI, por medio del “populismo” como instrumento especial. Lograron así convertir al Estado en asistencialista, es decir, multiplicar a los pobres y crear en ellos una dependencia absoluta del Gobierno Sandinista, lo cual me remonta a la historia cuando los colaboradores de Stalin, preocupados por la rebelión popular que se dio en la Unión Soviética, decidieron pedirle consejo para evitar la división y el descontento. Stalin les recibió y, sin mediar palabra, los llevó al patio de su casa y tomando una gallina que deambulaba por allí, procedió a arrancarle todas las plumas. Luego puso la gallina en el suelo y exclamó: “ya eres libre”; pero el ave, con la piel dañada, el alto frío y el dolor causado por el suplicio, no hizo otra cosa que pegarse a los zapatos de su torturador, tratando de abrigarse con la tela de sus pantalones.

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No obstante, todos sus colaboradores pensaron que la gallinácea saldría huyendo después del brutal acto. Stalin les explicó que el ejemplo representaba la base del socialismo para controlar a la ciudadanía: “Igual que la gallina, el pueblo humillado se postraría ante él suplicando sobrevivir, cuanto más lamentables fueran sus condiciones de vida en un escenario de terror”.

De manera que el mensaje de Stalin era claro: crear una sociedad sumisa, aterrada y totalmente dependiente del Estado para someterla con facilidad como la gallina desplumada.


En consecuencia, el terror y la miseria han sido la esencia en todos aquellos países que abrazaron de forma ciega el Socialismo del Siglo XXI, como el caso de Argentina, que iba directo al fracaso. Bolivia, con grandes riquezas naturales, ha perdido el empuje económico y se encuentra estancada con un dictador como lo es Evo Morales que únicamente ha trabajado para que su estilo de vida y la de los suyos mejoraran sustancialmente, al grado que tiene resuelta económicamente su vida y la de su familia, hasta la cuarta generación.

Igual sucedió con Ecuador, Cuba y Venezuela, que fueron países que en su tiempo destacaron en la economía, y se veía el progreso de sus habitantes; pero después que el socialismo se instauró, no solo perdieron las riquezas, sino que sus economías se fueron deteriorando tanto que los ciudadanos no tienen una vida digna, por ejemplo: en Venezuela, el ingreso integral diario, equivalente a 26.583 bolívares (USD $0,26), cubre apenas para comprar un café o una empanada.

Así que lo que está ocurriendo en Nicaragua, no solo es por las políticas abusivas de Daniel Ortega, de aumentar la cuota patronal y laboral del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que traería como consecuencia un golpe enorme al bolsillo de casi un millón de trabajadores, de pequeñas, medianas y grandes empresas, así como a miles de jubilados.

Del mismo los nicaragüenses ya no soportan la grave situación social, el aumento de los precios de los servicios básicos, el desempleo, la desigualdad, la baja productividad, los recortes sociales, el deterioro de las pensiones, el estancamiento de los salarios, el aumento de la pobreza, la estanflación, la poca inversión en educación y salud, y la corrupción gubernamental, donde los únicos que han cambiado su vida al estilo realeza han sido Daniel Ortega y su familia. De manera que el malestar del pueblo por medio de las protestas es únicamente la suma de todas las miserias que ha llevado el socialismo a Nicaragua.




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