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Editorial & Opinion

¿PIB = bienestar social?

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 9, agosto 2017 - 12:00 am

El Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2017 presentado por la CEPAL mantuvo sin variación su previsión de crecimiento económico para El Salvador y, para este año, el Producto Interno Bruto (PIB) será 2.5 %.

No es nada nuevo ni alentador el anuncio de la CEPAL: en términos de crecimiento económico seremos superados por Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Guatemala, a los cuales se les proyectan 3.6, 4.1, 4.7 y 3.4 % respectivamente, y, por otro lado, es necesario decir que el crecimiento de El Salvador es insuficiente, pues el país, para que despegue económicamente, debería crecer a un ritmo del 6 % del PIB durante 10 años.

El Secretario Técnico de la Presidencia reconoce que en Centroamérica hay países que están creciendo más, entre otras cosas, debido a que en la región El Salvador es el único dolarizado, cuestión que representa un ancla para el crecimiento económico, ya que las exportaciones resultan más caras.

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El Salvador está atascado en una trampa de bajo crecimiento económico y es de los que menos ha crecido en América Latina en los últimos 15 años. Dentro de las causas que han generado este bajo crecimiento económico, como se mencionó arriba, está “la dolarización que ha tenido como consecuencia un proceso deflacionario en precios, salarios, rentabilidad, producto donde se han ido eliminando paulatinamente todas las políticas públicas por el lado de la demanda. Nos estamos refiriendo a no poder definir la política crediticia, cambiaria, monetaria, y que la política fiscal en este momento tiene un margen  de maniobra muy limitado”.

Hay que decirlo con claridad: en ocho años, “aunque el crecimiento ha sido sostenido”, el gobierno no ha podido salir de la trampa de bajo crecimiento económico y lograr un empleo digno y mejores condiciones de vida para todos los salvadoreños.


El PIB, no es otra cosa que “la sumatoria de bienes y servicios producidos en un país durante un período de tiempo determinado, donde se incluye la producción generada por nacionales y extranjeros residentes en el país, excluyendo la producción de nacionales residentes en el exterior”. La realidad económica del país no se puede evaluar solo basándose en la variación del Producto Interno Bruto, pero se pueden sacar conclusiones interesantes.

Resumir en un solo indicador la situación de la economía y, por tanto, el éxito o fracaso de la política económica de un gobierno es demasiado estrecho. No siempre, cuando se da una mayor producción de bienes y servicios significa más felicidad para los ciudadanos del país. Es posible que en una economía aumente el crecimiento del PIB y no se pueda ver un aumento similar en la distribución de los ingresos y sigan existiendo grandes desigualdades sociales; generalmente son pocos los que pueden acceder a los beneficios de creación de más riqueza.

Un crecimiento económico, para que sea saludable, debe generar empleo decente, elevar los salarios e ingresos de la población y aumentar las utilidades y la capacidad de inversión. Si esos resultados no se logran es lógico esperar que no se alcance el progreso general del país. Un crecimiento económico que en lugar de generar empleo formal lanza a la gente a la economía informal no es sano.

Al régimen le agobia la crisis de las finanzas públicas, no hay que olvidar que el gobierno todavía no sabe cómo va a pagar los $91.0 millones que corresponden al pago del servicio de la deuda previsional que corresponde al próximo mes de octubre y tiene que enfrentar el NO del principal partido de oposición a su nueva propuesta de reforma previsional.

Este lunes pasado, el presidente de la República tuvo una reunión con representantes de las Administradoras de Fondos de Pensiones. Se desarrolló en tono cordial, pero solo se expusieron posturas y el tiempo apremia.

Estamos a las puertas de dos elecciones claves para el país. Sin excusas, los candidatos a diputados y a la Presidencia de la República deben presentar ofertas electorales donde sacar adelante al país sea prioridad. Es indispensable conocer cuáles serán las políticas públicas que propondrán los que aspiran a cargos públicos, para lograr que la economía crezca, aumenten los empleos e ingresos para la población y también deberán explicar cómo van a asegurar el acceso a los servicios públicos, en especial a una educación y salud de calidad, pues concentrarse solamente en aumentar el crecimiento de la economía no es suficiente.




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