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Deportes

“No sentía orgullo al ganar una medalla porque no era con mi género”

Astrid Mejía

lunes 25, junio 2018 - 12:00 am

Enrique Arévalo practicó remo a nivel federado entre 2006 y 2007, disciplina con la que se colgó varias medallas, pero de las que nunca se sintió totalmente orgulloso al ganarlas en la categoría femenina, debido al binarismo enquistado en un deporte que encasilla a las personas de acuerdo a su sexo biológico.

“Nunca dejás de sentirte mal. Sí, de cierta manera estás acostumbrado a tener que fingir y tener que seguir el papel asignado por la sociedad, entonces de esa manera podés tener ciertas alegrías tal vez cuando vas avanzando en el deporte, pero en fondo es un sabor agridulce porque sabés que no estás ganando compitiendo como quisieras competir; no se te reconoce como lo que sos, sino que es como que estés interpretando un papel, como que estás actuando en una película y no sos vos, entonces no sentís la medalla 100 % tuya. Al menos en mi caso, no sentía orgullo al ganar una medalla porque no era con mi género”, expresó Enrique, un chico transgénero que optó por abandonar la práctica de este deporte acuático y dedicarse a sus estudios universitarios.

Al desenvolverse en distintos grupos sociales con poco o nulo interés en comprender la diversidad sexual y las teorías de género, en ese entonces Enrique había optado por mantener oculta su identidad de género, lo cual también lo llevó a ser objeto de acoso por parte de su entrenador, no escapando del trato sexista que viven muchas mujeres.

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“Incluso sufrí de cierta manera acoso, porque uno de los entrenadores me tiraba la onda por ratos, eso era súper incómodo para mí”, confiesa, asegurando, ahora que ya no esconde su identidad de género, que “jamás volvería a competir en una Federación a cambio de perder mi verdadera identidad”,

El día a día en los entrenos, donde los entrenadores deben sacar lo mejor del atleta trabajándolos física y psicológicamente, se convirtió en un suplicio, y no solo por tener que cambiarse en los vestidores de las mujeres, sino por el trato desigual al que son expuestos los atletas por su sexo.


Enrique soñaba con representar al país a nivel internacional, pero al aterrizar en que lo tenía que hacer con un nombre y un género que no siente como suyos, inmediatamente lo llevaba a querer bajarse del podio.

Continuó remando pero en otras aguas, escalando peldaños en el ámbito profesional, aunque éste tampoco escapa de reproducir los mismos estigmas y prejuicios sociales. El deporte y la sociedad le han quedado a deber muchas medallas a personas como Enrique.




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