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Editorial & Opinion

Populismo a la mexicana

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 5, julio 2018 - 12:00 am

¿Qué diferencia tiene el populismo a la mexicana, de aquel a la venezolana, o a la europea? Ninguno. Populismo viene del griego: te voy a decir lo que querés oír y vos vas a ir a votar por mí porque te la has creído.

Los pueblos no son tontos, lo que pasa es que los pueblos están necesitados de cambios; aburridos de una clase política cleptómana y además incompetente, en países donde los principales males crecen y los beneficios se difuminan poco a poco. Allí entra en acción el populista.

Leía en un artículo de una de las mejores revistas del planeta, The Economist, que este término de populismo fue utilizado por primera vez por un periodista en el siglo antepasado, o sea, finales del s. XIX, por lo cual usted que me lee debe llegar al firme convencimiento que no es un término nuevo (no una invención de los partidos del status quo que con esa etiqueta buscan descalificar) y por otra parte que es un fenómeno sociopolítico que ha sido estudiado, aunque no esté bien definido.

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Decir populista es como decir chikungunya o dengue, una enfermedad que ataca masivamente a los pueblos y que está bajo constante estudio.

No quiero exculpar a los partidos que han decepcionado a la gente, para nuestro caso, ARENA y el FMLN, que llegaron al poder después de que su predecesor decepcionara al votante. Ni quiero dejar libre de culpas, es más, quiero agarrarlos a pedrada limpia, a los que fueron parte de la parodia desplegada en escenarios políticos decepcionantes: empresarios en contubernios, sindicatos acomodados, tanques de pensamiento descafeinados, etc. El populista se alimenta no solo de las decepciones populares, sino también del silencio, de la complicidad o del amaneramiento de todos los actores importantes del quehacer político de un país. Así, para él, el plato está servido.


En dicho artículo, del 2016, señala que el populismo puede ser de izquierda o de derecha, de partidos de oposición u oficialista (aunque esto es menos aceptado), usado por militares o civiles, incluso hasta en la religión, en las iglesias protestantes o católicas, o sea, no tiene límites, y es que en esencia no se necesitan estudios profesionales, una carrera para dominar ese seudoarte de retórica barata. Basta querer hacerlo, por una parte, y por otra –la más difícil, que de difícil no tiene nada-, es reconocer cada una de las insatisfacciones de la gente en los diversos temas: canasta básica, educación, delincuencia, alto costo de la vida y muchos más, hacer un punteo de cada tema, armar un discurso altisonante para cada uno y salir a la palestra pública a gritarlo.

Eso sí, la mayoría de los populistas son monotemáticos, e incluso con ese sonsonete tan aburrido atraen miles y hasta millones de simpatizantes: la corrupción. Y le dan y le dan y le dan, con el tañido melancólico y cansino de las campanas, al mismo tema, pero, cosa rara, y debería ser objeto de estudio, a la gente le encanta, como el flautista famoso y los niños que lo siguen directo a la cueva en la cual desaparecen para no saber nunca más nada sobre ellos. Solo el niño discapacitado es el que se salva porque no pudo seguir el ritmo de la manada. ¡Que irónico! ¿O sería sarcástico?

Lo extraño es que vemos populistas en todas partes. En Italia tuvieron a Berlusconi, que fue un total y vergonzoso fracaso. En los Estados Unidos tenemos a Donald Trump, el cual por sí solo se explica. En México está el flamante, Andrés Manuel López Obrador, el cual insisto –porque ya los hemos visto-, no va a cambiar nada, no sabrá manejar la economía del país y terminará o enriqueciéndose él o enriqueciéndose de forma asquerosa sus adláteres.

Acá en el triángulo del Norte de Centroamérica tenemos a Salvador Nasralla, en Honduras, que en un despliegue de locura acaba de fundar su nuevo partido al cual lo ha llamado humildemente “El Salvador de Honduras”, no haciendo referencia sino a su nombre y a su creencia, como todo populista, de que él es el mesías, algo así como lo que le está sucediendo a Nayib Bukele.




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