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Editorial & Opinion

Protección Civil somos todos

Eugenio Chicas/Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

martes 10, octubre 2017 - 12:00 am

Este 10 de octubre conmemoramos el 31 aniversario del terremoto de 1986; evento trágico considerado uno de los más destructivos sobre nuestra capital. Ese día a las 11:49 minutos se estremeció el suelo con una magnitud de 5.7 en la escala de Richter, con epicentro situado entre Los Planes de Renderos, San Marcos y Santo Tomas, a unos 5.4 km de profundidad.

Este fenómeno estuvo conectado a una falla de  nueve a 10 km de profundidad que atraviesa la capital, sacudiendo principalmente nuestro centro histórico capitalino, los barrios San Jacinto, Modelo, La Vega, Santa Anita, Candelaria y el municipio de San Marcos. Dejó luto y dolor con un saldo de 1530 fallecidos, más de 200 mil damnificados y unas 60 mil viviendas destruidas o severamente dañadas.

El foco de esta tragedia fue el edificio Rubén Darío que cubría casi toda la cuadra y que ya se consideraba dañado desde el terremoto del 3 de mayo de 1965, evento con magnitud superior a 6, pero con menores daños. Causó 125 fallecidos y afectó en la periferia a los municipios de Soyapango, Ciudad Delgado, Cuscatancingo, Mejicanos y Ayutuxtepeque.

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Los expertos consideran que desde aquel sismo la infraestructura del Rubén Darío fue afectada y que por la falta de demolición, o de una correcta reparación, multiplicó la tragedia en el nuevo terremoto. En 1986 además del Darío, otros edificios también colapsaron: El Dueñas, Gran Hotel San Salvador, Instituto Salvadoreño del Cafe, Tazumal, Biblioteca Nacional y Ministerios de Educación, Hacienda, Planificación, Trabajo, Agricultura, Correos y alrededor de diez edificios más entre públicos y privados. Los estragos también se extendieron a zonas aledañas como el reparto Santa Marta, algunos edificios de la Zacamil, daños considerables en los Estadios Cuscatlán y Mágico González y al Palacio de los Deportes.

Eventos como éste volvieron a ocurrir en los terremotos de 2001, acumulando además de luto humano, una gran cantidad de pérdidas de miles de viviendas, edificios públicos, e infraestructura económica y productiva. Estos hechos, tres de la misma naturaleza desde 1965, suman enormes pérdidas acumulativas en el tiempo que generan un deficit, aun sin superar, de falta de viviendas y de un considerable número de estructura pública, particularmente escuelas y edificaciones de salud. A este efecto hay que sumar los estragos de la misma guerra civil que se desarrolló en el mismo periodo, y los causados por otros eventos naturales como tormentas tropicales, huracanes, inundaciones y sequías que provocaron mayores pérdidas al desarrollo del país.


Desde 1986 hasta ahora, en 12 países de América Latina se han producido un estimado de 36 terremotos: siete en México; cinco en Chile y en Perú, cuatro en EE.UU.; tres en Colombia, Ecuador y El Salvador; dos en Nicaragua y uno en Venezuela, Costa Rica, Haití y Guatemala. Todos suman más de 260 mil fallecidos, millones de damnificados que todavía hoy cargan con esa condición, y miles de millones en pérdidas económicas e infraestructura social.

En el trigésimo primer aniversario de aquel evento, y en conmemoración a la vida, este día se desarrolla el segundo simulacro nacional de evacuaciones ante terremotos. Son notables los avances de nuestro país, además de una mayor organización y experiencia, contamos con mejor calidad de la nueva infraestructura debido al control y normas de edificación; El Salvador es capaz de aportar a la comunidad internacional, como vimos en la heroica participación de nuestra brigada USAR en los últimos eventos telúricos de México, Ecuador y antes en Haití.

En esta oportunidad se ponen a prueba las capacidades desarrolladas en organización a todo nivel, planificación ante este tipo de eventos naturales y capacitación de las instancias comprometidas en simulacros de evacuación que incluyen a las dependencias del Gobierno Central, instituciones autónomas y alcaldías; de manera seleccionada estarán involucradas empresas y comunidades específicas con el objeto de contribuir al desarrollo de una cultura de prevención ante estos desastres. Participarán 5150 centros educativos que albergan a 1,218,236 estudiantes, acompañados de 44,112 docentes de todos los niveles.

La prevención es tarea de todos y siendo el segundo simulacro de terremoto es posible avanzar en mayor conocimiento y cultura sobre estos fenómenos, así como sensibilizar elevando el nivel de conciencia colectiva para responder con mayor eficiencia. Para lograr este objetivo es preciso consolidar la organización de cada nivel, desde los comités de seguridad y salud ocupacional en todos los centros de trabajo, los comités de protección en cada centro educativo, los comités comunitarios, las comisiones municipales y departamentales de protección civil, hasta la Dirección General de Protección Civil.

Cada instancia tiene la responsabilidad de planificar sus actividades en razón de la evaluación del riesgo y mapa de vulnerabilidad de su entorno, estableciendo la comunicación y señalización que permita transmitir los niveles de alerta, alarma y acciones, según sea el caso. Esto exige un proceso permanente de valoración de las condiciones de riesgo, planificación continua, y sobre todo capacitación a todo nivel, combinando con simulacros debidamente coordinados. Es mejor prepararnos.




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