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Política

“Nos estamos acercando a un Estado totalitario y es extremadamente preocupante”

Gerson Chávez

lunes 13, febrero 2017 - 12:00 am

Miguel Fortín Magaña, fundador del Movimiento Libertad

El exdirector del Instituto de Medicina Legal (IML), Miguel Fortín Magaña, uno de los fundadores del recién conformado Movimiento Libertad, explica que el movimiento surge como una reacción al hecho que la mayoría de políticos salvadoreños no están interesados en los problemas de la población. Plantea que el movimiento pretende comenzar a “despertar” a los salvadoreños para que se pronuncien contra los actos de corrupción y exijan políticos “honestos y capaces” en las instituciones del Estado.

 

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¿Cuándo nace el movimiento ciudadano Libertad?

Es un movimiento ciudadano que, como todos los movimientos, nace de forma espontánea hace algunos meses. Un día cualquiera, un grupo de amigos no reunimos y decidimos tomar la opción de empezar a hablar y opinar, al darnos cuenta que desafortunadamente los políticos no parecen interesados, por lo menos, la mayoría de ellos, en lo que le pasa a la ciudadanía. Pensamos que era el momento de comenzar a llamar a otros para despertar, para hacerles ver que, si la ciudadanía no se expresa, no opina, no advierte a los políticos sobre lo que está bien o está mal, pues nadie lo iba a hacer. La idea es defender la libertad, defender la libertad de opinar, de incidir, que la población pueda, a través de este movimiento en un momento determinado, denunciar lo que le está pasando.


 

¿El movimiento es de izquierda o derecha?

Creemos en las libertades. Creemos profundamente en las libertades. Todo el que cree en las libertades, bienvenido a nuestro movimiento. Pero ¿por qué atacamos más al gobierno de turno?: porque el gobierno es el que nos representa a todos, hayamos o no votado por él.

 

El movimiento plantea la defensa de la libertad, ¿considera que la libertad está en riesgo?

Absolutamente, subrayado y con negrita. Déjeme plantearle cuatro puntos que son evidencia de este riesgo inminente contra la libertad. El primero, al que aparentemente no mucha gente le ha dado importancia, es un planfleto que apareció en las escuelas donde el Gobierno y sus organizaciones de fachada llaman ya no adversarios, sino enemigos, a los medios de comunicación, a los partidos de oposición, a la Sala de lo Constitucional y a los sindicatos que no se pliegan a lo que ellos dicen. Esto, acompañado de una serie de medidas extraordinarias (de seguridad) que ilusamente la oposición ha acompañado al Gobierno. Digo ilusamente porque se tratan de medidas extrordinarias que evitan y limitan el control que se pueda ejercer sobre los dineros que el Estado gaste en esas medidas. Teóricamente, el Estado se compromete a dar una serie de informes en qué está gastando el dinero; pero, eso hasta el día de hoy no ha ocurrido.

Súmele también la advertencia que el Gobierno está haciendo de los comités de barrios, que son la mejor manera, a la usanza, venezolana o cubana para comenzar a controlar el quehacer, el qué decir de los ciudadanos en una determinada comunidad.

También, al menos tres veces en los últimos dos períodos (presidenciales) ha sucedido que Casa Presidencial, el Batallón Presidencial ha ocultado información. Siendo el primero el caso aquel famoso Ferrari, después el caso en donde es atropellado y muere una persona (carretera al Puerto de La Libertad) y una vez más llega el Batallón Presidencial y se lleva la camioneta involucrada. Después, resultó que según la Fiscalía el nieto del presidente de la República estaba involucrado en el accidente.

Finalmente, en Soyapango, un hombre es atropellado por otro vehículo de Casa Presidencial. Otro rotativo publicó respecto a que la esposa (del atropellado) decía que le habían cambiado la ropa y le habían cambiado los documentos a su esposo, que al final terminó siendo un abogado de la Corte Suprema de Justicia.

Esto nos hace sospechar que nos acercamos en un punto donde los funcionarios del Gobierno ya no tienen reparo en hacer caso de las leyes y estar llamando enemigos a los demás. Esto nos acerca a la posibilidad de un estado que llegue al totalitarismo. Nos estamos acercando a un Estado totalitario y es extremadamente preocupante.

 

A inicio de la semana Roger Noriega publicó el artículo “Se agrava el autoritarismo en El Salvador”, ¿comparte los planteamientos del autor?

Leí el artículo y en general me parece que estamos delante de una situación muy grave. Creo que el Gobierno también debe definir sus acciones porque, por un lado, anda pidiendo apoyo y ayuda de los Estados Unidos y, por otro lado, anda quemando banderas de ese país, eso no es lógico. Este gobierno juega a dos cucharas: socialista de día y capitalista de noche.

 

Ante estos casos que plantea y dado que la población no cuestiona ni se pronuncia, ¿considera que los salvadoreños padecen el síndrome del espectador?

Hay tres elementos que explican el comportamiento de los seres humanos sobre esto. Uno es lo que se llama la desesperanza aprendida, es cuando aprendemos a no tener esperanza, cuando creemos que nada va a cambiar. Entonces, nos quedamos impávidos, no nos movemos, ya no actuamos. Estamos cayendo en una desesperanza aprendida y eso un poco a lo que llevan los gobiernos totalitarios, porque eso es parte de la psicología de los gobiernos totalitarios. Los gobiernos totalitarios le enseñan a los ciudadanos que no es bueno pensar, disentir, que no es bueno opinar. Por eso, la libertad de prensa es tan imporante para continuar con nuestras libertades individuales. Después de la desesperanza aprendida, aparece el síndrome del espectador, que es cuando uno ve que están pasando un montón de cosas; pero, uno dice: ‘¿Y yo para qué me voy a meter en problemas?’.  El tercer elemento es muy sencillo: es el miedo. ¿Por qué un salvadoreño no actúa si no ha caído en la desesperanza aprendida? Pues, porque tiene miedo, ahora la pregunta es ¿a qué le tiene miedo?, tiene miedo de la indeferencia de los políticos, que las instituciones estén infiltradas por aquello que denuncia y por tanto no lo denuncia. Entonces, el miedo se genera delante de la impunidad y la corrupción porque, si las instituciones se corrompen, pues resulta que yo ya no puedo denunciar en una institución en la que creo que la corrupción existe. El salvadoreño está en una situación que ha dejado de creer en sus funcionarios y esto es algo muy triste.

