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Editorial & Opinion

Por simpatía, no; por empatía y eventual simpatía, sí.

Dr. Carlos Alberto Escalante./ Médico psiquiatra

viernes 15, diciembre 2017 - 12:00 am

La población salvadoreña, al emitir su voto, tiene que tener claro por quien está votando; sobre todo, en los ultimos tiempos que, gracias a las disposiciones de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, esto ya es posible.

La campaña electoral debería de ser mejor organizada desde el principio con reglas claras; inclusive desde que los partidos políticos se inscriben. Este organismo debería de exigir un Plan de Trabajo que refleje la conciencia de lo que piensa desarrollar  dicho instituto político. Con base en un diagnóstico de la realidad nacional, contendría:  propuestas de  leyes, acciones, y desde luego  proyectos varios,  algunos de corto y otros de largo plazo, con el propósito de que la poblacion entera se beneficie y el Estado se fortalezca.

En principio, luego de los Acuerdos de Paz, El Salvador vive una democracia, sí, pero como la costumbre era otra, les cuesta a unos y otros aceptarla, reclamarla y hasta exigirla.

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Volviendo al proceso eleccionario, considero, aunque no soy ni pretendo ser un político, puedo elucubrar algunas ideas que podrían traducirse en realidades si las estructuras encargadas de estos menesteres lo quisieran aceptar. Si se  pretende vivir como la gente del primer mundo, bien, entonces pongamos algunos ejemplos: los europeos, en período eleccionario, cada candidato en sus arengas publicitarias hace propuestas sobre temas que antes ya los ha vertido en libros, y conoce la población que ha leído dichas obras. Es así como en esas presentaciones, que a veces son foros, se discute la viabilidad de ellas con los posibles electores. Desde luego, estos candidatos han escrito sobre economía, políticas públicas, aspectos de seguridad, aunque no vivan crisis violentas como la actual situación en nuestro país, pues, seguridad no solo significa cuidar al ciudadano de no morir por armas cualquiera, seguridad es que se tenga salud, educación, trabajo, comida, techo donde se descanse y duerma, movilización libre, etc. Entonces, del candidato o candidatos habría que esperar no solamente que sepan hablar y tengan facciones agradables y hasta guapos y/o guapas, es de esperar que tengan capacidad de proyectar el conocimiento y comprensión de la situación de miseria que vive este país desde siempre. Miseria en un sentido amplio de la palabra, no se refiriere solo a pobreza económica, sino a pobreza mental, espiritual; que me perdonen mis conciudadanos si hablo como técnico en mi profesión, pobreza que ha limitado la capacidad del individuo de reclamar dignidad.  Esto en parte es producto de haber tenido solo gobernantes que tal vez fueron  “simpáticos”, fortachones, machos, y otros calificativos que sobran, pero estos, tal vez solo dieron la impresión de ser “empáticos”. Pero no lo eran, o fue que para quien les comandaba esa cualidad sobraba, pues de todas maneras llegarían al poder, porque a otro nivel ya se había “arreglado”.

Hoy día, si tenemos la pretensión de estar acercándonos a ser un país democrático y de primer mundo, además de usar ropa de marcas y estar al día con teléfono, reloj y otros dispositivos sofisticados, (valores a veces superfluos), es absolutamente indispensable también ser suficientemente inteligente para distinguir a los candidatos simpáticos de los empáticos, si los hubiera en este país.Y si los hay ,que tengan la valentía de desafiar a sus patrocinadores y romper viejas estructuras que han atrasado centurias  a El Salvador. De tal manera que este país entre a  un proceso  de verdadero desarrollo sostenible y de justicia. El financiamiento, estemos claros, no es responsabilidad de países amigos ni de vecinos bondadosos.


Esa es responsabilidad del Estado, Gobierno  y de todos los sectores que desde siempre han vivido en este país, con sus períodos de vacas flacas y otros de gordas. Todos debemos aportar, en mi caso, como técnico en el campo de las ciencias sociales hago mis aportes también. Lo he venido haciendo desde que tuve la calificación como tal; y lo seguiré haciendo, pero a la población, toda, le pido que se fije bien al votar. Confiaré que en próxima ocasión  habrá candidatos  “empáticos,” por ellos votaré. Desde luego, estos empáticos, en su campaña, deben   haber  sido realistas en el sentido de saber y conocer los verdaderos  problemas estructurales de este país,  y  prometer   hacer abordajes  coherentes comprometiendo  a todos  los sectores, que desde siempre han debido hacer aportes como nacionalistas verdaderos  por un desarrollo sostenible; además de luchar dando el ejemplo contra la corrupción y el uso  honesto, honrado y racional  de los recursos del Estado.




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