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Editorial & Opinion

Por la RSE los conoceréis

Aura Jarquín / Antropóloga Política auricjar@gmail.com

Sábado 15, Julio 2017 - 12:00 am

La incursión de empresarios en procesos electorales para cargos públicos es cada vez más frecuente a nivel nacional e internacional. Mover los hilos del poder parecía suficiente pero la paciencia y confianza en los representantes indudablemente se agotó.

En la experiencia salvadoreña, la participación de la micro, pequeña, mediana y gran empresa no ha sido la excepción. De hecho, buena parte del capital político que muchos candidatos presumen, viene de la publicidad sobre los supuestos beneficios de su política de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Hasta el momento, ni es pecado ni es delito. De hecho, los medios de comunicación aún no se atreven a dudar de la autenticidad del compromiso social de los anunciantes que les invitan a la cobertura periodística de limpieza de acuíferos, pero sin derecho a preguntas incómodas.

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La RSE es un intento de reconciliación por algunos de los daños colaterales y, en muchos casos irreversibles que, causan la producción y comercialización de bienes o servicios: al medio ambiente, a la salud pública, a los derechos humanos, a las arcas del Estado seguido de un largo y espeso etcétera.

Sin embargo, esa política empresarial que no siempre es social y mucho menos responsable, cumple todos los criterios para ser motivo de escrutinio público a cualquier hora del día. Especialmente debería serlo durante la campaña electoral que transforma la RSE en la carta de presentación de candidatos empeñados en demostrar su sensibilidad en la administración eficiente de diferentes tipos de recursos.


Demasiado bueno para ser verdad. Si quieren gobernar, sus contrincantes o potenciales electores tienen derecho a preguntar. Por ejemplo: ¿si reconocen las horas extra de los empleados obligados a liberar tortugas o sembrar un árbol por cada decena que corta su empresa?; ¿cómo se benefician los empleados que integran un banco de sangre empresarial? o ¿cuántos impuestos se ahorran cerrando calles para una competencia deportiva en la que se paga por participar anunciando sus productos?  Muy pocos se atreverían a acusar a los patronos salvadoreños de copiar modelos fracasados y menos querrían cuestionar a quienes están decididos a solucionar los problemas públicos que generan desde sus oficinas privadas.

Claramente, la RSE ha beneficiado intereses económicos PERO en la mayoría de ocasiones no ha llegado a convertirse en una acción reparadora sino en una burda justificando por mala praxis en detrimento del bienestar general de su planilla y clientela.

No se trata de magos, así que se vale aplaudir los aciertos de la RSE, siempre y cuando revelen ¿cómo lo hicieron?

No se está pidiendo la receta de alguna exitosa bebida carbonatada capaz de arrancar la porquería de los excusados, bastaría con saber su nivel de participación en la toma de decisiones, cuántas reglas o derechos pudieron ser atropellados por tomar esa fotografía que evidencia compromiso con las comunidades más vulnerables y empobrecidas.

El mismo objetivo con estrategias parecidas y resultados variopintos se pueden identificar en la RSE de empresarios más afines a la izquierda o derecha partidaria. Ahora bien, si ninguno de los institutos políticos estuviera interesado en preguntar a sus candidatos al menos tendrían que hacerlo sus patrocinadores con los ingresos más lícitos.

También podría cuestionar la prensa que no les venda paquetes publicitarios, alguna tajada de la sociedad civil organizada que no les ofrezca servicios profesionales, analistas que no sean parte de su equipo de campaña o comerciantes informales que no les vendan promocionales sin factura.

La política de RSE está muy lejos de representar lo peor que ha hecho y le han permitido hacer al empresariado en El Salvador. No obstante, facilitarles el traslado de las injustas reglas del mercado económico y financiero a la frágil cancha electoral no contribuye en nada al empoderamiento ciudadano y gobernanza democrática.

Hace 20 años era políticamente incorrecto dudar de la honradez en la recaudación de fondos por maratones televisivos para rehabilitar a menores con capacidades especiales. Pero ni antes ni ahora se trató de beneficencia con las ganancias corporativas como sugiere el espíritu de la RSE sino de evasión de impuestos y apropiación indebida de los dólares, sangre o sudor de la planilla.

Al menos aquí no se propone evaluar si la causa es justa o no, aunque tampoco estaría mal. Sólo se trata de un llamado a la reflexión sobre los métodos, medios y costos asociados a la estrategia de moda que invade el juego electoral al que tanto le hace falta por normar.




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