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Editorial & Opinion

Patria solo hay una

Ing. José Luis Chávez / Colaborador

viernes 14, septiembre 2018 - 12:00 am

Todos los ciudadanos que reclamamos nuestros derechos con verdaderos entusiasmos -lo cual está muy bien- nos olvidamos que los mismos son una fuente de obligaciones y responsabilidades a la vez.

Contribuir con ideas y planteamientos, constituye el primer paso para alcanzar metas, las cuales siempre se inician con el sueño de alguien como lo comprueba la historia.

¿Qué hubiese sido de los pioneros en todas las áreas de la actividad humana, si la autocensura o la pereza hubiesen puesto fin a tantas ideas que germinaron y mejoraron la calidad de vida de todos.

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Pensar y plantear soluciones, después de nuestra alma inmortal – es la diferencia que nos separa de las otras especies. Es por ello que el proceso de Soñar – Pensar – Estudiar – Proponer – Construir -, es una tarea de todos: improrrogable e irrenunciable.

Quejarnos quizá sea una buena forma de desahogarnos y responsabilizar a otros de nuestra propia suerte –pero nunca mejorará los destinos de la Patria– de este concepto que debíamos llevar tatuado en la piel del alma.


Patria es diferente a País: es ese lugar físico localizado en un territorio –pero que vive en nuestro corazón, aun cuanto estamos muy lejos– es un lugar de luz en donde nuestra memoria histórica y legado cultural nos vuelve fieros cuando se pronuncia irrespetuosamente el nombre de esta Bendita Tierra –como a veces escuchamos en medios de comunicación a personajes de todo signo ideológico– repetir como una frase acuñada: “en este País…” Muchas veces con un tono hasta despectivo –o al menos irreverente.

Es tantas cosas a la vez la Patria, que muchos seguramente podrán definir con más prestancia, pero que nadie debía poder sentir con menos emoción.

A veces, la verdad muchas –se ha pronunciado voces y propuestas que se han estrellado contra el farallón de la indiferencia, de la sordera crónica de los de detentan el poder.

Por estas razones existe una apatía colectiva –la cual piensa que no hay soluciones para los problemas de La Patria– de la misma con que soñaron los Próceres de nuestra independencia.

De los que la forjaron con su inteligencia, pero muchos más con su pasión.

Muchos nos hemos convertido en sujetos pasivos de nuestro destino –y esperamos que las soluciones lleguen por generación espontánea. Esto es una ilusión que nunca se concretará sin nuestro esfuerzo y diligencia.

No existen caminos fáciles, no hay garantías de triunfo absoluto, no hay alternativas posible que sustituya el esfuerzo de todos por llevar a LA PATRIA -a este pedazo de tierra que nos vio nacer– por rumbos nuevos en los cuales todos, absolutamente todos, dejemos de ser parte del problema, para convertirnos en piezas claves según nuestra capacidad de la solución.

Y he ahí la responsabilidad de los que más poder tienen: que su acción u omisión impacta la vida de los que lo rodean.

Si por cualquier causa alguien no puede ver con ojos nuevos el futuro, con optimismo, con el compromiso apasionado por obtener resultados, con la inteligencia y el corazón al servicio de  la Patria -debe comprender que solo tiene dos caminos.

Quejarse, destruir, murmurar, causar desanimo -o por la otra vía: Proponer, concertar, aportar, soñar, en un futuro mejor.

Del lado del Gobierno también debe asumir la responsabilidad de escuchar, valorar, de conceder a los patriotas el beneficio de la duda en cuanto a que tenemos un mínimo de inteligencia, una parte al menos de la razón.

Recordando a los que circunstancialmente y por un corto período de tiempo: nosotros, el pueblo, el grande y único soberano, les hemos otorgado el mandato de gobernar –que la historia está llena de una galería de personajes rescatados del olvido, únicamente porque rompieron el doble sentido de la comunicación con su pueblo.

Y como reflexión para la sociedad civil, cuya expresión se ha planteado tantas veces como vehículo para solucionar las demandas de la población, que no podemos seguir con la negligencia del pasado, con ese perfil bajo que ha manifestado por tanto tiempo. Con esa apatía de la que culpamos a otros sin ver nuestra propia actuación.

¿Los gremios, las asociaciones profesionales, los grupos laborales y tantos otros que pueden influir en el rumbo de la Patria –en donde nos encontramos cuando de plantear soluciones se trata? Pero siempre estamos frente a nuestro muro de las lamentaciones, no como lo hace el pueblo judío: para pedir la iluminación de Dios, más bien para rendir culto a la desesperanza.

Tanto que al pensar en la sociedad civil y en la personificación del poder, el pueblo visualiza una matrona quejumbrosa y llorona, desdentada y conmiserándose de su situación, cuyas expresiones tímidas se estrellan contra los oídos más sordos, que desde las alturas observan la belleza del paisaje, comentando como el poema de Alfredo Espino. “Que pequeños los hombres se ven”. Se puede ser diligente, es apremiante ser imaginativo, es imprescindible, que salgamos de la pobreza; de la económica y de la humana. Es por esto que sin excepción, debemos redoblar el paso cerrando filas como un sólo hombre, con la pasión intensa que las circunstancias nos exigen. Éste debe ser el espíritu intenso del alma nacional: la esencia de ser guanacos -a mucha honra y con mayúscula.




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