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Editorial & Opinion

Periodismo libre para democracias sólidas

Bernd Finke / Embajador de Alemania en El Salvador

miércoles 3, mayo 2017 - 12:00 am

Alemania y El Salvador pertenecen a los países donde la libertad de prensa es un principio constitucional. De esta manera queremos reconocer que la libertad de prensa y de expresión son elementos indispensables para la consolidación de la democracia, del estado de derecho y de los derechos humanos.

Sin embargo, el derecho constitucional no siempre puede traducirse en una realidad constitucional. En El Salvador por ejemplo, muchas organizaciones internacionales como The Freedom House o Reporteros Sin Fronteras lamentan las restricciones al trabajo periodístico. Mencionan –entre otros– ataques públicos por parte de políticos a la integridad de los periodistas y a la independencia de los medios; denuncias judiciales contra periodistas por parte de políticos por supuestas difamaciones y hasta amenazas de muerte. La Sociedad Interamericana de Prensa acusa al oficialismo de ejercer una “abierta hostilidad” contra los medios independientes. En Alemania también son lamentables los casos de amenaza verbal o insulto a periodistas.

El Día Internacional de la Libertad de Prensa es una buena ocasión para recordar la importancia fundamental de un periodismo libre para la existencia de democracias, y enfocar algunas reglas básicas referentes a la relación entre política y medios de comunicación:

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La mayoría de las tensiones entre políticos y periodistas provienen del hecho de que los miembros del gobierno piensan que sus éxitos no son valorados por los periodistas, o no de manera suficiente. O porque los políticos se sienten criticados indebidamente por los representantes de los medios. No cabe duda de que los gobiernos tienen el derecho de pintar su obra en los colores más brillantes posibles y destacar sus logros en vez de confesar promesas no cumplidas. Todos los gobiernos se comportan así. Pero es el derecho y la responsabilidad de una prensa libre destacar las perspectivas de un gobierno. No forma parte de la responsabilidad de los medios aliarse con el coro de la adulación pública, carente de crítica. Criticar a sus líderes políticos y poner en duda sus acciones no es un acto de “lesa majestad” o alta traición, sino un elemento indispensable de una democracia vibrante y de control recíproco.

En un sistema democrático, las acciones u omisiones del gobierno tienen que ser sujetas a una comprobación intensa, no solamente por parte de las autoridades legislativas y judiciales, sino también por parte de la opinión pública. Los medios tienen el derecho, hasta la obligación, de plantear preguntas y provocar a los que están ejerciendo el poder que el pueblo puso en sus manos.


Aunque consideramos que una prensa libre es un elemento indispensable para cada democracia, es obvio que no es un cheque en blanco para periodistas para poder actuar sin restricción alguna. El trabajo de los medios tiene que ser guiado por principios éticos como el respeto para la verdad, la preservación de la dignidad humana, la protección del derecho humano de otras personas a su reputación y una información correcta al público. Los periodistas no deben de olvidar que los políticos también tienen derecho al principio de “presunción de inocencia”.

Lo que necesitamos es un equilibrio adecuado entre la libertad de expresión y el respeto al honor y reputación de otras personas. A la mayoría de nosotros, no nos gusta ser criticados, y menos en público. Pero tenemos que aceptar que la libertad de expresión se aplica no solamente a informaciones que consideramos como positivas o inofensivas o que nos dejan indiferentes, sino también a informaciones que nos molestan u ofenden. A diferencia de personas privadas, los políticos se exponen conscientemente a una comprobación intensa. Es una consecuencia de su profesión. Entonces, los políticos tienen que mostrar un nivel más alto de tolerancia, sobre todo cuando hacen declaraciones públicas que son susceptibles de crítica. Es lo que nos exigen el pluralismo, la tolerancia y la imparcialidad, elementos imprescindibles de una sociedad democrática.

En este día, cuando muchos gobiernos exigen un comportamiento responsable a los periodistas, es necesario recordarles también algunas de sus responsabilidades y obligaciones en cuanto a derechos humanos, porque a veces parecen olvidarlos: Los Estados tienen tres obligaciones: respetar, proteger y realizar los derechos humanos. Esto significa que deben renunciar a la tentación de intervenir o recortar el ejercicio de la libertad de expresión, y tienen que tomar medidas efectivas para facilitar el acceso imparcial a informaciones. No es una cuestión de una opción política, sino la respuesta solicitada a una obligación legal internacional.

Resumiendo: La libertad de prensa nos ofrece a nosotros, los ciudadanos, uno de los mejores recursos para descubrir y formarnos una opinión sobre las ideas y actitudes de nuestros líderes políticos y por otro lado ofrece a los políticos la oportunidad de reflexionar sobre las preocupaciones de la opinión pública; de esta manera, se habilita a cada persona a participar en un debate político libre que es la médula del concepto de una sociedad democrática. Por eso, una prensa libre hace una nación más fuerte y más exitosa.




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