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Editorial & Opinion

Olvido peligroso

Jaime Barba / Región Centro de Investigaciones

viernes 26, enero 2018 - 12:00 am

Los aniversarios siempre tienen algo de extraño, y es que con el discurrir del tiempo se va olvidando lo esencial de aquello que se conmemora. Hace 26 años la guerra terminó, hecho crucial para la configuración sociopolítica que vendría, y sin embargo las tribulaciones del violento presente hacen pensar que la paz anunciada aquel 16 de enero de 1992 en algún punto perdió el camino.

Hay quienes piensan que el fin de la guerra fue solo la firma de un documento entre dos grupos beligerantes. Esa es una exageración, pero de cuño negativo. La guerra es el fenómeno social más importante de la historia salvadoreña, por donde se le vea. Su génesis, su despliegue y su finalización ameritan una ponderación reposada. Es una verdadera lástima que el sistema educativo del país aún no sea capaz de mostrar a las nuevas generaciones tan trascendental circunstancia histórica, con la profundidad y la extensión que merece. Mucho del desconcierto actual (y el que vendrá) depende de este olvido por la historia inmediata.

La negociación estratégica que se articuló desde el segundo semestre de 1989 y que culminó con el Acuerdo de Paz del 16 de enero de 1992 no puede decirse que constituyó un lecho de rosas. Ni lo alcanzado fue lo óptimo. Se obtuvo lo posible en aquel momento y con aquella correlación de fuerzas, y puesto que se trataba de una confrontación político-militar de amplio espectro ,quedaron déficits en varios tópicos, y, claro, los extravíos después se hicieron sentir.

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El reclamo que hoy se hace al conjunto de acuerdos que pararon la guerra en realidad habría que trasladarlo a los actores principales del proceso (que son más de dos, por cierto), porque ha sido su falta de imaginación política la que ha terminado por situarnos en la posición en la que estamos hoy.

La velocidad y la contundencia de los hechos presentes, como sería la situación de la mujer policía herida y desaparecida desde finales de diciembre de 2017, constituye una muestra elocuente de las dificultades por las que atraviesa la institucionalidad del país. En este caso emblemático se juntan el fantasma de los hechos bochornosos del pasado protagonizados por el antiguo cuerpo policial que fue vector de atropellos e inequidades y los hechos recientes calzados por la fuerza policial nueva surgida después de la guerra, y que traía bajo el brazo la ilusión ciudadana de que la corporación policial sería otra cosa, es decir, garantía para la convivencia.


Los tiempos electorales que corren parecen olvidar los grandes temas que deberían debatirse. Las soluciones para la inseguridad, que gravita como una guadaña filosa, no están en las promesas de más cámaras para vigilar ni en el incremento del personal policial o militar para patrullar las calles. Si no se admite primero la naturaleza del desgarramiento social imperante, le estaremos pidiendo peras al olmo. A partir de este reconocimiento habrá de gestarse los senderos menos draconianos y de mejor calidad para salir de esta encrucijada.

Reprimir, de algún modo, es un expediente de fácil activación, pero auscultar la realidad material y social es un asunto que exige amplitud de miras y una esclarecida voluntad. Deshacer estos que se muestran como nudos ciegos no resultará nada fácil. Si se ponderan con calma y buen juicio los últimos cien años transcurridos en El Salvador, resulta que el ejercicio sistemático de la aniquilación del adversario político (y social) es una nota dura de la que nadie se quiere hacer cargo.

El clamor por la paz no prosperará si se esgrime el argumento maniqueo de buenos y malos. La restauración del tejido social es un asunto de años y exige un repensar profundo no solo del hecho de dónde venimos, sino hacia dónde queremos llegar y con qué instrumentos se piensa remontar la turbulencia social.

Un país como el nuestro, crucificado por los problemas, exige soluciones estructurales complejas que, hoy por hoy, las campañas electorales no aportan.

Olvidar esto es peligroso.




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