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Editorial & Opinion

Políticos, Política e Ideologías

lunes 16, febrero 2015 - 6:27 pm

En la época de los tránsfugas, la Asamblea Legislativa se convirtió en un mercado abierto donde se compraban y vendían voluntades y afinidades por lo que al decir de muchos eran cifras que rondaban el medio millón de dólares por cabeza.

Ideologías y fidelidad a principios éticos, ¡al diablo! Yo primero, yo segundo y yo tercero.

Si lo que presenciamos entonces no hubiera sido tan trágico, hubiera sido cómico. El final, una alianza constituida por el partido mayoritario, FMLN, con una docena de disidentes que hasta hacía poco juraban fidelidad a ARENA y a quien fuera su presidente y otro grupo que tradicionalmente está a la venta del mejor postor.

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La población salvadoreña requiere y demanda una nueva generación en la política y de políticos, que le den rumbo a su realidad, capaces de impulsar la infraestructura económica básica de la sociedad, lo que a su vez posibilitaría el desarrollo de los sectores, subsectores y de la actividad económica, mejorando sustancialmente los servicios sociales básicos, que son los que demandan atención prioritaria del Estado.

La crisis de ideologías ha contribuido en gran medida al deterioro de los partidos. Cuando a principios de la década de los años 90, sucedió el derrumbe de la Unión Soviética, el mundo que se polarizaba entre socialistas/comunistas contra capitalistas/burgueses, se fue haciendo cada vez más inconsistente y difuso. Los primeros comenzaron a encubrirse con el ropaje de la democracia social y los segundos a buscar nuevos senderos de liberalismo económico.

Existe una aversión social, una relación absolutamente desapasionada con un modelo de democracia paralizado, incapaz de movilizar una verdadera participación de los ciudadanos. Una irreverencia íntimamente relacionada con el desmoronamiento ético y el sentimiento que trasmiten las luchas intestinas entre políticos y partidos, como lo hemos visto en nuestro país sobradamente.

Es evidente, si aspiramos a un cambio de fondo de esta situación, deberemos ser capaces de promover otro modelo de participación política.

En un diálogo de sordos, ambas ideologías, derecha e izquierda extremas, empezaron a hablar de lo mismo y a discurrir de las mismas tretas y proyectos. Antes, durante nuestra Guerra Civil, las partes del conflicto se servían de una contundencia absoluta, si alguien pertenecía a la izquierda guerrillera, justificaba la terrible destrucción y muerte que ocasionaban.

Si alguien se identificaba con la ideología liberal-capitalista, que propugnaba la derecha, estaba dispuesto a tolerar las violaciones a los derechos humanos y una guerra sin cuartel, con tal de derrotar al enemigo.

Hoy sucede dentro de la sociedad que su paulatino pero inevitable alejamiento y empacho de la política y de los políticos, ha identificado este proceso como la sustancia de reducidos grupos de politicastros, que aprovechando o torciendo la ley, buscan afanosa o maquiavélicamente, utilizarla como beneficio para sus grupos e intereses; lejos del concepto natural de la política como el núcleo de conocimientos o el viejo arte de la demagogia, para resolver las demandas y legítimas aspiraciones de los ciudadanos.

La clase política que surgió después de las disputas parlamentarias deja mucho que desear y son incapaces por sí de hacerle frente a la realidad política y social que requiere su atención.

En cada país, existen partidos o fuerzas políticas que permiten más que otros, el desarrollo y proliferación de la política y los nuevos políticos; en El Salvador, por más insólito que parezca, solo lo garantizan en la actualidad su supervivencia personal. ¡Al diablo con lo demás!



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