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Nacionales

“No podemos seguir pidiendo más violencia”

Yessica Espinoza

lunes 26, junio 2017 - 12:02 am

La criminología cultural, según María José Cornejo, trata de entender la trasgresión como una necesidad de expandir o cambiar las normas existentes en una sociedad porque estas no dan los resultados esperados. En el tema de las pandillas, Cornejo considera que el Estado y la sociedad misma deben reconocer que las políticas de seguridad públicas implementadas por el gobierno no están siendo funcionales, puesto que se basan exclusivamente en represión y no en otorgar las oportunidades para que estos individuos puedan recuperar “su identidad” encontrando un espacio en la sociedad. Cornejo sostiene que de todas las políticas de seguridad implementadas por los gobiernos, la denominada tregua entre pandillas es la única política que logró disminuir el nivel de homicidios, aunque critica que al proceso le faltó transparencia y sostenibilidad.

 

La criminología cultural ¿cómo ve la violencia y las pandillas del país?

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La criminología cultural trataría entender las razones detrás de la violencia. No podemos hacer aseveraciones uniformes sobre la violencia que ejercen las pandillas, hay crímenes pasionales por ejemplo; la violencia es bastante expresiva, no siempre cumple un propósito funcional, sino un propósito de expresar algo, por eso es que se dan expresiones de violencia que parecieran extremas e irracionales. Las pandillas podrían verse como la necesidad de un sector de la población de recobrar cierta identidad, de tener una posición en la sociedad, de ser escuchados, pero que lo están haciendo de una manera nociva y dañina tanto para ellos como para la sociedad. Entonces hay que ver por qué están llegando a este extremo de expresión, por qué están llegando a este tipo de daños. La criminología cultural intentaría entrar a estas comunidades, comprender la cultura de la calle, las fuerzas que están operando en las comunidades.

¿Qué factores están provocando estas expresiones?


Uno de los factores es la represión del Estado, cómo estos poderes se están configurando de manera que las salidas que le ven para revelarse, oponerse y resistir estas fuerzas es la violencia, que no cumple un propósito más que decir préstennos más atención o devuélvannos cierto nivel de dignidad.

También hay procesos económicos, el alto nivel de desigualdad porque cuando se analiza el fenómeno de las pandillas en el país, vemos marcadísimo el tener comunidades marginales frente a otras sumamente opulentas y esa brecha genera emociones, enojos y todo tipo de cosas subjetivas que impactan al joven, que es un factor para crear sociedades violentas.

Esta la falta de atención a estos jóvenes, que pareciera que a la sociedad no le importa y la manera en que se responde, que el Estado no da oportunidades, sino que está presente como una institución de control y de represión de comportamientos.

 

¿ Qué soluciones propone la Criminología Cultural para controlar el fenómeno de las pandillas ?

La criminología ve necesario abordar el tema desde las causales grandes y hacer esfuerzos en todas estas partes. Hablamos de la cultura de la sociedad, medios de comunicación que replican ciertas historias, el Estado con sus políticas y están las víctimas y victimarios. Por ejemplo, la educación por medio de la academia, que puedan entrarle a otras teorías o a ayudar a pensarlo de manera distinta, no solo pensarlo desde la perspectiva de control social. Desde lo medios de comunicación es necesario no replicar discursos que nos repitan la misma historia de la pandilla, el pandillero, es el culpable sin entender qué hubo detrás de cualquier evento criminal, ir más allá de solo el conteo de muertos, se debe tratar de comprender qué realmente pasó en ese suceso, pues cada uno tiene su particularidad. El Estado tiene la responsabilidad no solo de controlar sino de desarrollar a la juventud y de crear espacios y oportunidades para los jóvenes, tiene la responsabilidad de minimizar el daño social de sus propias políticas porque las políticas de represión generan un gran daño social porque los jóvenes que no están en las pandillas viven una violencia permanente de experimentar operativos que llegan a derribar las puertas de las casas, de ver a hombres armados todos los días.

¿Cómo podrá hacer eso el Estado?

El Estado necesita un cambio mental, un cambio de paradigma y para cambiar el paradigma del control, de que todo se trata de controlar a la sociedad, tiene que entender que hay políticas que están destruyendo el tejido social y están perdiendo el control por medio de ese rompimiento. Es un cambio de paradigma que se puede apoyar en instituciones académicas y que la sociedad debe pedir porque al final es la sociedad la que genera ese debate público. La sociedad pide que se minimice la violencia pero debe pedir una respuesta distinta y tenemos que partir de que lo que tenemos no nos está funcionando, sabemos que las políticas nos han generado más violencia. No podemos seguir pidiendo más violencia. Para mí que la respuesta para que el Estado cambie viene de la sociedad.

