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Editorial & Opinion

Pragmáticos procederes políticos

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

jueves 13, septiembre 2018 - 12:00 am

La elección presidencial que se avecina es peculiar.

El candidato del partido V –de acuerdo a las más recientes encuestas– no tiene la menor posibilidad de arañar nada.

El candidato del partido F –según esos sondeos de opinión pública– se enfrenta al colosal reto de remontar su adversa situación actual. Pasar del 8 % al 16 %, por ejemplo, sería una increíble hazaña. ¿No hay casos de este tipo en el mundo mundial? Claro que los hay, pero si esa candidatura viniese subiendo y subiendo como la espuma. Sin embargo, éste no parece ser el caso del candidato del partido F.

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El candidato del partido A, que por cierto forma coalición con los partidos P1 + P2 + D se encuentra en segunda posición –estas encuestas lo aseguran–, aunque no a un brazo de distancia de la primera posición. Tal circunstancia tiene un tanto inquieto al candidato del partido A, y también están preocupados los promotores de esa candidatura que pueden localizarse fuera y dentro del partido A. Si se perdiera por tercera vez consecutiva una elección presidencial, y ya no a manos de un candidato del partido F, sino de un candidato atípico, pues es de esperarse un buen remezón dentro del partido A.

El candidato del partido G –que pudo haber sido hasta hace poco el candidato del partido C y antes del partido N– se ubica, las referidas encuestas lo están sugiriendo, adelante de todos los candidatos de los otros partidos. Antes de estos recientes sondeos de opinión se hallaba adelante. También aventajaba a todos cuando el hoy candidato del partido G creía que era posible ser candidato del partido F. El ahora candidato del partido G no fue el candidato del partido F por una razón elemental: no contaba con los apoyos necesarios y suficientes dentro del partido F para tal propósito. Después del lapso 2009-2014, los dirigentes principales del partido F –no todos– concluyeron que fue muy incómodo, para la gestión política, empujar una candidatura que después, al llegar al solio presidencial, se les deslizó de las manos. Por eso, para la elección presidencial de 2014 echaron marcha atrás y prescindieron de un factor externo para ganar esa elección. Pero se fueron, como se dice, en la chicagüita, porque apenas por un pelo logró el candidato del partido F ganarle al candidato del partido A.


También se han ido en la chicagüita los estrategas de marketing electoral del candidato del partido A, porque desde antes de que el ahora candidato del partido G fuese un candidato formal y solo era una amenaza, un abejorro merodeando el polen electoral, enderezaron todas las lanzas contra el gobierno del partido F. Para fijarlo sobre el terreno y cortarle las alas a cualquier posible candidatura respaldada por el partido F. En ese sentido, puede decirse que estos marketingólogos lograron su cometido. Al punto que el candidato del partido F, hoy por hoy, no hay manera de que eche a volar, salvo que algo extraordinario suceda.

La campaña aún no comienza, bueno, es un decir, porque el candidato del partido A comenzó hace ratos y ya se ha invertido una buena cantidad de billetes verdes en los prolegómenos. El candidato del partido F también ya comenzó, aunque aún no ha soltado la parafernalia mediática tradicional. El candidato del partido V comenzó, aunque apenas sea visible y audible. ¿Y el candidato del partido G ya dio por iniciada su campaña? Uy, la respuesta es más que obvia: ¡es la campaña más larga de un candidato antes de ser candidato! Nadie está pidiendo el voto, pero todos están tratando de impactar sobre el imaginario colectivo.

Es difícil que los gurús del marketing electoral que propulsan al candidato del partido A den un golpe de timón y tiren por la borda todo lo realizado hasta ahora, y cambien de estrategia. No es imposible, aunque eso sería como volver a comenzar. El candidato del partido G se mueve en las autopistas inasibles de las redes sociales con destreza, con maña y con agilidad, y competir en ese terreno requiere una mentalidad y unas habilidades especiales que, por ahora, no se observan en el resto de partidos contendientes.

En la primera fase el candidato del partido G explotó dos asuntos clave: el desencanto ciudadano y el rechazo a los partidos políticos. De hecho, saltar de aquí para allá buscando un vehículo electoral convalidaba sus dos premisas.

Ahora hay que esperar el discurrir de la siguiente fase.




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