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Editorial & Opinion

Nuestra realidad: Desplazamientos forzados

miércoles 27, mayo 2015 - 12:00 am

Un informe del Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) señala que en 2014 un total de 288,900 salvadoreños tuvieron que abandonar sus hogares para huir de la violencia generada por las pandillas. Es decir, miles de personas tuvieron que ceder ante las amenazas de los pandilleros que desde hace años se han apoderado de comunidades en el país.

Al respecto la Fundación Cristosal, organización no gubernamental que trabaja en el tema del desplazamiento forzado en El Salvador, señala que al mes un promedio de 108 familias abandonan sus hogares por pánico a las pandillas. En muchos casos se van después de que uno de sus miembros ha sido víctima de los grupos criminales, entiéndase pandilleros.

Cristosal sostiene que las familias se van de sus hogares porque no quieren que sus hijos ingresen a las pandillas, porque han sido amenazados de muerte o porque no pueden pagar las extorsiones que les exigen. Lógicamente se van porque, rodeados de pandilleros, no se sienten protegidos por el Estado.

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Este desplazamiento forzado es un fuerte generador de más pobreza. Las familias se van a alquilar otras casas dejando las suyas que casi de inmediato se convierten en casas “destroyer” habitadas por pandilleros o familiares de éstos. Los hijos de estas familias forzadas a desplazarse son retirados de las escuelas, abandonan viejas amistades, se alejan de sus fuentes de trabajo y en muchos casos cambian por completo sus estilos de vida, pasando de la pobreza a condiciones de vida paupérrimas.

En algunas comunidades es hasta la misma Policía la que ayuda a las familias a trasladarse a otras zonas teóricamente menos peligrosas. Las patrullas policiales que deberían ser utilizadas para movilizar a agentes dando seguridad pública, por necesidad son usadas para ayudar a trasladar los enseres de quienes abandonan sus lugares de residencia. Hay familias que han tenido más de un desplazamiento forzoso dentro del territorio nacional, porque las pandillas han conformado una estructura que les permite tener control sobre todo el territorio, con tal fluidez que tienen vasos comunicantes que les facilitan encontrar a sus objetivos.


Los pandilleros se han tomado vastas áreas del país. El reporte de Cristosal sostiene que municipios como Cuscatancingo, San Martín y Mejicanos son los más afectados; sin embargo, desplazamientos forzados, con menos atención mediática, los hay en todo el país. Quienes tienen “mejor suerte” se desplazan hacia EE.UU. “aunque sea ilegalmente”. Hay centros escolares cuya deserción es de ca-si el 25%. Un director de un centro escolar de Apopa, me explicaba que en su escuela se matricularon cerca de 800 estudiantes y que actualmente hay menos de 600. Unos 200 alumnos, principalmente adolescentes, han desertado porque cambiaron de domicilio por temor a ser víctimas de las pandillas. A los varones los amenazan con desaparecerlos si no ingresan a las pandillas, mientras que a las jovencitas las amenazan con violarlas y desaparecerlas. Todos sabemos que casi en un cien por ciento estar desaparecido es estar muerto por obra y gracia de los grupos criminales.

Los desplazamientos forzados son un grave problema que el Estado salvadoreño todavía no acepta, aunque instituciones como la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDDH) a través del procurador, David Morales, sostienen que el fenómeno es un problema latente, muchas veces causante de la migración irregular hacia EE.UU. y otras naciones. La misma Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirma que las instituciones estatales deben buscar soluciones al problema de los des-plazamientos de personas a causa de la violencia.

Y es que los desplazamientos forzados son un grave problema que podría terminar cuando el Estado acepte que es un problema grave que merece soluciones inmediatas. Recuperar los territorios controlados por pandilleros, evitar asentamientos de grupos criminales en comunidades y combatir frontalmente la delincuencia a escala nacional, tal vez sean parte de esas soluciones para acabar con los desplazamientos forzados. Los salvadoreños merecemos vivir en paz y libertad.




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