 

¿Considera que en el país se está combatiendo la corrupción y las instituciones se han sumado a este esfuerzo?

Creo que hubo un regalo histórico, fue regalo de la providencia, fue que los políticos escogieron a cuatro magistrados (de la Sala de lo Constitucional) que creyeron que eran filiales de los dos partidos y no fue así. Es algo que los mismos políticos que no van a querer que vuelva a ocurrir. Los cuatro magistrados han cambiado las reglas, a pesar y en contra del Gobierno de la República. El Gobierno no les llamaría enemigos si estuviera de acuerdo con la transparencia que los magistrados han permitido que se esté llevando a cabo. Es decir, el combate a la corrupción, la transparencia, son producto de los magistrados, no del Gobierno. El Gobierno les llama enemigos a los magistrados.

¿Cómo ve los ataques contra la Sala de lo Constitucional?

El disenso, el no estar de acuerdo, se considera un delito en los estados totalitarios. Cuando los  diputados y los jerarcas de ese instituto político (FMLN) hacen referencia a que ellos no han dejado el socialismo como pensamiento y como ideario, pues también nos están diciendo claramente hacia dónde nos quieren llevar. Estamos delante de un peligro y, si los salvadoreños no hacemos algo, si no nos levantamos, pues no va a haber nada qué hacer. Todavía es el momento en que podemos hacer algo.

 

¿Qué es lo que debería hacerse?

Pues, dejar de ser espectador. Empezar a retomar la bandera de la patria. Retomar la bandera de la patria significa poder decir: no estoy de acuerdo o no acepto la corrupción. Los gobiernos en América Latina, aparentemente, se están olvidando que solo son empleados del pueblo, que mandatario no quiere decir que es el que manda, sino el que recibe el mandato del soberano que es el pueblo.

¿Cuánto cuesta la indiferencia?

Cuesta mucho, más que hacer algo. Hacer algo al fin y al cabo cuando nos vamos sumando y otro, pues, vamos cambiando al mundo, al país, a la familia. Por eso, el movimiento de nosotros pretende ser un movimiento de héroes, heroísmo es sinónimo de valentía. Ser valiente no es no tener miedo; ser valiente es tener miedo y teniéndolo enfrentarnos a esos miedos, es actuar, es levantar la voz.

 

¿Considera que el aumento de los movimientos ciudadanos se debe al desprestigio de los partidos políticos?

En gran medida. Pero hay una diferencia entre nosotros (como movimiento) y otros (movimientos). Nosotros no solo hablamos de la gran corrupción. Tenemos bien puestos los pies sobre la tierra. Sabemos que va a llegar alguien por un partido político, entonces, lo que tenemos que hacer es enderezar a los partidos políticos. No somos apéndice de ningún partido político y somos muy críticos con todos los partidos políticos. Somos críticos porque queremos que los partidos actúen bien. Necesitamos políticos honestos y capaces.

 

¿Cómo ve el trabajo de la Fiscalía en la investigación de los casos de enriquecimiento ilícito?

Es un trabajo complejo. Si alguien es un corrupto que vive como millonario, que fuma puro de millonario, que usa zapatos de millonario, ropa de millonario, viaja como millonario, pero ha sido un sinvergüenza que ha sabido esconder su dinero, poco puede hacer la Fiscalía. El enriquecimiento ilícito muchas veces no están fácil de investigar como uno quisiera. La Fiscalía tiene un montón de limitantes y un montón de casos que investigar.

 

¿Ve interés del Gobierno de fortalecer la Fiscalía General?

Yo oigo al secretario de Transparencia (secretario de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción, Marcos Rodríguez), que más parece secretario de propaganda, sumamente agresivo contra cualquiera que no opine como él o que no opina como el Gobierno, defendiendo la falta de transparencia cuando debería ser lo contrario. Entonces, uno se queda con un sabor agridulce dentro de todo esto.

 

¿Cómo ve los casos y denuncias interpuestas en la Fiscalía por espionaje?

En este momento y en este Gobierno se está tergiversando información de vehículos en accidentes y está habiendo micrófonos ocultos. Lo que es interesante es que los micrófonos estaban activos, es decir, no se trata de micrófonos ancianos que tenían 20 años de estar allí. Son micrófonos actuales, que están activos en este momento y que realmente tienen una tecnología, parecida, a la cubana o igual a la cubana, ahora yo no sé quién ha hecho eso. Eso habla del círculo del totalitarismo.

 

 

Perfil Miguel Fortín Magaña

Miguel Fortín Magaña es médico psiquiatra. Especialista en Psiquiatría Forense, exdirector general del Instituo de Medicina Legal (IML), jefe del departamento de Ciencias de la Conducta de la Universidad José Matías Delgado y profesor de psiquiatría en esa universidad. Exjefe de los departamentos de psiquiatría de la Universidad Evangélica de El Salvador y de la Universidad Autónoma de Santa Ana.




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