 

¿Cómo ve el papel de las autoridades de seguridad en el tema de las pandillas?

Las autoridades de seguridad deberían acercarse a las comunidades. Hay que aceptar que las pandillas tienen autoridad en las comunidades, eso es una realidad. Pero hay que partir que no será la violencia la que les va a arrebatar esa autoridad, sino que hay otras formas de mediar, de dialogar, entonces las autoridades deben acercarse a los líderes comunales, religiosos, por ejemplo, para encontrar formas de mediación para aplacar e ir retomando el control de las comunidades; pero para el Gobierno es muy difícil aceptar que las pandillas tienen autoridad y control pero no deberíamos de verlo como debilidad que ya el Estado no tiene el control, si hay que dialogar, hay que dialogar.

 

En ese sentido, ¿estaría la criminología cultural a favor de la tregua?

La tregua es un tema bastante complicado. De todas las políticas de seguridad que el Estado ha aplicado, la tregua ha sido la única política de seguridad que ha logrado disminuir el nivel de homicidios. Eso nos dejó una gran lección más allá de si es legal o ilegal dialogar con los pandilleros o si fue legal o ilegal los mecanismos de la implementación.

Hay que entender que el principio de diálogo funcionó, fue efectivo. Pero como se ha movido de que no nos vamos a ensuciar las manos negociando con actores criminales tenemos ese paradigma pero es injusto que el Estado venga a decir que no se va meter a dialogar con actores criminales y que la sociedad que sufre la violencia diga que no se va a ensuciar las manos, cuando esos diálogos son necesarios y dan estabilidad. Yo veo a la tregua como un experimento que valdría la pena repensarlo, quizás le faltó transparencia y claridad al proceso y por supuesto, hizo falta mecanismos que le dieran sostenibilidad. Un diálogo tiene que ir más allá de un cese al fuego, se tendría que crear oportunidades, involucrado a la policía de una manera más integral y al resto de la sociedad también.

 

Pero, después de la tregua, la criminalidad aumentó...

Eso se venia venir, precisamente por la falta de otros mecanismos. La tregua se manipuló de mil maneras. Habían varios discursos que se dieron a la vez: por un lado el presidente Funes decía que apoyaba al diálogo y por otro decía que no; enviaron una serie de mensajes mixtos que le restaron credibilidad. También, al no haber una estructura que le diera sostenibilidad de acuerdos y por último que al romper con la tregua, entran otra vez con represión y aún con más de la que había antes. Incrementó la violencia desde los dos lados, el Estado le dio un giro completo a la política que llevaba.

 

La policía arreció la represión contra las pandillas por medio de la FES, FIRT y GRP y aseguran que es necesario a la par de la rehabilitación. ¿Lo ve viable?

Yo veo contradictorio que el mismo Estado que busca eliminar hable de rehabilitar. No se puede hablar de que queremos rehabilitar y queremos erradicar, o se habla de una cosa o de otra. Claro que se deben regular actividades o controlar el crimen pero no hablar de erradicar grupos, porque es una materia bien peligrosa, porque nos podríamos convertir en Estado genocida cuando hemos designado a un grupo como culpable y buscamos su eliminación total y la sociedad también apoya y hay situaciones que se están saliendo de control como por ejemplo las ejecuciones sumarias. Hay que ir cambiando el lenguaje y reorientando el paradigma de cómo lo entendemos.

 

¿Es posible la rehabilitación de un pandillero?

La criminología cultural no ve al joven como desviado o teniendo una falla psicológica. Creo que lo que se tiene que rehabilitar es la sociedad, las condiciones que han permitido que estos grupos existan, entonces cuando hablamos de reinserción, por ejemplo, ¿reinserción a qué? ¿A una sociedad que condena, que es violenta, que no le da valor a las comunidades? Lo que necesitamos es rehabilitarnos todos para ser una sociedad más abierta a la juventud, a que el concepto de desarrollo vaya más orientado a las sociedades, no solo a carreteras, centros comerciales y se nos olvida la gente que es el centro de todo.

 

 

Perfil

María José Cornejo es salvadoreña y candidata al Doctorado en Criminología Global y Cultural en la Universidad de Kent, Reino Unido. Se graduó como Masters en Política Pública Internacional en la Universidad de Tsukuba, Japón y tiene una Licenciatura en Ciencia Política y Manejo de Negocios en la Universidad de Ozarks, Estados Unidos. Ha sido comentarista del libro “Pandillas como Movimiento Social” de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y conferencista en Washington D.C. con el tema “Mediación en Conflicto Criminal: Riesgos y Potenciales y la Tregua de Pandillas en El Salvador”, presentado en la Reunión Anual de la Asociación de Criminología Americana.




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