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Editorial & Opinion

¡Por fin tendremos debate político!

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

miércoles 13, diciembre 2017 - 12:00 am

Para los Estados Unidos de América, o las naciones europeas, tener debates públicos en épocas eleccionarias constituye una parte esencial del quehacer político y forma parte crucial del “marketing” partidario para vender la imagen positiva de sus respectivos candidatos a la población votante. De hecho, la población es la otra parte interviniente en los debates, ya sea directamente por medio de encuestas, preguntas a los candidatos en el transcurso del evento o mensajes posteriores sobre algunos puntos que no quedaron claros al electorado.

Este juego democrático del debate, repetimos, es casi una tradición saludable en aquellas naciones con largo historial democrático y que deviene, en resumen, a constituirse en un sano ejemplo para los latinoamericanos, acostumbrados a observar las conocidas “movidas electoreras”, los fraudes descarados, el desaparecimiento de urnas y los apagones infaltables de la energía eléctrica “para que se caigan los sistemas informáticos”.

Es raro que se mencione realizar debates, que nunca se efectúan, pero en cambio tenemos abundantes denuncias, descalificaciones poco éticas de candidatos, pleitos callejeros y hasta atentados de naturaleza delictivas, sin faltar, por supuesto, todo un pesado lastre de manejos corruptos desde las mismas entidades públicas que, por ley, están obligadas a conservar la pureza del sufragio y la exactitud de los resultados sin modificar arbitrariamente la voluntad mayoritaria del electorado.

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Por eso nos ha sorprendido, en forma positiva, la noticia publicada en este medio, relacionada a que tanto Javier Simán como Carlos Calleja, dos reconocidos empresarios de gran éxito que, en el ambiente político son considerados como los “más fuertes aspirantes presidenciales” del partido ARENA, hayan manifestado estar abiertos a “debatir públicamente”  las propuestas que cada uno de ellos piensa presentar a la población salvadoreña, en caso llegasen a ser los candidatos oficiales de dicho instituto político para la contienda presidencial señalada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para febrero del 2019.

De concretarse esta iniciativa, a nuestro juicio, constituiría el inicio de un proceso que nos indicaría, pese a ciertas adversidades en el ambiente, que los políticos salvadoreños van tomando conciencia sobre la importancia del escrutinio público; no solo en las urnas, sino en esos ejercicios verbales de exponer, con claridad de pensamiento, con palabras entendibles y programas viables, alejados de ropajes hipócritas y a la vista de los destinatarios de sus proyectos, la exposición sincera de aquellos puntos cruciales de un plan de gobierno, o de un proyecto de nación, que desean llevar a la ejecución en caso ocupen la máxima magistratura de la República.


Ese primer evento, a nivel del mismo partido de oposición, considero, podría ser la llave que abra la factibilidad que después pueda “armarse” otro debate interpartidario, ya sea entre el candidato opositor de ARENA y el candidato oficialista del FMLN, o una serie de varios debates, con intervención de diversos personajes del tinglado político nacional, en los cuales escuchen las preguntas del auditorio y que éste reciba las respuestas adecuadas a sus inquietudes. ¡Un ejercicio democrático nítido que por tanto tiempo habíamos esperado en el país!

Independiente del grado de aceptación o simpatía que los ciudadanos podamos guardar para don Javi o don Carlitos, como suelo llamarlos personalmente, es justo reconocerles haber manifestado ese deseo de llevar a la palestra pública sus propias ideas de gobierno, a vistas y oídas de los electores, quienes podemos tener así una imagen exacta de la capacidad creativa, del razonamiento lógico, del sentimiento político que cada uno de ellos abriga en su corazón para con el pueblo salvadoreño, al que piensan gobernar en el próximo lustro con respeto a la institucionalidad jurídica manifestada en una Sala de lo Constitucional, sin tintes politiqueros, a la independencia de los órganos de gobierno del Estado, sin amenazas de colocar telescopios o fusiles para “tener en la mira” a quien no comulgue con ellos, y, sobre todo, que nos den la seguridad de que conservarán la libre iniciativa empresarial y la libertad económica en el país, únicos senderos comprobados para sacar airosa a toda la nación, en momentos cruciales jamás experimentados, como la inminente deportación de miles y miles de salvadoreños del territorio estadounidense, al concluir la temporalidad de ciertos programas gubernamentales  anteriores.




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