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Editorial & Opinion

No tomen en vano el nombre de Dios en la campaña

Sherman Calvo / Publicista

viernes 16, febrero 2018 - 12:00 am

Me llama poderosamente la atención, cómo en tiempos de campaña algunos candidatos toman el nombre de Dios en vano como si nada. Candidatos a los que solo les falta andar con la Biblia bajo el brazo visitando el territorio. Otros, que proponen hacer obligatoria la lectura de la Biblia en las escuelas y nunca la han leído.

Me pregunto: ¿Adónde se va después toda esa “fe y devoción” electorera de ciertos políticos y funcionarios? Olvidan que en el Juicio Final no tendrán fuero que los salve. Dan gracias a Dios por todo, le  piden su bendición cada vez que hablan, o protección divina cuando van de visita al campo y hasta claman por un buen resultado electoral. Piden leer la Biblia y no saben ni siquiera quiénes  son los cuatro evangelistas.

Recientemente circuló el  video de un  ex presidente hondureño, al que se le olvidó la oración de EL PADRE NUESTRO!! Dijo rezándolo ante cámaras: “…perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los pecadores…”  y no pudo seguir. ¡Ya basta de tomar en vano el nombre de Dios! (El Padre Nuestro de Mel Zelaya/youtube.com)

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¿Cuál es el sentido de este mandamiento? ¿Es sólo una cuestión de dominar la lengua y de no mezclar el nombre de Dios en todas las cosas? Por ejemplo, cuando alguien estornuda, se dice: “Dios te dé salud”, Dios va y viene con nosotros: “¡Vaya con Dios!”, “¡Dios le pague!”, “¡Dios le ayude!”, “¡Si Dios quiere!”, “¡Por Dios!”, etc. ¿Será sólo cuestión de moderar un poco más la lengua? ¡No! El segundo mandamiento, “no decir en vano el nombre de Dios”, responde al clamor del pueblo. Quiere atacar y destruir una de las muchas causas de opresión que hacen sufrir y gritar al pueblo. ¿Cuál es esta causa?

El Faraón de Egipto hacía todas las cosas en nombre de su dios. En nombre de ese dios, se declaraba dueño de Egipto, de las tierras y de las cosechas. En nombre de su dios, se declaraba dueño del pueblo, de su trabajo y de su producción. En nombre de este mismo dios hacía sus guerras para dominar a los pueblos y robar sus riquezas como lo siguen haciendo. La invocación del nombre de los dioses encubría el robo, la injusticia, las mentiras. Esta era una práctica muy divulgada y ampliamente utilizada. Cualquiera y por cualquier cosa que hacía, invocaban siempre el nombre de su dios. No se preguntaban si Dios estaba de acuerdo. En la mente de ellos, Dios sólo existía para servir a sus intereses y continúa siendo así.


Cuando Dios asume la lucha contra los falsos dioses, muestra con claridad el sentido de su nombre. Es un nombre liberador. Con este nombre revela su compromiso de atender siempre al clamor del pueblo y de luchar por su liberación. Como dice en el libro de Salmos: “Me da nuevas fuerzas; me guía por senderos de justicia, haciendo honor a su nombre”. “Pues a mí se acogió, lo liberaré, lo protegeré, pues conoció mi nombre”.

La peor cosa que puede suceder es que alguien utilice el nombre de Dios  de la misma manera que el Faraón usaba el nombre de su dios, es decir, para dominar, oprimir y explotar al pueblo en beneficio de quienes lo toman en vano, como lo están haciendo algunos candidatos en la actual campaña… ¡Esto sería una mentira! Sería invocar el nombre de Dios para justificar el voto que piden. Es la cosa más vil que nos podemos imaginar. Por eso dice el segundo mandamiento: “No tomen en vano el nombre de Dios”. Y añade, “Porque Dios no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano”. Su nombre debe ser tomado con mucha seriedad.




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