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Editorial & Opinion

Odio a la fe

martes 10, febrero 2015 - 6:36 pm

Monseñor Romero pasará a los altares en el mundo entero como santo mártir, es decir, alguien que entregó su vida o prefirió morir, antes que renunciar o doblegar su fe; quienes le asesinaron trataron de callar su mensaje que intrínsecamente era y es el mensaje mismo de Cristo, del Evangelio, basado en el amor a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, principalmente al prójimo más necesitado y sufrido.

Esto tiene un significado importante para la vida de nuestro pueblo salvadoreño, no solo porque Romero es el primer santo que nuestra sociedad entrega a la iglesia, sino que es un modelo contemporáneo que nos demuestra que sigue siendo vigente el seguir y vivir como Cristo, tanto que hasta puede uno entregar su vida por esa fe.

También el mensaje del papa y de la iglesia Universal, nos dice que quien asesinó a Monseñor o quienes planificaron y encomendaron u ordenaron su ejecución en el fondo lo que estaban tratando de callar era el mensaje de Cristo llamando a la reflexión, como hace 2015 años el mismo Jesús lo hiciera contra los Fariseos y aquellos que decían amar a Dios pero su conducta era de odio y opresión.

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Pero hoy también existen otros que están dispuestos a matar la fe, cada día en las redes sociales, en el internet y en los mensajes políticos son más los que alzan su voz criticando la fe, pidiendo que Dios no entre en la política, que no se hable de Dios en las escuelas, que no se “mezcle” la religión con el Estado y otros más allá que dicen amar a Monseñor Romero y se regocijan porque es nombrado mártir pero en sus corazones promueven el aborto, los matrimonios homosexuales y muchas otras ideas que son contrarias a la fe, la misma fe de monseñor Romero y de millones de Cristianos Católicos y Evangélicos.

Vale decir que Romero es un santo para todos los Cristianos, que le pertenece a la Iglesia y a todo creyente en el mundo, porque su vida se vuelve un ejemplo a seguir, no el ejemplo de la religión sino de la fe, esa misma que trataron de matar pero que sigue viva y reclamando que más Católicos y Evangélicos salgan a demostrar con su testimonio de vida que las condiciones pueden cambiar, que el amor es base fundamental, que la familia y el matrimonio entre hombre y mujer son la base de la sociedad, que el orar en todo momento y circunstancia es la solución, que Dios en nuestro corazón inspirados en Jesús y con el poder del espíritu santo haría mejores funcionarios públicos, generaríamos mejores políticas públicas, cambiarían los partidos políticos, el respeto a los demás, bajaría la violencia porque la fe de Monseñor Romero no era de violencia, sino de comprensión, de amor y de justicia.


Los que ahora dicen bienvenido el santo por su mensaje “político”, solo se quedan en la parte superficial y conveniente del discurso, eso me atrevería a decir es ser cómplice de atentar contra la fe, porque no hay en Romero un mensaje a favor o en contra de un partido político o de una ideología electoral, el mensaje es a favor de la fe, del Cristianismo más puro, que no puede ser cómplice de la injusticia, del abuso de poder y mucho menos de la esclavitud, por eso quienes usen a Romero con su visión política y no desde la fe, le siguen matando, siguen atentando contra esa fe y el llamado aquí es a la conversión, a los principios y valores de lo que Romero representa desde la fe, una conversión a Cristo, al Cristo vivo capaz de abrazar al pobre, de dar el corazón, de compartir y enseñar, de cambiar las cosas por inspiración y no por la fuerza.

Romero es un santo porque su vida de fe y sus mensajes nunca se apartaron del contenido bíblico, de las enseñanzas de la palabra y de la experiencia mística del cuerpo de Cristo, jamás ondeó una bandera que no fuera la del evangelio, cuestionó al poder como todo cristiano debe hacerlo y lo haría hoy mismo si estuviera entre nosotros; cuestionaría sin duda la promoción de esas ideas de muerte, de esclavitud y de represión; cuestionaría las teorías económicas que limitan las capacidades individuales o que promueven la riqueza en avaricia y explotación, como también aquellas que convierten al Estado en un dios todo poderoso.

En Monseñor Romero, los salvadoreños, cristianos de toda denominación, debemos ver el futuro, no el pasado; debemos encontrarnos con esa fe y como la vivió este hombre que sufrió un martirio pensando en los demás; un santo como tú y como yo si tomamos la decisión de amar y cumplir los mandamientos, muy a pesar de que siempre existirán aquellos dispuestos a matar la fe.




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