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Editorial & Opinion

¿Por qué no mejor abortamos al violador?

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 25, enero 2017 - 12:00 am

Esta semana la comisión de la familia en la Asamblea Legislativa, comenzó a recibir a quienes se muestren interesados sobre el tema, ya que la petición del FMLN es reformar el artículo 133 del código penal para que el aborto no sea penado con cárcel cuando haya un riesgo para la madre o cuan do exista un embarazo producto de una violación.

Los primeros en asistir fueron los representantes de organizaciones médicas pro aborto, quienes haciendo uso de la democracia, hablaron de la necesidad de abrir la despenalización pero no general sino algo más puntual, solo en casos excepcionales y que no significa entonces que se legalice el aborto.

Analicemos un poco estas premisas porque pareciera que estos grupos lo que vienen a hacernos es un favor, como si nosotros los salvadoreños estamos equivocados y eso de ser pro vida es un error. Cuando dicen que solo hay que despenalizar en caso de “una evaluación médica” y en caso de “riesgo para la madre” es poner en manos de galenos la decisión; son ellos los que por su capacidad médica podrían decir que cortar la vida del no nato será la salvación para la madre, suena bien, suena hasta altruista; pero nada más retorcido que pretender controlar por medio de ellos la voluntad de los progenitores y más allá pretender sobrepasar la enfática regulación constitucional que dice que “El Salvador, reconoce al ser humano, al salvadoreño, desde su concepción”, por tanto nadie puede definir sobre esa vida, más que la tutela de los padres y esa tutela no les da tampoco poder para definir si viven o mueren. Entonces definir un caso de riesgo como factor para eliminar la pena de asesinato es como quitar del código penal la pena al asesinato que pueda cometer cualquier persona contra otra, al considerar que la presencia de esa persona es un riesgo para la vida de la comunidad, la salud de la familia, o del país.

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Un ser que no ha nacido no es menos ser que uno que ya nació y la Constitución le garantiza eso por ley, la ley primaria dice que eso es así y que no solo sus padres sino el Estado mismo debe velar porque esa vida se desarrolle sin impedimentos y a plenitud; por lo tanto, el hecho que un médico pretenda que se puede eximir de asesinato por la razón de riesgo para la madre es señalar vilmente a un inocente de algo que no tiene culpa, y es renunciar al principio de máximo esfuerzo que un galeno debería emprender para salvar a ambos, cueste lo que cueste y sea como sea, empleando toda la ciencia y el conocimiento para lograrlo. Por otro lado, nos presentan un gremio médico pulcro, sin corrupción, no nos hablan de los miles de dólares que cobrarían por firmar análisis y causas falsas para garantizar los abortos, como si no supiéramos que son capaces de eso y más.

Por otro lado, cuando se habla de violaciones se nos vende el sufrimiento de la madre, de la familia, de lo insufrible de que un ser llegue producto de un hecho fortuito, en el que no tiene culpa la madre ni el no nacido, pero no se habla del doble sufrimiento de lo que implica un legrado, un aborto en la vida de la misma niña o adolescente violada, el dolor físico y emocional al no solo ser violada por un hombre sino ahora por doctores, equipo, aspiradoras, enfermeras, etc., nos hacen ver el aborto como quien toma una aspirina para un dolor de cabeza. Lo peor,  nadie habla aquí del inocente, del que solo existe y necesitará una vida, nadie habla de cumplir la ley y garantizarle a ese nuevo ciudadano lo que dice la Constitución: una vida plena, no hay nadie hablando de los procesos de adopción, de los hogares sustitutos, nadie habla de la compasión humana, del amor y de la posibilidad de que lo despreciado y fortuito se convierta en bendición y en gran oportunidad.


La violación, como elemento fundamental del problema, tampoco es abordada con seriedad; no hay en el diálogo elementos para aumentar sus penas, cambiar el pensum educativo, buscar la manera de tratar a los violadores como lo que son. No, aquí hablamos de las víctimas, pero a nadie le importa quién o por qué o qué hacer con el violador, que es al final el gran culpable; diferente fuera que habláramos de reformar el código para castigar un violador que, demostrada su culpa, se obligue por todos los medios a pagar la manutención de su víctima y de su recién nacido; ahí quisiera yo escuchar el mismo ímpetu de los que están dispuestos a pasar cuchillo por el cuello del más inocente; pues ahí sí podría sumarme, si la propuesta es abortar de la sociedad a los violadores.

Salvadoreños, no nos engañemos y no nos dejemos engañar, el aborto es un negocio y todas las ideas para defenderlo sirven para engordar las carteras de esos malos médicos, organizaciones y personas que viven del lucrativo negocio de la muerte, nuestra Constitución es clara y garantiza la vida, mantengámonos en ese concepto y hagamos diferencia, ser un país pro vida, aunque la muerte por ahora siga empecinada en destruirnos.




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