Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Niños (as) y adolescentes víctimas de las pandillas

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 17, abril 2018 - 12:00 am

En El Salvador, el país de las sonrisas, muere a diario un promedio de 1.3 niños víctima de las pandillas, según se desprende de un informe presentado por el Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA).

Según el CONNA desde 2012 hasta 2016 en el país murieron víctimas de las pandillas 2,400 niños (as) y adolescentes, es decir, un promedio de 480 por año, lo que arroja un promedio de 1.3 víctimas cada día.

Los datos más que alarmantes son realmente preocupantes, porque se sigue careciendo de políticas estatales de protección a la niñez y adolescencia. Y si las hay son poco conocidas y nada de efectivas. La niñez y adolescencia sigue siendo víctima directa e indirecta. Los matan o los dejan huérfanos.

publicidad

Hace unos 15 años aproximadamente cubrí una noticia relacionada con la muerte de Melvin Barrera, un niño de seis años de edad que fue asesinado en una cancha de fútbol de San Marcos. Los pandilleros intentaban matar a su padre y al no poderlo hacer decidieron matar al niño. En aquella ocasión entrevisté a funcionarios que de alguna manera tenían que ver con la protección a la niñez y adolescencia y todos coincidieron en la necesidad de endurecer las leyes para sancionar a quienes atentan contra la vida de los menores de edad, pero nadie habló de una política pública y concreta de prevención y apoyo a la niñez y adolescencia.

Han pasado muchos años y hasta ahora solo se tienen esfuerzos aislados. Cada institución tiene sus propias políticas, pero no hay una integral que incluya la prevención como eje transversal y con ello el acceso a la salud,  educación, recreación, sana convivencia, protección, etc.

Aquí hay grupos que se oponen al aborto y otros que lo promueven. Pero son muy pocos los grupos que promueven el acceso a la vida digna de niños (as) y adolescentes. A nuestra niñez y adolescencia hay que garantizarles una vida plena con justicia y dignidad. Niños y niñas deben vivir la ilusión de su edad, el Estado debe garantizarles la educación y la salud como principios fundamentales. Su convivencia debe materializarse en lo lúdico y el acceso a las condiciones propias de su edad. Obviamente para ello hay que generarle condiciones de vida a sus padres a través de  fuentes de trabajo y seguridad pública. Padres desempleados o expuestos al peligro cotidiano no pueden garantizar mejores condiciones a sus hijos.

A nuestros adolescentes hay que orientarlos debidamente a través de una educación integradora, donde tengan acceso a estudiar, al deporte, a compartir, a vivir tal cual es su condición de adolescente.

Sin embargo, al carecerse de una política estatal de apoyo a la niñez y adolescencia, la cual no basta con leyes o creación de instituciones, estamos violentando nuestra propia esencia de sociedad democrática. Estamos permitiendo que nuestra niñez y adolescencia sea víctima de las pandillas, cuyos integrantes, por cierto, en muchos casos son menores de edad o jóvenes y adultos que también fueron y son víctimas del sistema. Estamos repitiendo un círculo vicioso de consecuencias gravísimas.

Hay instituciones como el CONNA, el ISNA y otras que hacen esfuerzos, pero da la impresión que esos esfuerzos son reactivos y no preventivos. Las leyes mismas son reactivas a una acción y no preventivas. El sistema educativo salvadoreño no contempla como eje transversal procurar una prevención.

En verdad es alarmante que a diario muera más de un niño (a) o adolescente víctima de la delincuencia generada por las pandillas. En cualquier momento las víctimas pueden ser nuestros hijos o nuestros nietos.

Según el informe, la mayoría de niños (as) y adolescentes asesinados vivían en zonas proclives a la pobreza e inseguras. En esas mismas zonas la niñez y adolescencia es víctima de los desplazamientos forzados, situación que el gobierno se niega a aceptar. Solo en 2016, Educo afirma que 675 niños tuvieron un desplazamiento forzoso motivados por la violencia. Ese dato se queda corto, pues muchas familias se desplazaron en  silencio por el temor a represalias. En fin nuestra niñez y adolescencia, expuesta a morir a manos de la delincuencia, también es víctima de agresiones sexuales, amenazas y otros. En ocasiones hasta son forzados a cometer delitos. Pese a los esfuerzos aislados, seguimos careciendo de una política de Estado preventiva y protectora de nuestros niños y adolescentes.



RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.