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Editorial & Opinion

No fue diferente

Rafael Domínguez/Periodista Rafael Domínguez/Periodista

Miércoles 7, Septiembre 2016 - 12:00 am

OPINION

La oferta de Mauricio Funes en su campaña fue: “ahora será diferente” y nos vendió a los salvadoreños la esperanza de un cambio de gobierno para poder encontrar lo que desde mucho tiempo atrás hemos tratado de alcanzar: un país sin corruptos, dónde hay legalidad y dónde los que se enriquecen desde el gobierno tuvieran su fin de la fiesta.

Pero llegó el cambio y nada cambió, los corruptos siguen ahí, los abusos siguen ahí, los que usan recursos públicos para fines personales siguen ahí, los que hacen “business” con sus amigos ahí están, los que prestan nombres, los que se gastan el dinero en comilonas, los que falsean facturas, y hasta los que no son capaces de gastar un $1 de su propio sueldo para una papaya, están ahí.

Mauricio Funes, sea capturado o no, llevado a juicio o no, pasará tristemente a la historia como el que dijo que gobernaría con la Biblia en una mano y la Constitución en la otra, pero al final ni una cosa ni la otra; es más, entró a Casa Presidencial con una esposa y salió con otra; llegó pobre y salió millonario; entro sencillo y se convirtió en déspota; entró periodista y salió enemigo de la prensa; llegó con amigos y salió solo; entró promoviendo la transparencia y salió ocultando todo; un paso por la presidencia realmente triste para alguien que pudo haber hecho mucho más.

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La corrupción acapara, el dinero ciega, el poder envanece y a don Mauricio le ha pasado de todo, y nosotros ahora vemos que los pobres que defendía tanto en sus entrevistas, fueron solo un discurso, porque él no pudo vivir como pobre; utilizó el cargo para emular a los que tanto fustigó; utilizó el “éxito” político para cambiar de estatus social, para tratar de alcanzar lo que por cuenta propia no pudo; pero se le olvido que ese dinero gastado es del pueblo, el mismo que le dio el trabajo de presidente y que ahora le ve gastarse licores, zapatos, camisas y arte de lujo, mientras aún espera la prometida fábrica de empleos.

No se vale, el pueblo ha sido engañado, eso no puede seguir siendo el objetivo de la política; no podemos escuchar promesas

y luego ver cómo el prometedor simplemente recoge sus cosas, se larga en medio de la noche a una nueva vida y deja tras de sí más pobres, menos empleos, odio de clases, más deuda y más muertos en los cementerios; no podemos seguir los ciudadanos esperando promesas, aspirando a ser, mientras ellos, los que gobiernan, gobernaron y quieren seguir gobernando, viven mejor que el resto de salvadoreños que ahora pagan 22 impuestos más, precios más altos en todo y cada día con menos ingresos, menos trabajo y menos calidad en los servicios que se reciben.

No es contra Mauricio Funes mi argumento, sino contra lo que representa y contra el juego político en el que El Salvador ha caído, porque este juego lo están jugando todos y por igual; todos ven en el gasto público la excusa para robar, para vivir como realeza de sangre azul y sin pagar impuestos, sin trabajar y sin rendir explicaciones, no digamos demostrar resultados en favor de sus mandantes.

Como buenos cristianos no podemos perder las esperanzas y mucho menos la fe, porque sabemos que lo mejor está por venir, pero no será de la mano de los políticos de siempre, ni de los fanáticos ni de las ideologías, sino de los buenos hombres, ciudadanos honestos que compartan la visión de hacer las cosas diferente, que sabrán usar la política no con promesas sino con acciones reales en favor de la gente.

 




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