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Editorial & Opinion

No es lo mismo verla que…

Ruth Eleonora López / Máster en Derecho Societario y en Derecho Electoral.

jueves 25, enero 2018 - 12:00 am

¿Cómo está eso que los ciudadanos sorteados para integrar las Juntas Receptoras de Votos no quieren asumir la responsabilidad que el país –digo, la Sala de lo Constitucional- les ha confiado?

Hace unos años en una entrevista televisiva uno de los magistrados de la Sala de lo Constitucional dijo que las sentencias se emitían escuchando el clamor ciudadano; sin embargo, parece que los que clamaban no eran tantos o los que clamaron lo hicieron para que otros asumieran la responsabilidad. No debemos olvidar que la despartidización de los organismos electorales temporales no devino de una demanda presentada por los ciudadanos, sino de una consideración de oficio de la Sala de lo Constitucional, en un proceso en el que se pedía revisar la integración de la quinta posición con la participación de todos los partidos políticos y candidatos no partidarios contendientes y no solo los que tenían representación legislativa.

A lo hecho pecho, quienes carecen de “afiliación partidaria formal”, es decir no están afiliados a un partido, deberán asumir la tarea ya que no hay manera de verificar la vinculación real (o material como ha dicho la Sala de lo Constitucional) de cada uno de los 28,716 ciudadanos convocados por sorteo a llenar los espacios para la integración de las Juntas Receptoras de Votos que no pudieron cubrir los partidos con sus propuestas. El fin es un tanto hipócrita y mojigato y por ende muy difícil, por no decir imposible: garantizar la “asepsia” de los miembros de la mesa; sin embargo, es lo que tenemos por marco de actuación del TSE.

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La formulación “despartidizada”  de los organismos electorales temporales no es exclusiva de El Salvador, así como la “partidizada” tampoco lo era, aunque sí es minoritaria. En España las mesas electorales están compuestas por tres ciudadanos elegidos por sorteo entre todas las personas censadas en la sección correspondiente; en México se integran las mesas directivas de casilla a partir de dos procesos de insaculación, la primera parte de una selección al azar del 13 % entre las personas inscritas en el listado nominal, según mes de nacimiento y el segundo por la letra del primer apellido –mes y letra obtenidos por sorteo público-; en Costa Rica y Paraguay son propuestos por los partidos políticos con candidaturas inscritas; en Alemania es por sorteo y cualquier ciudadano mayor a 18 años puede inscribirse voluntariamente en su distrito para colaborar en el proceso de votación; mientras que en Francia son los funcionarios públicos los que integran las mesas.

En ninguno de los casos expuestos uno de los motivos de exclusión para la integración de las mesas electorales es estar afiliado a uno de los partidos contendientes; en algunos no podrían si tienen cargo de dirección partidista o formar parte del equipo de campaña de candidato no partidario.

En todo caso, debemos ser claros y no escandalizarnos: el diseño del sistema electoral salvadoreño tiene como base a los partidos políticos y sus amplias maquinarias de movilización han hecho frente, por años, a una tarea despreciada por los demás… hoy vemos claramente este contraste, llegando al punto de escuchar a profesionales y empleados públicos expresar que prefieren pagar la multa u otros casi orando antes de consultarse en la base de datos del TSE; tal parece que las elecciones fueran cosa solo del TSE, partidos políticos, candidatos y no de los todos los ciudadanos.

Las Juntas Receptoras de Votos no “cuidan votos”, sino que constituyen un pilar para garantizar la voluntad del elector, son la máxima autoridad en el desarrollo de la votación y el escrutinio preliminar, legitiman el acto electoral, brindan credibilidad y trasparencia. No es menuda la responsabilidad que se les atribuye y, aunque la capacitación es de suma importancia, lo es aún más la conciencia ciudadana, la incorporación de los valores cívicos en cada uno de nosotros y la comprensión de nuestro papel en la construcción democrática; expresarse en redes sociales no es suficiente. Hasta que nos hagamos responsables de nuestras obligaciones seguiremos viendo a los “otros” como los culpables de todo. Por tanto a lo que nos toca, sin tanto berrinche.



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