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Nacionales

Periodismo y guerra historias detrás de la pluma y la fotografía

Blanca Archila / Yessica Espinoza / Yessica Hompanera

lunes 31, julio 2017 - 12:02 am

Enrique García, periodista de Diario El Mundo por más de 30 años, en la antigua redacción de este medio. / DEM

Estuvieron entre bombas y balas. Caminaron entre vivos y muertos y sin saber  con certeza qué los llevó ahí, se quedaron para disparar con la palabra y la imagen.

Había dos formas de hacer periodismo en el conflicto armado salvadoreño: desde la prensa local y la internacional, a través de corresponsales, a ambos los intentaba controlar el gobierno y la guerrilla, según cinco periodistas de la época.

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Uno de ellos, Guillermo Mejía, relató que los medios internacionales tenían mayor acceso a la información porque los dos bandos en contienda querían dar “una buena imagen” de los acontecimientos, pero limitaban a la prensa local censurando y amenazando con despidos o hasta la muerte a los periodistas si publicaban información en su contra.

“Trataban de mantener lo local más controlado, pero les resultaba más complejo controlar lo internacional. Había molestia, llamado y tensión pero no cuando estaba en el barco local, ahí era más obvio”, recordó Guillermo Mejía.


“Un periodista de Wahington Post, de New York Times no se sentía intimidado a hacer preguntas, entonces los locales aprendíamos que teníamos derecho de hacer las preguntas que quisiéramos pero siempre tenía repercusiones. Más bien funcionaba lo de la autocensura porque uno se cuidaba mucho (al preguntar)”, indicó la periodista Beatriz Rosales, quien describe  la guerra como un tiempo inseguro y con mucha zozobra.

Un periodista de Washington Post no se sentía intimidado para hacer preguntas, los locales aprendíamos que teníamos derecho de hacer las preguntas que quisiéramos, pero siempre tenía repercusiones”
NBeatríz Rosales
Periodista

Para el fotoperiodista de Reuters Luis Galdámez, la prensa nacional aprendió de la prensa internacional. Para nadie era fácil, las atrocidades de la guerra marcaron la necesidad de gritarle al mundo lo que estaba pasando en El Salvador.

“Por errores míos comprendí que en el periodismo hay que estar atentos.Hay que tener los zapatos amarrados, la mochila, la cámara con película e ir al lugar del suceso”, dice Galdámez.

Como parte del ejercicio periodístico la censura y la autocensura no eran nuevos. Los medios locales se veían en la necesidad de callar sin embargo, Galdámez no habla de censura sino del apego a la ética periodística. “Las agencias (durante esa época)  no tienen censura, tienen su manual de estilo, que uno lo debe de leer. Usted puede ilustrar de otra forma un hecho, pero también puede mostrar  una decena de cadáveres.”

 

Secuelas de guerra

El temor de muchos no era morir, sino perder la oportunidad que su trabajo fuera conocido; en diferentes ocasiones cuando un periodista era identificado le decomisaban su equipo fotográfico, cintas, rollos y casetes, como forma de presión.

“Yo iba a seguir escribiendo mientras la muerte no llegara a tocarme la puerta para asesinarme”, señala Enrique García, periodista de Diario El Mundo por más de 30 años.

García cuenta que hubo un enfrentamiento en Soyapango, su amigo y compañero Joaquín Zúñiga, fotoperiodista de El Mundo recibió un impacto de bala en un pie y quedó gravemente herido. “Yo estaba cerca pero me salvé esa vez”, recuerda.

También, Luis “La Muñeca” Romero, fotoperiodista de la agencia Associated Press (AP), tiene heridas irreparables del conflicto.Uno de los momentos más difíciles fue  enfrentar la desaparición de su hermana.

“Ocupé mi profesión para andar en los botaderos de cadáveres de esa época buscando el cadáver de mi hermana, que lamentablemente había fallecido o fue asesinada, pero nunca la encontramos”, expresó el actual fotógrafo de Casa Presidencial.

Luis “La Muñeca” Romero, durante coberturas para la agencia Associated P ress (AP) en el conflicto armado salvador eño.

El 18 de marzo de 1989, Roberto Navas, colaborador y compañero de Galdámez se dirigían a cubrir las elecciones presidenciales, cuando desde un retén militar comenzaron a dispararles. “Yo fui noticia”, recuerda Galdámez, con voz temblorosa y a punto de llorar, “recordar es volver a vivir y se ha muerto gente de la familia pero ya cuando a uno le araña las costillas  la muerte, no es fácil”.

Ese fatídico día, marcó la vida de Luis ya que la guerra no solo arrancó la vida de su colega sino que una bala rozó su brazo derecho y estuvo a punto de perderla por completo. A causa de la gravedad de sus heridas los médicos le dijeron que le amputarían su brazo derecho. “Eso sí me marcó.” dijo con voz temblorosa. A través de terapias, pudo volver a tener casi la misma movilidad de antes.

Ahora, 25 años después de la firma de los Acuerdos de Paz, hacer periodismo es más complicado, aseguran los veteranos de la pluma y la fotografía.

“A pesar de que antes había un conflicto armado no teníamos miedo, las partes en conflicto nos respetaban. Hoy es bien diferente, uno puede ser objeto de un atentado criminal”,  aseguró García.

Yo iba seguir escribiendo mientras la muerte no llegara a tocarme la puerta para asesinarme. no sentía miedo a la muerte durante el conflicto”
Enrique García
Periodista

Romero coincide al señalar que los riesgos que enfrenta el gremio periodístico son mayores ahora, y que la postguerra dejó una sociedad interesada por una realidad llena de violencia.   “Cuando decían soy periodista eran palabras mayores, hoy lamentablemente hay más delincuencia; he escuchado que pandilleros amenazan a la prensa y es arriesgado”, agrega Romero.

Para Mejía, la guerra en el país prevalece, pero ya no como un conflicto armado sino social. “Una sociedad que siempre ha sido víctima de la polarización, en aquel momento lo sufrimos con un sesgo bien marcado y ahora lo tenemos con odio”, señaló Guillermo Mejía, quien hoy se dedica a la docencia.

“Yo por eso les digo que le tengo más miedo a un asalto a un autobús porque antes le sacaban la carrera y hoy un bicho le puede soltar una nueve milímetros”, agregó Galdámez.

En el marco del día del periodista, estos veteranos de periodismo de guerra coincidieron en que no se debe perder el objetivo de la labor para construir una mejor sociedad. “Los periodistas nunca hemos querido entender que no tomamos conciencia del significado que tenemos dentro de la sociedad, que somos gente muy importante, necesaria para el desarrollo de una sociedad”, opinó Mejía.  Romero sugiere “politizar menos la noticia, porque hay que darla tal y como se ve, y entrevistar a todos los involucrados”.




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