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Editorial & Opinion

Pasa mucho, pero nada cambia

Juan José Urbina / Economista investigador de Icefi / @Juanjourbina

jueves 9, marzo 2017 - 12:00 am

Al menos no de la forma en que debería. Durante los últimos años en nuestro país se han suscitado distintas crisis, pero poco se ha hecho para solventarlas. Enfrentamos una crisis social, la cual se ha caracterizado por la violencia generalizada que azota a la población (5,278 homicidios al cierre de 2016), mientras que las falencias generadas por el bajo dinamismo de la economía terminaron por incrementar la población que vive en una situación de pobreza (de 31.8 % en 2014 a 34.9 % en 2015), y ni hablar de la ola de migrantes que intentan buscar el sueño americano de forma ilegal. Lo social ha cambiado, para empeorar.

Por otra parte, llevamos cerca de tres años experimentando una crisis en las finanzas públicas. La cual, se distingue, entre otras cosas, por una falta de maniobrabilidad en el presupuesto (comprometidos $0.89 por cada dólar de ingreso); aumento en las brechas anuales de recaudación (en promedio $300 millones); un saldo de Letras del Tesoro (Letes) que llegaban a sus máximos históricos (sobrepasando los $1,000 millones en agosto de 2016), y una deuda por pensiones que no logra ser contenida (su saldo ha aumentado en promedio 17.5% durante los últimos cinco años).

Al hacer una revisión de las acciones realizadas para subsanar los problemas antes descritos nos damos cuenta que se han dado múltiples esfuerzos en los ámbitos tributarios; sin embargo, la mayor parte de dichas medidas han sido cambios administrativos, y pequeñas reformas a un puñado de impuestos que al cierre de 2016 aportaron solo $148.5 millones, de los cuales $30.5 millones son acreditables a las declaraciones del ISR. En forma complementaria, el ritmo de crecimiento de los tributos totales se ha acomodado en alrededor de 3 % anual. Por ello, los cambios para mejorar la recaudación fiscal y, por tanto, cerrar la brecha y aumentar el margen de maniobra de las finanzas públicas han sido dispersos. Poco ha cambiado en la recaudación.

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En segundo lugar, para pagar el saldo de las Letes (al cierre de 2016 alcanzó los $1,072.6 millones), fueron contemplados dentro del presupuesto únicamente $10.3 millones y $307 millones de endeudamiento vía Eurobonos. Con dichos montos se está dejando el pago del resto de Letes a la suerte de nuevas aprobaciones extraordinarias de endeudamiento y nuevamente presenta un escenario de poca transparencia en el manejo de la deuda de corto plazo. Poco ha cambiado en el manejo irresponsable de la deuda de corto plazo y en la transparencia presupuestaria.

Por último, el tema de pensiones continúa en pugna, y se sigue manejando como un tema disperso, en el cual las pocas propuestas buscan una sanidad financiera, pero no una solución para la seguridad social del país. De igual forma, nada logra llegar a consenso y por tanto, a pesar de llevar años en la mesa, nada cambia. La conjugación de falta de acciones para mejorar las situaciones antes descritas nos lleva a nuestra siguiente crisis: la crisis política, producto de la polarización, es hoy más fuerte que nunca. Muestra de ello han sido las casi fallidas mesas de diálogo fiscal entre el partido en el poder (FMLN) y su principal opositor (ARENA). Estos últimos se levantaron de la mesa en repetidas ocasiones, ya que solo estaban dispuestos a negociar sus propuestas y no a escuchar las del FMLN -aunque mucho se habla entre pasillos que su única propuesta era lograr la aprobación de los $1,200 millones de Eurobonos-. Lo político, continúa estancado.


Nos encontramos en marzo, pero al parecer aún se mantiene la resaca de las fiestas de fin de año. Todo continúa sin hacerse, al menos muy poco o nada se ha escuchado de cuál es la estrategia para 2017. Una aprobación de $550 millones en Eurobonos parece haber calmado las aguas y dar un pequeño respiro a una economía angustiada por encontrar una solución definitiva. Lo que los medios llamaban una crisis, ya ha dejado de serlo, ahora lo que enfrentamos son problemas estructurales. Se dice que cuando se administra mal el tiempo, el atender lo urgente no da espacio a lo importante. Pero en El Salvador seguimos sin atender lo urgente y mucho menos lo importante.




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