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Editorial & Opinion

Prevención sin barreras ideológicas ni políticas

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

martes 31, octubre 2017 - 12:00 am

Durante el pasado fin de semana, una vez más la naturaleza nos amenazó con la tormenta tropical “Selma” poniendo a prueba la capacidad institucional y de organización del país para enfrentar las vulnerabilidades que nos caracterizan, ante la ubicación geográfica que poseemos en una región puente de muchos fenómenos naturales y que se tornan más graves y complejos en la medida que se profundizan los severos efectos del cambio climático, potenciados por los desmanes de nuestro “modelo de desarrollo” fundamentado en el exacerbado consumo y depredación ambiental.

De acuerdo al monitoreo del Centro Nacional de Huracanes (CNH) de Florida, este meteoro se originó al sur de nuestras costas como una baja presión, transformándose en una tormenta tropical que trajo consigo abundante humedad, amenazando y castigando a nuestra franja costera y a la cordillera volcánica del centro y oriente del territorio; descargando lluvias torrenciales, acompañadas de vientos de 40 a 60 km por hora; alterando sensiblemente las condiciones atmosféricas y oceanográficas de nuestra comprensión territorial, con repercusiones inmediatas en la navegación marítima, especialmente para miles de pescadores artesanales que se vieron impedidos de realizar sus faenas, la suspensión de operaciones de carga y descarga en nuestros puertos, y la considerable afectación de la industria turística y comercial en algunas zonas. La Secretaría de Cultura también estuvo obligada al cierre temporal de espacios culturales y sitios arqueológicos.

El efecto del fenómeno fue menos desastroso de lo previsto, debido a la presión que ejerció en la misma zona un frente frío que se desplazaba simultáneamente desde el norte de la región frenando y disminuyendo los efectos de “Selma” e incidiendo incluso en el cambio de rumbo de la tormenta tropical originalmente establecido por el CNH.

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Aun así, los efectos de este fenómeno han sido sensibles, sobre todo para un territorio vulnerable como el nuestro. Los fuertes vientos derrumbaron más de un centenar de árboles, se reportaron daños a 142 viviendas en algunas islas de la zona costera de Usulután, San Miguel, La Unión, La Paz y San Vicente, sobre todo por la pérdida de techos y muros colapsados. Se produjeron 116 cortes de energía eléctrica por tendidos eléctricos rotos, solo en el oriente del país, debido a la caída de árboles y postes del tendido eléctrico que cedieron a la inclemencia del tiempo.

Centenares de viviendas perdieron sus enseres por las inundaciones ante la crecida de ríos y quebradas desbordados; al menos tres plantas de producción de agua de ANDA se vieron temporalmente afectadas por el corte del suministro eléctrico; una veintena de escuelas resultaron afectadas principalmente por daños en techos y algunas vallas y muros perimetrales; también, un par de puestos de seguridad pública de la PNC se vieron afectados en la región oriental en la zona del Espino y Arcos del Espino.


Lo extraordinario de esta jornada es que hasta hoy no se reportan pérdidas de vidas humanas, debido al arduo trabajo de prevención realizado por el complejo organizado de instituciones bajo la rectoría de la Dirección General de Protección Civil Prevención y Mitigación de Desastres, entidad que oportunamente activó el sistema de alarmas correspondiente a la gravedad de la amenaza, sobre la base de los pronósticos que establece el Ministerio de Medio Ambiente, quienes a su vez se apoyan en el recurso de alta tecnología de seguimiento satelital del CNH, con el soporte del análisis de la unidad de alerta temprana.

Este sistema permite activar procedimientos administrativos que ponen en marcha planes de trabajo preestablecidos de respuesta mediante las comisiones técnicas sectoriales, entre ellas la comisión Técnico Científica, la comisión de Infraestructura y servicios básicos; y sobre todo la activa musculatura del sistema de protección civil compuesto por las Comisiones Departamentales, Municipales y Comunales, que constituyen la raíz del sistema de prevención y protección, con profundo arraigo social.

Los gobiernos municipales juegan un papel de primer orden territorial, es así como a este nivel no hay, ni debe haber barreras ideológicas y menos políticas o partidarias. Debe imponerse el más profundo sentido de solidaridad humana, respeto y cooperación comunitaria vecinal; transmitirse información con orientaciones precisas; reportar las incidencias y condiciones de riesgo y amenazas locales; activar los planes previos de evacuación preventiva por alto riesgo; asimismo, se orienta y administra el manejo de los albergues temporales.

Nuestro país debe seguir esta ruta de desarrollo y consolidación de todo el andamiaje de protección civil, necesitamos hacer de esto un sistema nacional cada vez más y mejor articulado en función de la protección de nuestras comunidades. En el verano ya vendrá la prevención de incendios forestales, el aprovechamiento del espacio para movilizarnos y limpiar los drenajes y alcantarillas, las obras de mitigación de las zonas de deslaves y la atención de cárcavas. En fin, la prevención es permanente y es tarea de todos.




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