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Editorial & Opinion

No debemos caer en la desesperación

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

viernes 4, mayo 2018 - 12:00 am

No hay duda que una gran parte de la población salvadoreña, está desencantada y hasta aterrorizada con la política tradicional, todo ello se debe a los múltiples desaciertos que han cometido y continúan cometiendo algunos políticos, como los despilfarros, contrataciones espurias, malversación de fondos públicos, enriquecimiento ilícito, corrupción, compra de voluntades, viajes inventados y el drenaje de los bienes del Estado,  que  se da cuando un funcionario público, capta comisiones por medios de testaferros para asignación de compras o contrataciones de servicios o bienes públicos.

En síntesis, este es el escenario que repudia la ciudadanía y con justa causa, pero no por ello se debe caer en la desesperación y depositar la confianza en neófitos y mucho menos en una persona con delirios de grandeza. No se le puede otorgar un cheque en blanco a ningún partido político ni a persona alguna, como se hizo con ARENA, dado que todos sabemos cuál fue el desenlace de cada una de las administraciones, donde dos expresidentes fueron procesados, y uno de ellos (Tony Saca) está enfrentando a la justicia por atribuírseles presuntamente los delitos de lavado de dinero y malversación, por más de $300 millones.

Las personas cansadas de los actos de corrupción cometidos por algunos funcionarios de ARENA, en aquel entonces, decidieron darle un cheque en blanco al FMLN, para que tomara las riendas del país, así fue como arribaron en el año 2009. Con la esperanza que las cosas fueron diferentes, pero nueve años después de llegar al poder, el FMLN no solo ha demostrado incapacidad, sino que han sido tolerante con la corrupción cometida por algunos de sus funcionarios. Al grado que no solo dejó que se marchara el expresidente Funes, hacia Nicaragua, sino que le aconsejó que abandonara El Salvador.

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Es así como fue procesado a la distancia por el delito de enriquecimiento ilícito, del cual fue condenado y obligado a devolver el dinero mal habido al Estado. Sin duda, la película de presunta corrupción en contra del primer presidente del FMLN, continuará y seguirán saliendo más actores contaminados con el germen de la corrupción. Que por cierto no es propia de una ideología, sino de hombres cegados del entendimiento, que deciden vender su honor, trayectoria y prestigio, por el amor a las riquezas mal habidas.

Bien lo decía el Apóstol Pablo, al joven Timoteo, que practicara la piedad en la cual hay contento, y que no pusiera su confianza en las riquezas, “porque raíz de todos los males es el amor al dinero”. Indudablemente el dinero bien habido, por medio del esfuerzo y los talentos, no es malo. Pero si es malo idolatrar al dinero, peor aún, solo comparado con una maldición, es robarle a un pueblo tan pobre como lo es El Salvador, pero más tarde que temprano tendrán que dar cuentas, no a un tribunal humano, sino en la presencia del único Dios verdadero, el Señor Jesucristo.


Ahora bien, como pueblo salvadoreño debemos ser sabios para elegir al próximo presidente 2019. Y no caer en posturas ansiosas ni desesperadas, porque esa misma condición se tenía cuando llego el FMLN, al poder, y ciertamente el país ha sido mal administrado. Por lo que siempre he creído que una nación, educada, que investiga, se culturiza y se informa sin sesgos, puede elegir de mejor manera a sus gobernantes, ya que no los elige por imposición, ni por ideología, tampoco por discursos bien elaborados, ni porque habla bien en público, mucho menos se elige a un presidente por su popularidad en las redes sociales.

Sería un craso error elegir a una persona, que su capacidad se ve reducida a la polémica, al show mediático, al circo romano, como medio de adormecer al pueblo, como lo hacía la antigua Roma, únicamente para adquirir popularidad, y claro está, que la popularidad, no es sinónimo de capacidad, ni de liderazgo.  De manera que, a un presidente, se le debe elegir por; su honradez, prestigio, por su nivel intelectual de proponer soluciones concretas a los grandes problemas que aquejan al país, por su liderazgo y capacidad de lograr unir a la nación a pesar de las diferencias ideológicas.

Debe ser una persona que no esté siendo cuestionada por mala admiración de recursos públicos, ni despilfarros, si ha sido funcionario. Así que, El Salvador, debe despertar y no dejarse engañar una vez más por nadie, ya que opciones siempre habrán, lo que se necesita es hacer un escrutinio más amplia de los posibles contendientes.




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